ENTRE SÚCUBOS, PEZONERAS Y FALANGISTAS

De fiesta con los satanistas españoles: "Satán es placer, rebeldía y conocimiento"

Satanistas España se presentaron este jueves en un acto no exento de polémica. Su presidente nos explica por qué no son exactamente lo que sus detractores creen

Foto: Reivindicando a Lilith. (Foto: Jorge Álvaro Manzano)
Reivindicando a Lilith. (Foto: Jorge Álvaro Manzano)

¿Cómo logras convocar a una docena de católicos de edades comprendidas entre los 20 y los 80 años para rezar un rosario en una calle de Malasaña un jueves noche? Es sencillo: montando una organización llamada Satanistas de España y organizando una Experiencia Siniestra en un bar de San Vicente Ferrer. Un milagro de los que ya no quedan.

Pero las miradas de los satanistas convocados para el 'show' no son ni desafiantes ni furiosas cuando llegan sus exorcistas, aunque una extraña tensión flote en el ambiente. Más bien, parecen desconcertados ante los gritos de “¡Viva Cristo Rey!” o “¡Fuera Satán de la Complutense!” con que irrumpen, entre rezos y crucifijos, como si nunca hubiesen imaginado que el 'show', que tiene más de 'performance' que de misa negra, fuese a llamar la atención fuera de sus círculos.

“¡Ave Satán!”, grita Miguel, y el público responde al unísono. “¡Ave Lilith!”, vuelve a exclamar, y vuelve a ser correspondido

–Oye, que nosotros vamos a empezar ya –dice Miguel Pastor, presidente de Satanistas España, desde la puerta del Lucy in the Sky, intentando despertar a sus compañeros, embelesados por la contraprogramación que ha surgido en mitad de la acera.

–¿Les invitamos?

–Pues si quieren, que entren.

Dentro, el asunto siniestro tiene más que ver con el burlesque que con la imagen que de los ritos satánicos nos ha dado el cine. Se trata de una pequeña celebración organizada después del evento principal del día, un seminario sobre Satanismo y Sendero de la Mano Izquierda organizado por la Asociación de Jóvenes Investigadores en Ciencias de las Religiones (AJIRC) en la Facultad de Filología de la Complutense. Muchos de los satanistas reunidos son universitarios. Doctorandos, doctores, investigadores.

Mesas redondas y conferencias donde también han irrumpido un grupo de alrededor de cinco miembros del Sindicato Español Universitario (SEU), asociado a La Falange, que han arrojado unos pasquines algo antediluvianos al grito de “¡Viva Cristo Rey!” (de nuevo) o “¡Fuera masones de la universidad!” antes de dar media vuelta y marcharse. Un tuit los acusaba de montar jornadas satanistas “donde se promueven violaciones y conductas pedófilas con complicidad del rectorado”. “Creo que con que hubiesen dedicado 20 minutos de su vida a investigar sobre el tema les habría sobrado para dares cuenta de que el satanismo no es como lo pinta el esterotipo, y desde luego es muy crítico con cualquier forma de contacto sexual no consentido”, lamenta Pastor.

Cuando empieza el espectáculo es sencillo comprobar que la Experiencia Siniestra tiene muy poco de tenebroso, nada de violencia sexual o gráfica. Por no tener, no tiene ni bafometos ni vírgenes.

–¡Ave Satán! –grita Miguel, y el público responde.

–¡Ave Satán!

–¡Ave Lilith! –vuelve a insistir, en referencia a la primera esposa de Adán.

–¡Ave Lilith!

Los satanistas lo tienen claro cuando la maestra de ceremonias, Isabel, comienza a jalearlos con sus grandes tabúes. “¡Machismo!” Abucheos. “¡Xenofobia!” Abucheos. “¡Homofobia!” Abucheos. “¡Aporofobia!” Abucheos. “¡Transfobia!” Abucheos. El acto se plantea alrededor de varios ejes, algunos más explícitos que otros. Por un lado, el rechazo a la intolerancia, sea religiosa o de otra índole. Por otro, pasarlo bien revirtiendo el cliché satanista desde una visión progresista y hedonista. El público aullaba, sí, pero no por terror ni dolor, sino como parte de una experiencia compartida de disfrute carnal y vacilón. Como el propio Miguel anunció desde el escenario:

–Que empiece la ceremonia… y el troleo.

