NUEVO SAINETE DE LA AEROLÍNEA IRLANDESA

Motín en Ryanair: piloto a la fuga, medio bocata y 24 horas atrapados en Varsovia

Cientos de pasajeros españoles vivieron una jornada infernal en Varsovia, sin comida ni apenas tiempo para dormir

Foto: Un avión de la aerolínea irlandesa Ryanair. (Reuters)
Un avión de la aerolínea irlandesa Ryanair. (Reuters)
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Ayer a mediodía aterrizó en Barajas un avión procedente de Varsovia. A diferencia del resto de pasajeros, que tras coger las maletas se reúnen con sus familiares o con el taxista, los 200 procedentes de Polonia, en su mayoría españoles exhaustos y hambrientos, corrieron en masa a protestar al mostrador de Ryanair. "¡Sinvergüenzas! ¡Nos habéis tratado como a animales!", le gritaron al personal de tierra de la aerolínea irlandesa.

Esta es la odisea del vuelo FR 1063, destino Madrid, narrada por una de sus pasajeros, la médica Laura Márquez. "Ha sido una experiencia terrible, incluso el piloto llegó a proponernos volar con el cuadro de mando de cabina estropeado", explica.

Laura y dos amigas, todas ellas facultativas y menores de 30 años, estuvieron de vacaciones en Polonia durante la pasada semana. El domingo acudieron al aeropuerto de Modlin a las 9:30 con el objeto de tomar su vuelo de regreso a Madrid, el FR 1063 operado por Ryanair, que en teoría despegaba a las 12 de la mañana. Facturaron el equipaje, pasaron el control de seguridad y se pusieron en la cola de embarque. "Empezó a entrar la gente al avión. Al ser un aeropuerto tan pequeño, solo para Ryanair, no había 'finger' ni autobús, los pasajeros iban caminando hasta el avión, los veíamos desde la terminal", dice Márquez.

Nos dieron un tique de cuatro euros, que daba para medio bocadillo

De repente, Ryanair frenó el embarque. Algunos pasajeros, como Laura y sus amigas, quedaron en la terminal, pero otros se vieron obligados a esperar en mitad de la pista, desguarecidos en la fría mañana polaca: "Había niños y ancianos. Ahí los tuvieron unos minutos, no sé cuántos, a dos grados bajo cero, en plena pista del aeropuerto", dice. Sobre las 13:00, la aerolínea informa a los pasajeros de que el avión tiene un problema técnico y que o bien fletarían un nuevo avión o intentarían arreglar la avería, lo que fuese más rápido. Comienza el sainete.

"Al poco, nos dijeron que el vuelo se retrasaría seis horas, pero que nos darían un tique para comer en el aeropuerto", sigue Márquez, "esto sirvió para calmar un poco los ánimos". Pero el tique era por un valor máximo de cuatro euros y solo canjeable en una de las tres cafeterías del pequeño aeropuerto. "Al llegar allí nos dijeron que nos daba para medio bocadillo y un refresco sin enfriar. Y ahí nos vimos, haciendo una cola larguísima mientras un dependiente cortaba por la mitad los bocadillos delante de nuestras narices", explica Laura.

El tique que Ryanair dio a sus pasajeros para comer. (L. M.)
El tique que Ryanair dio a sus pasajeros para comer. (L. M.)

Al menos Laura pudo echarse algo a la boca, porque otros pasajeros, como el acompañante del cineasta Pedro del Río, también en el vuelo, no pudieron comer en ocho horas, ya que Ryanair no tenía alternativas para pacientes con necesidades especiales, como los intolerantes al gluten.

Después del amago de bocata y con varias horas por delante hasta las 18:00, miembros del pasaje del 1063 se acercaron al mostrador de Ryanair para solicitar un papel que acreditase el retraso del vuelo. Este documento es crucial no solo para justificar una hipotética ausencia al trabajo sino para, como en este caso, reclamar una indemnización de 400 euros, como se estipula en los derechos del pasajero aéreo. "El encargado, con muy malas formas, nos dijo que no nos iba a dar ese documento, que si probásemos con la página web, pero que él estaba seguro de que allí tampoco lo íbamos a conseguir", lamenta Laura.

Motín de pasajeros frente al mostrador de Ryanair. (L. M.)
Motín de pasajeros frente al mostrador de Ryanair. (L. M.)

Con los ánimos ya calientes, la megafonía de Modlin echó más gasolina al fuego: segundo retraso, este de dos horas, hasta las 20:00. "Para que estuviésemos tranquilos, nos dieron una bolsa con una botella de agua, una manzana y una especie de bollo con una salchicha dentro. Creemos que era un producto para calentar en el microondas, pero como no teníamos, nos lo tuvimos que comer frío, una asquerosidad", dice Laura.

La cena que dieron a los pasajeros. (L. M.)
La cena que dieron a los pasajeros. (L. M.)

