LOS POPULARES VASCOS ALEJAN LA DIMITISIÓN

Génova impone a Alfonso Alonso la lista con Ciudadanos y dinamita al PP vasco

Los populares vascos intentan recomponerse del mazazo. El problema no son ya las encuestas, sino dar la cara con sus cuadros y la militancia tras la imposición de Madrid

Foto: El presidente nacional del PP, Pablo Casado, y el del País Vasco, Alfonso Alonso (d). (EFE)
El presidente nacional del PP, Pablo Casado, y el del País Vasco, Alfonso Alonso (d). (EFE)

Cuando en la noche del miércoles PP y Ciudadanos anunciaron un "principio de acuerdo" para acudir juntos a las elecciones vascas del 5 de abril, parecía impensable un desenlace tan accidentado. Dos días de tensión absoluta en el seno de los populares, un desencuentro que puede ser irreconciliable —"la ruptura con Génova es total" resumen en el entorno de Alfonso Alonso— y un tuit fulminante (el del PP vasco) que no causó el efecto esperado. En Euskadi intentan recomponerse del mazazo y cuentan con una campaña electoral muy difícil. El problema no son solo las encuestas, sino dar la cara tras una negociación que desaprobaron.

El comunicado oficial con las siglas de PP+Cs —así se llamará la candidatura conjunta— confirmaba lo que Ciudadanos había anunciado un día antes: que los naranjas contarán con dos puestos de salida, aunque no vienen identificados cuales. Un aspecto fundamental teniendo en cuenta que en las pasadas elecciones el PP obtuvo cinco escaños por Álava, dos por Vizcaya y dos por Guipúzcoa. Los sondeos ahora no garantizan, ni mucho menos, esos resultados.

El grupo parlamentario vasco, que se vio con Alonso este viernes, sigue sin asumir la situación. Nadie en el PP de Euskadi contaba con que Ciudadanos pudiera optar a puestos de salida, teniendo en cuenta que no tienen representación en el Parlamento ni en un solo Ayuntamiento. Los de Alonso insisten en que siempre han defendido la coalición —ya hubo ofrecimientos previos que los naranjas rechazaron— pero entienden que el acuerdo debe ser "realista y proporcional" con la fuerza que cada partido tiene en el País Vasco.

La situación en la que queda ahora el partido a nivel autonómico es crítica. Primero, porque entienden que las negociaciones han dejado una malísima imagen para el partido, ya que Madrid ha terminado por imponer el contenido del acuerdo. Ahora ven complicado recomponer las relaciones entre dirigentes públicamente, y tampoco será fácil explicar a los afiliados y a sus cuadros que Ciudadanos puede tener asegurados dos escaños a pesar de no tener ninguna relevancia política en la comunidad.

El entorno de Alonso no esconde su indignación ante la situación actual —"esto nos puede hacer mucho daño de cara a las elecciones", aseguran— pero alejan la posible dimisión del candidato popular (que fue designado por el comité nacional del PP). Aseguran que será la dirección nacional la que deberá mojarse y decir si no le quieren como candidato de la coalición, después de que el comunicado consensuado entre PP y Ciudadanos estableciera que el cabeza de lista será designado por los populares, pero no hiciera mención expresa a Alonso. El próximo lunes se reunirá la junta directiva regional para analizar en detalle la coalición, advirtiendo que "defenderán su proyecto, su trayectoria y su historia".

Pablo Casado, Teodoro García Egea, Inés Arrimadas y José María Espejo. (Pedro Ruiz)
Pablo Casado, Teodoro García Egea, Inés Arrimadas y José María Espejo. (Pedro Ruiz)

Las conversaciones entre populares y naranjas estuvieron dirigidas en todo momento desde Madrid. En parte, porque las dos direcciones nacionales estaban de acuerdo y por la ausencia de cuadros significativos en Ciudadanos a nivel autonómico. El PP vasco reconoció que la negociación la llevaba Génova, con quien decían mantener hilo directo, a la espera de los detalles. Pero los términos del acuerdo llegaron a través de los medios de comunicación cuando el principal negociador naranja, José María Espejo, confirmó que en el pacto se incluían dos puestos de salida para su partido: los números dos por Álava y Vizcaya.

La formación que dirige Alonso entró en cólera: esa propuesta era absolutamente "inasumible". La dirección nacional intentó calmar las aguas asegurando que se trataba de una negociación y que todavía no había nada firmado. Pero Ciudadanos se reafirmó en que esa era la oferta que estaba encima de la mesa y "lo acordado" con el PP. Es decir, con el secretario general y mano derecha de Pablo Casado, Teodoro García Egea. Los naranjas no contaron en ningún momento con cambiar "una parte nuclear" del acuerdo y se mantenían en que era "un problema interno" que el PP debía resolver.

Y lo resolvió imponiendo el acuerdo. El cruce de declaraciones este viernes fue continuo. Génova aseguró haber citado a Alonso a las once de la mañana en la sede nacional para comentar el acuerdo y que el candidato pudiera opinar de los términos pactados. Insistía en que la firma no era necesaria, ya que sería una rúbrica a nivel nacional. Los populares vascos aseguraron que a Alonso le era imposible acudir a esa convocatoria, y dejaban claro que no podían apoyar el contenido de un acuerdo que desconocían por completo. Insisten en que no vieron ningún documento ni les hicieron partícipes de nada.

Génova confirmaba poco después que en la tarde del viernes —casi en el límite establecido por la ley electoral vasca para registrar las coaliciones— el acuerdo se firmaría, independientemente de si contaba o no con luz verde del PP vasco. La decisión estaba tomada y el acuerdo, insisten desde la dirección nacional, permite a los populares avanzar en alianzas estratégicas con Ciudadanos para perseguir su verdadero objetivo: la reunificación del centroderecha.

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