A LOS SATANISTAS LES GUSTAN LOS MUSICALES

Las ocho películas que recomienda la Iglesia de Satán (y que nunca hubieras esperado)

"La Iglesia de Satán: historia de la religión con peor reputación", donde se recogen las recomendaciones literarias y cinematográficas de su creador, Anton LaVey

Foto: Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, durante uno de sus terapéuticos rituales.
Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, durante uno de sus terapéuticos rituales.

En 1990 se publicó La Iglesia de Satán: historia de la religión con peor reputación, el libro en el que Blanche Barton recogía la cronología y preferencias de la organización que su compañero, el célebre Anton LaVey, fundó durante los años 60. Pocos repararon que en dicho volumen se incluía un profuso listado de las películas y libros que la organización recomendaba, y que actualmente puede consultarse en su página web, junto con la disponibilidad comercial de las mismas, y que pronto se actualizará con películas más recientes.

Como bien sabrá todo aquel que se haya interesado mínimamente por la Iglesia de Satán, su objetivo no era beber sangre de virgen mientras se entonan cantos a Belcebú, sino reivindicar la individualidad y la voluntad humana por encima del conformismo dócil que el cristianismo había propugnado durante milenios. En definitiva, una especie de conciliación contracultural entre Friedrich Nietzsche y Ayn Rand. De ahí que en la lista no sólo no abunden las películas demoniacas, sino que aparezcan largometrajes que, en apariencia, no tienen nada de satánico.

El satanismo se basa en la aceptación de todas las pasiones humanas

El actual Alto Sacerdote de la Iglesia de Satán, Peter H. Gilmore, ha sido entrevistado por i09 a propósito de dicha lista de películas. Como aclara, su credo se basa en la aceptación de todas las pasiones humanas como saludables, en la realización de rituales con propósitos terapéuticos, no de adoración, y en promover la justicia y un estilo de vídeo epicúreo. Valores todos ellos que aparecen recogidos en las películas del listado (en la que también figuran Simón del desierto de Luis Buñuel).

Dinero caído del cielo (Pennies from Heaven, Herbert Ross, 1981)

No se trata de la película protagonizada por Bing Crosby, sino del musical de los años ochenta encabezado por Steve Martin. Gilmore señala que es una obra que “yuxtapone la realidad con la fantasía” y refleja el anhelo por mejorarnos a través de la canción y la música. ¿Black Sabbath? Nada de eso. El Alto Sacerdote recuerda que LaVey admiraba las canciones del Tin Pan Alley como la que da título a la película puesto que las consideraba “soberbias uniones de música y letra que nos pueden enseñar mucho sobre la naturaleza humana”. ¿La escena con la que los satanistas se sienten identificados? La de este voluptuoso baile de Christopher Walken.

Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

En palabras de Gilmore, “una película que explora lo que nos podemos encontrar en nuestro futuro si los seres creados por el hombre pudiesen alcanzar la autoconciencia y, en algunos sentidos, superioridad”. Como explica, LaVey defendía la idea de crear “compañeros humanos artificiales” que permitiesen satisfacer las necesidades emocionales y sexuales de los seres humanos reales sin que estos tuviesen que poner freno a sus deseos más oscuros, como ocurriría en caso de querer satisfacerlos con otros seres humanos.

Inteligencia artificial (A.I., Steven Spielberg, 2000)

La oscura actualización de Pinocho ideada por Stanley Kubrick prolonga lo afirmado sobre Blade Runner, pero también contribuye a poner de manifiesto la xenofobia y la crueldad inherente a nuestra especie. Gigolo Joe, el personaje interpretado por Jude Law, es precisamente la clase de prolongación sexual robótica con la que LaVey fantaseó.

Extraños en un tren (Strangers on a Train, Alfred Hitchcock, 1951)

La novela de Patricia Highsmith partía de un supuesto moral: ¿qué harías si tuvieses la posibilidad de eliminar a alguien que te ha hecho daño sin ser descubierto? Podría parecer que la Iglesia de Satán promociona el interés individual por encima del interés general, pero en realidad, se muestra preocupada por la justicia y su aplicación: “la película examina el camino equivocado de la justicia en el contexto de la fantasía de eliminar a alguien que te ha hecho mal, cuando esto se convierte en una pesadilla al entrar un psicópata en la ecuación; una advertencia de no perseguir el castigo más allá de lo que el crimen exige como penitencia”. En otras palabras, todo castigo ha de ser proporcionado.

El justiciero de la ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974)

Sí, los satanistas son fans de las películas de Charles Bronson, como esta, en la que el protagonista se toma la justicia por su mano después de que su mujer e hija sean asaltadas. “El justiciero de la ciudad demuestra cómo la justicia puede convertirse en una persecución personal cuando la fuerza de la ley fracasa en su misión”, explica Gilmore. Aunque Harry el Sucio no figura en la lista…

El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, John Huston, 1948)

La peripecia de Fred C. Dobbs y sus compinches por las montañas fronterizas es, en opinión de Gilmore, una buena descripción de los anhelos y debilidades humanas. “El tesoro de Sierra Madre es muy realista a la hora de delimitar los tipos humanos, y aunque finalmente pierdan el tan deseado oro (un sueño vano contra el que el satanismo alerta), los personajes terminan consiguiendo lo que se han buscado a través de sus acciones”.

 

Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973)

El largometraje que hizo que millones de personas se preguntasen por lo que se llevan a la boca todos los días, y que Gilmore define como “una probable distopía en la que la rampante sobrepoblación de nuestra especie y la falta de interés por el resto del planeta conduce al canibalismo como la solución pragmática para la supervivencia”. ¿Cuál es la posición de los satanistas ante la eutanasia? “La escena en la que se pone fin voluntariamente a una vida de forma pacífica y humana muestra una compasión por el dolor y la libertad de elección que generalmente no ofrecen la mayor parte de religiones, pero es una alternativa que los satanistas aprueban en el caso de que la vida se convierta en algo completamente insufrible”.

La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, Roman Polanski, 1968)

¡Por fin una película realmente diabólica!, estará diciéndose el lector. Pues no, no figura en la lista por su vertiente ocultista, sino porque, como asegura Gilmore, “muestra que los satanistas pueden abarcar un amplio rango de tipos humanos, de un magnate naviero o un obstetra a la amable pareja de la puerta de al lado”. Es una de las pocas películas que hablan sobre el diablo que figuran en el listado, y como señala el sacerdote, “nos sorprende cuando en una película sobre el diablo aparece algo que acierte sobre el satanismo”. Pobres. 

Alma, Corazón, Vida
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