PRESIDENTE DEL CONSEJO GENERAL Y LA GESTORA

Bofill, el cerebro gris y desconocido que mece la cuna de la gestora de Ciudadanos

Nadie le tiene que explicar cómo funciona el partido. Lleva en el proyecto desde sus inicios, aunque muchas personas con un asiento en la ejecutiva nacional apenas le conocían

Foto: Rivera en el Consejo General que ratificó las listas a las generales del 26-J de 2016. Presidiendo el Consejo, Manuel García Bofill. (EFE)
Rivera en el Consejo General que ratificó las listas a las generales del 26-J de 2016. Presidiendo el Consejo, Manuel García Bofill. (EFE)

Su nombre está por todas partes a pesar de que muchos dirigentes de peso, llamados a mandar en el nuevo Ciudadanos, ni siquiera le conocen. "Le habré visto un par de veces en estos años", reconocen. Manuel García Bofill (Barcelona, 1959) es el hombre que ahora lleva los mandos de la nave naranja. Nadie le tiene que explicar cómo funciona el partido, lo conoce como el que más. Lleva en el proyecto desde sus inicios, igual que otros pesos pesados cercanos a Rivera, y ocupó la secretaría general entre 2007 y 2009. Ahora, como presidente del Consejo General, es la máxima autoridad dentro de Ciudadanos tras la dimisión del líder y la disolución de la ejecutiva nacional. En sus manos está designar a los componentes de una gestora que pilotará la transición del partido hasta que en marzo se confirme una nueva dirección.

Empezó a estudiar Arquitectura, pero terminó licenciándose en Filosofía. Bajo su mandato en la secretaría general se cerró la controvertida alianza entre Ciudadanos y Libertas para las elecciones europeas de 2009. Un pacto del que poco después nadie sacaría pecho. Más bien lo contrario. Fue una de las primeras decisiones que el partido naranja tuvo que afrontar, mucho antes de dar su salto a la política nacional, y cuando ni su futuro ni su destino estaban claros. Bofill dejaría el cargo poco después y, desde 2011, preside el Consejo General, máximo órgano del partido entre congresos.

Revalidó la presidencia del Consejo en 2017 durante la IV asamblea general del partido, la más importante de su historia hasta el momento. El crecimiento del partido se vio entonces reflejado también en este órgano, que fiscaliza la actividad de la ejecutiva nacional, pasando de los 70 miembros que tenía hasta los 125. De tener una composición casi en su totalidad catalana (el partido hasta 2015 no se lanzó a su expansión territorial) se convirtió en un órgano que daba representación a los distintos territorios. Ciudadanos se había hecho mayor. Bofill contó con el apoyo mayoritario de los delegados para ser de nuevo presidente pero, sobre todo, contaba con el respaldo de Rivera y del resto del núcleo duro.

"Manel" —así lo llaman todos en la sede naranja— forma parte del aparato. A pesar de que lleva en el partido desde el principio, es el único 'peso pesado' del equipo de Rivera que nunca ha estado en una lista electoral ni ha ocupado un cargo público. Estuvo en el gabinete del Ayuntamiento de Barcelona en la pasada legislatura, pero no ha formado parte de ninguna candidatura, a diferencia del resto de sus compañeros. Sus relaciones de confianza, insisten en la formación, se ciñen a las que tejió hace más de una década. Igual que el resto de sus compañeros catalanes y de algunos otros, fue de los que acudió al 40 cumpleaños de Rivera el pasado viernes en Madrid. No ha estrechado lazos con los dirigentes que desde esa misma asamblea general de 2017 ocupan un asiento en la ejecutiva nacional. Confía en poca gente y despierta confianza en menos personas todavía.

El secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas. (EFE)
El secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas. (EFE)

En estos días comparte sus impresiones con el secretario general en funciones, José Manuel Villegas —que ya ha comunicado que no formará parte de la próxima dirección—, con el responsable de las finanzas del partido, Carlos Cuadrado, y con el de Acción Institucional, José María Espejo. La tarea más urgente que tiene encima de la mesa es elaborar la lista de los miembros que compondrán la gestora del partido durante los próximos meses. El último sábado de noviembre el Consejo General debe dar luz verde a esa lista cerrada por mayoría de dos tercios.

Una gestora continuista

Todas las miradas están puestas en la que será la dirección técnica naranja hasta mediados de marzo. La única norma es que estará presidida por el propio Bofill y que podrá contar con un máximo de 15 integrantes y un mínimo de 10. "A partir de ahí todo está en manos de Manel", repiten unos y otros en la sede del partido. Sí parece claro que se tratará de una gestora continuista e integrará a varias de las personas que forman hoy parte de la ejecutiva permanente. A pesar de que hay voces que exigen renovación inmediata, son otros muchos los que piensan que la gestora debe estar compuesta por personas que conozcan a la perfección el partido y no tengan que aprender funcionamientos internos para un plazo tan breve de 3 meses.

Algunos nombres se dan ya por supuestos. En la gestora estarán Villegas y Carlos Cuadrado con toda seguridad. El primero, pilotando el día a día del partido hasta el congreso y coordinando distintas áreas. "Villegas es el pegamento del partido. Tiene que estar", insisten en la formación. El segundo, a cargo de las finanzas, quiere dejar los números al día para la dirección entrante. Como publicó este diario, la sede nacional del partido continuará siendo el buque insignia naranja a pesar de los rumores de que la formación se trasladaría a otro lugar. La secretaría de Finanzas respira tranquilidad a pesar de la debacle electoral, ya que el patrimonio neto acumulado de los años anteriores —publicado en la web naranja— evitará los drásticos recortes que se han producido en otras formaciones políticas.

El resto de nombres siguen siendo una incógnita. Tanto las áreas de Organización como de Acción Institucional, hasta ahora en manos de Fran Hervías y José María Espejo, deberán estar representadas en la gestora, teniendo en cuenta que tramitan asuntos del día a día fundamentales para el funcionamiento diario. Además, Bofill tendrá que designar una portavocía que haga el papel de cara visible hasta que la nueva dirección tome las riendas. A pesar de que muchos dirigentes apostaban por que ese rol lo desempeñara el propio Villegas, todo apunta a que habrá otra persona como portavoz.

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