Satanistas de cañas

Una semana antes de la noche de autos, Miguel y Minerva, una de las burlesqueras que participaron en la 'performance', se citan en un bar de la plaza del Dos de Mayo para contar de qué va eso de Satanistas España. Puede que para muchos resulte decepcionante que sea entre mostos y zumos de naranja y no vino tinto haciendo las veces de sangre de virgen, pero están aquí para derribar mitos. “Esto nació con el objetivo de intentar deshacernos de todos los estereotipos que han envuelto este movimiento e intentar formar comunidad de forma un poco ecuménica, porque hay distintas formas de vivirlo”, explica Pastor.

Uno de sus primeros objetivos es formar parte del registro de entidades religiosas español

“También, para poder defender nuestros intereses cuando tengamos que hablar con la administración”, añade. Inspirados por el Satanic Temple, la organización fundada en EEUU y liderada por Lucien Greaves que consiguió colocar un bafometo en del Capitolio de Arkansas y escandalizar a los tan políticamente activos evangelistas estadounidenses, Satanistas España nació hace un par de años con su propia identidad, aunque hasta cierto punto comparta con aquella un cierto carácter de provocación en plenas guerras culturales donde la 'alt-right' parece haberse apropiado de los discursos provocativos y contraculturales.

La gran pregunta es, por lo tanto, qué clase de intereses. “Ante todo, buscar igualdad religiosa”, responde Miguel, que prepara su tesis en satanismo tras toda una vida –corta: 25 años– interesado por la historia de las religiones. “He estudiado en profundidad el derecho eclesiástico y, desde mi punto de vista, el sistema es piramidal. La Iglesia Católica, por los acuerdos con la Santa Sede de la época del franquismo, tiene ventajas fiscales o educativas de las que carecen otras religiones”. No pretenden entrar en las escuelas, como sí hizo el Satanic Temple, pero añaden que “si quisiéramos, no estaríamos en igualdad de oportunidades”.

Minerva, mordiendo la manzana. (Foto: Jorge Álvaro Manzano)
Minerva, mordiendo la manzana. (Foto: Jorge Álvaro Manzano)

Los pasos a seguir son, primero, darse a conocer y explicar en qué consiste exactamente ser satánico. Después, una vez consigan cierta difusión, intentar formar parte del registro de entidades religiosas. “A día de hoy ya podríamos reconocer nuestros derechos, si por ejemplo me pegan una paliza por satanista podría introducirse un agravante por delito de odio, pero es más fácil si ya estás inscrito”, explica el presidente. Es lo que ha ocurrido con los wicca, una religión pagana relacionada con la brujería. Minerva no lo es, a pesar de la camiseta con el lema 'witch' (“bruja”) escrito en ella.

De qué hablamos cuando hablamos de Satán

Quizá sea más fácil definir el satanismo por lo que no es que por lo que es, al configurarse como un espacio de libertad individual. “No tienes por qué ser feminista, de izquierdas o derechas, ateo o agnóstico, puedes pensar lo que te dé la gana”, explica Minerva. “Otra cosa es que lo que vayamos a opinar te vaya a gustar más o menos”. Miguel está de acuerdo, aunque recuerda que hay posturas incompatibles con el satanismo, como no aceptar la diversidad sexual: “Mientras se comparta el objetivo de la igualdad religiosa desde la laicidad, funciona en plan o todos o ninguno, no hace falta ser satanista de una rama en concreto”.

Habrá algún satanista que crea en Satán, pero nosotros no. La mayoría somos ateos

Otra decepción para los amantes de los tópicos es que la mayoría de los satanistas no creen en Satán. O, como apostilla otro miembro de la organización, “solo son los católicos más fervientes los que creen en él”. “Algún satanista habrá que crea en Satán”, explica el joven presidente. “Lo que no hay de ninguna forma es una relación vertical, ninguna clase de adoración. Aquí la mayoría somos ateos, salvo algún agnóstico”.