A las 19:00, los pasajeros comienzan a ponerse de nuevo en la cola de embarque, pero dan las 20:30 y ni siquiera se han abierto las puertas. Hay un conato de rebelión. Los pasajeros empiezan a increpar al personal de tierra; les preguntan insistentemente por la situación, pero no hay respuestas. Sobre las 21:00 aparece el mánager y se lía la marimorena: "El mánager llegó con una actitud muy chulesca. Le preguntábamos en inglés y nos respondía en polaco, nos tenían que traducir sus frases los pasajeros polacos. No respondió a ninguna pregunta, se limitó a decirnos que estaban reparando el avión y que teníamos que esperar, que si salíamos de la terminal, perdíamos el vuelo y el derecho a reclamar nada", afirma Laura Márquez. "Uno de los pasajeros incluso se encaró con él y hubo empujones, si no los separamos, se lían a puñetazos".

"Yo en estas condiciones no despego"

Sobre las 21:30, y sin previo aviso, se abrieron las puertas del vuelo FR 1063. Embarcaron todos. Cuando estaban sentados y con el cinturón de seguridad abrochado, apareció el comandante de vuelo: "Se estaba partiendo de risa y nos hablaba como si estuviera en el Club de la Comedia, en plan monologuista. Nos pidió que diésemos palmas para celebrar que el vuelo iba a despegar después de tanto tiempo, pero acto seguido nos avisó de que había un pequeño problema con el cuadro de mando de cabina y que tardarían unos minutos en arreglarlo", sigue la médica.

A la media hora, otra bomba: "El piloto dijo por megafonía que en este avión él se negaba a volar. No dijo nada más, te puedes imaginar nuestra cara". dice Laura.

La confusión se apoderó de los pasajeros. Laura llamó a la embajada, como muchos otros españoles atrapados en Varsovia, pero les dijeron que no podían hacer nada al tratarse de una aerolínea privada, pero que pedirían explicaciones a primera hora. Mientras, el piloto, en conversación con los pasajeros, les ofrece la posibilidad de volar, pese a que, si fuera por él, no volaría con el panel de mandos estropeado. "Unos querían que saliésemos y otros no, así que finalmente optamos por quedarnos. ¡Pero debería haber sido la aerolínea la que decidiese! ¿Y si decidimos volar y tenemos un accidente?", dice Márquez.

Llegamos a la habitación a las tres y nos pasó a buscar el autobús a las cinco... para nada

Para colmo, el maltrecho pasaje se encontró con que sus maletas estaban en una sala del aeropuerto, desprotegidas, y tuvieron que cargar con ellas hasta el autobús que les llevaría al hotel. "Estuvimos esperando más de media hora en la calle, a medianoche y a dos o tres grados bajo cero, y vino un solo autobús para llevar a 200 personas. Un desastre. Tuvimos que esperar un montón de tiempo a que viniesen los otros dos, estábamos congelados de frío", dice Laura.

A la llegada al hotel, más sainete: "Era muy tarde y había un solo recepcionista para hacer el 'check in' a 200 personas, así que te puedes imaginar. La tripulación llegó al hotel y subió directamente a la habitación mientras todos nos apelotonábamos en el 'hall'. Los demás fuimos poco a poco subiendo; los últimos llegaron a su habitación a las tres de la mañana", sigue, para dar paso a la traca final: "Y de madrugada nos dijeron que pasaría el autobús a buscarnos a las cinco, porque nuestro nuevo vuelo salía a las 8:45 del día siguiente. Algunos durmieron menos de dos horas después de pasar 10 horas tirados en el suelo del aeropuerto".

Un madrugón que fue para nada, porque aún quedaba un tercer retraso: "De madrugada, Ryanair nos mandó otro mensaje diciendo que el vuelo se posponía a las 11:40, pero nadie en la aerolínea se preocupó de retrasar los autobuses y que pudiésemos dormir un poco más, que bien que lo necesitábamos. Y otras cinco horas de espera en el aeropuerto, sin desayunar ni cenar el día anterior", dice Márquez.

Márquez, junto a sus amigas, cuando por fin consiguieron embarcar en el vuelo definitivo (L.M.)
Márquez, junto a sus amigas, cuando por fin consiguieron embarcar en el vuelo definitivo (L.M.)

Finalmente, más de 24 horas después de lo previsto, el vuelo FR 1063 aterrizó en Madrid ayer a las 15:30.

Laura y el resto de pasajeros se han organizado para interponer una demanda contra Ryanair. "Mira que he viajado y he tenido problemas en aeropuertos, pero nunca había sentido una sensación de desamparo tan grande, con niños pequeños y ancianos, es como si no les importásemos nada. Nos han tratado peor que a animales. Vamos a ir hasta el final contra Ryanair para, al menos, intentar evitar que esto vuelva a suceder", sentencia.

Este periódico ha contactado con la aerolínea para recabar su opinión: "El vuelo de Ryanair del pasado 1 de diciembre entre Varsovia y Madrid se retrasó lamentablemente debido a un pequeño problema técnico con el avión. Los clientes recibieron vales de bebida y comida, pero el vuelo volvió a sufrir un nuevo retraso debido a que la tripulación había excedido sus horas de vuelo permitidas. Los pasajeros afectados fueron contactados vía correo electrónico y mensaje de texto SMS para informarles de las opciones de reembolso o reubicación en otra ruta, así como el alojamiento en un hotel, que fue autorizado. Finalmente, este vuelo despegó desde Varsovia hasta Madrid al día siguiente, 2 de diciembre. Pedimos disculpas a los clientes por el retraso y las molestias causadas”.

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