Entonces, ¿qué demonios, valga la redundancia, es Satán para los satanistas? “Para mí es claramente la libertad individual”, explica Minerva. “La rebeldía, el libre albedrío de poder pensar por mí misma, la sabiduría, tener curiosidad, poder aprender”. Miguel propone una visión más reactiva: “Es coger los valores que se han demonizado y verlos de otra forma: no es soberbia, es espíritu crítico; no es el vicio por el vicio, es disfrutar de lo que te ofrece la vida; no es exceso de ambición, es tener sed de conocimiento”.

Fotos: Jorge Álvaro.
Fotos: Jorge Álvaro.

Quien tenga alguna duda, puede echarle un vistazo a la sección de “preguntas comunes” de su página web. ¿Son una secta? No, sus miembros pueden abandonar la organización cuando quieran, y no hay ritos de paso. ¿Algo que ver con los Illuminati? No, estos se separaron a finales del siglo XVIII y nunca tuvieron ningún satanista entre sus filas. ¿Adoran a Satán? No, prefieren que cada cual se autodivinice “de manera responsable”. ¿Y los masones? Ni de coña: “La existencia de la masonería es muy anterior al satanismo y no tiene nada que ver con él”.

Más provechoso resulta quizá darse una vuelta por el apartado de lecturas recomendadas, con fantásticos libros de Clive Barker, William Blake, John Milton, Mary Shelley o Joris Huysmans. La cuota anual, por ahora, son 15 euros, e implica una serie de ventajas como tomar parte en actividades, participar en las asambleas o poder ser elegido para un cargo directivo. Sea satanista en cómodos plazos.

El día a día de un satanista

No todos los satanistas han salido del armario como Miguel o Minerva, que tienen la suerte de que no interfiere con sus trabajos. “A mi familia solo le sorprendería que me tocase el Euromillones”, explica la burlesquera, acostumbrada a codearse con artistas. “A la mía quizá le llamó un poco más la atención, pero es que desde adolescente me han visto leer un montón de libros religiosos por curiosidad”. Y admite que su pareja es católica. Lo cual no solo no ha sido un escollo, sino una ventaja. “Nos escuchamos con mucha curiosidad, ojalá la gente tuviese más interés”. Y sí, hay satanistas en la España vacía, confirman.

No vamos a permitir que nadie utilice nuestro nombre para llevar a cabo actos violentos

¿Qué pasa cuando uno se presenta como satanista? Las reacciones varían desde el miedo, como explica Minerva (“está muy culturalmente metidas las imágenes del diablo, el alma, el infierno”), el interés, como le ocurre a los protagonistas de 'Mindhunter' cuando cuentan que han entrevistado a Charles Manson, o una pequeña turbación. Los que peor se lo toman, los bancos. “A nosotros nos ha denegado varias veces abrir una cuenta para la asociación porque nos dicen que damos mala imagen los mismos que luego presumen de libertad religiosa”, lamenta Miguel. ¿Quiénes? “La Caixa”.

Uno de los capítulos del Satanic Temple estadounidense, el de Detroit, fue apartado del Satanic Temple después de que su presidenta Jex Blackmore animase a matar a Donald Trump. Miguel lo tiene claro: ellos tampoco permitirían ninguna actitud parecida. “No toleraremos que en nuestro nombre se reivindiquen actos como este”, afirma. Y que se atrevan a tocar un pelo a los animales: “La prensa amarillista ha llegado a afirmar que matamos gatos en Halloween. ¡Y los dos somos vegetarianos!” “Yo tengo un gato negro”, apostilla Minerva.

¿Cómo empieza uno a interesarse por estos asuntos? “En mi caso siempre me he considerado ateo y racionalista, y cuando comencé a profundizar en el satanismo no vi nada que chocase con mis idearios”, explica Miguel. “Satán es un arquetipo de pensamiento crítico, de rebeldía, de búsqueda de placer y conocimiento, valores que yo ya tenía”. “Cuando te pones a estudiar y a leer, te llama. ¿Cómo no te va a llamar? ¡Es imposible!”, añade Minerva.

Podemistas y satanistas

Más allá de las bromas –son conscientes de que es fácil frivolizar con el asunto–, una de las razones que se encuentran detrás de la creación de Satanistas España o el Satanic Temple estadounidense es reaccionar ante el pánico satánico, aquella oleada de terror fomentada por la prensa sensacionalista durante los años 70 y 80 que difundió el bulo de que grupos satánicos estaban secuestrando, torturando y sacrificando niños, y que finalmente solo dejó como víctimas a personas inocentes acusadas por sus vecinos.

El pánico satánico llego también a España, donde se llegó a categorizar a Los Inhumanos como uno de los grupos afines al movimiento

“El problema es que se sataniza todo”, responde Minerva, haciendo valer la redundancia. “Crímenes satanistas reales no hay”. A menudo, explican, cualquier acto vandálico que implique la profanación religiosa o el sacrificio de animales es categorizado rápidamente como satanista, pero no tiene por qué serlo. “En realidad, el pánico satánico ha perjudicado más a aquellos a los que acusaron que a verdaderos satanistas”. El pánico satánico llegó a extremos tan ridículos que uno de los libros sobre el tema, 'Las sectas satánicas' de Pilar Salarullana, incluía al grupo Los Inhumanos en su listado de grupos afines.

El resurgir del satanismo durante la segunda mitad del siglo XX no se entendería sin Anton Lavey, fundador de la Iglesia de Satán, una mezcla de provocador, encantador de serpientes y jeta, que sentó las bases materiales del satanismo posterior, aunque no siempre se compartan sus preceptos. “A Lavey le gustaba Ayn Rand, pero a mí es que no me va el anarcocapitalismo”, explica Miguel. “A mí me resulta más interesante en un sentido político The Satanic Temple o Michael Aquino”, en referencia al fundador del Templo de Set, una escisión del Templo de Satán.

Fotos: Jorge Álvaro.
Fotos: Jorge Álvaro.

Al satanismo y creencias adyacentes le pasa un poco como a la izquierda española, que son pocos pero mal evenidos. “Parecemos a veces 'pablistas' y 'errejonianos'”, concede el presidente. “Yo he tenido más problemas con wiccanas que con católicos, y eso que tengo más que ver con ellos”, explica. “Dentro de estos movimientos más esotéricos, incluso dentro del paganismo, puede haber recelos. Un católico puede tener menos prejuicios que los ateos”. En algunos casos, porque les acusan de supersticiosos. “¡Pero qué superstición, chaval, esto es simbólico!”

Sigamos hablando de tópicos. ¿Lo es también esa visión del satanista como un jugador de rol y metalero venido a más? ¿Cuántos pasos hay entre llevar una camiseta de Pentagram y adorar el pentáculo? “Bueno, eso puede ser un poco cierto”, responde Miguel entre risas. “¡Pero también escucho reguetón!”

Satán también tiene horarios

A lo largo de algo más de una hora, Minerva y sus compañeras bailan al ritmo de The Cramps o Rammstein, se desnudan, ofrecen manzanas pecaminosas a los asistentes y bromean con el propio cliché de lo satánico. Ni cruces invertidas, ni cabras, ni sangre de vírgenes (que, como recuerda la presentadora, es cara de encontrar). Nada más escandaloso para un adulto que cualquier 'reality show'. Pero, desde luego, un poco más divertido.

“No sé qué pretendían alzando el crucifijo”, responde Miguel a la mañana siguiente. “Debieron pensar que los asistentes eran vampiros o algo así”

El evento termina un buen rato antes de las once de la noche, porque hasta Satán debe plegarse a los horarios de la restauración malasañera. En la calle, no queda ni rastro del “rosario desagravio”, pero no hace demasiado tiempo que el grupo de antisatánicos se han marchado. Muy probablemente hayan aguantado hasta el final del 'show', ofreciendo una peculiar imagen en en espejo de lo que acontecía dentro.

“No sé qué pretendían alzando el crucifijo”, responde Miguel a la mañana siguiente, que sigue sorprendido por “un grupo rezando por gente en pezoneras”. “Debieron pensar que los asistentes eran vampiros o algo así. La próxima vez, que se pasen un ratito por las jornadas y, si no les gusta, que griten lo que quieran, pero fuera de la universidad”.

Quizá sin pretenderlo, unos y otros, satanistas y antisatanistas, han conseguido en esa tensión sin tragedia el objetivo de la recién formada organización: que cada cual manifieste su libertad religiosa como considere, sin interferir en la del otro, conviviendo en espacios vecinos sin necesidad de anularse mutuamente. Y después, como diría nuestro presidente del gobierno, a casita que hace mucho frío.

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