De 30 años y con un trastorno mental

Un año sin Alberto, el murciano que desapareció en mitad del campo

El joven murciano desapareció en la pedanía murciana de Casas Nuevas el 4 de agosto de 2018 tras salir a dar un paseo por la Sierra Espuña

Foto: Alberto Hernández, el joven de 30 años desaparecido hace un año en la pedanía murciana de Casas Nuevas.
Alberto Hernández, el joven de 30 años desaparecido hace un año en la pedanía murciana de Casas Nuevas.

Hace un año que se perdió el rastro de Alberto Hernández. El 4 de agosto de 2018, el joven de 30 años salió a pasear por la pedanía murciana de Casas Nuevas y desapareció. "Nosotros veraneamos desde siempre en una casa de campo aquí. El año pasado Alberto estaba solo con mis padres, salió a dar un paseo con el móvil y no regresó", explica Jero, su hermano mayor. Desde entonces, la familia no ha dejado de peinar la Sierra Espuña en busca de alguna pista sobre su paradero, pero conforme pasan los meses, el número de voluntarios que acuden a las batidas es cada vez menor: "De 60 pasamos a 30, luego a 20 y luego a cinco... Así es difícil de encontrar".

Los días previos al 4 de agosto, Alberto se mostraba nervioso. "Estaba raro", comenta su hermano. El joven sufre un trastorno esquizoide y necesita tratamiento psiquiátrico, pero antes de su desaparición se negaba a tomar la medicación. Sin trabajo estable y apegado a su familia, acostumbraba a dar largos paseos alrededor de la finca. "Ese día salió de casa pasadas las ocho de la tarde y el móvil se apagó a la una y media de la mañana, que es la última señal que emite el teléfono. No sabemos si el móvil se le cayó, si le dio un brote psicótico o si decidió andar y andar hasta perderse", comenta su hermano. Jero, sin embargo, sí considera poco probable que decidiera comenzar una nueva vida al margen de su familia, pues Alberto dejó atrás "los 4.000 euros que tenía ahorrados en efectivo".

Alberto Hernández, el joven de 30 años desaparecido hace un año en la pedanía de Casas Nuevas.
Alberto Hernández, el joven de 30 años desaparecido hace un año en la pedanía de Casas Nuevas.

Tras un año de búsqueda, el hermano repite sus rasgos físicos de forma automática: mide 1,75, su pelo es de color castaño, tiene entradas, en el cuello presenta un bulto, apenas le crece la barba, no suele mirar a los ojos al hablar, anda cabizbajo y vocaliza poco. En cuanto al día que desapareció, Jero explica que iba con camiseta de manga corta y pantalón de deporte. Pero como él mismo reconoce, quizás esta información ha quedado desfasada: "Ahora ya no sé cómo estará...".

A la vista de la atención mediática que suscitan otras desapariciones, Jero denuncia que la de su hermano ha pasado inadvertida. "Se le busca una semana con helicópteros y con todo el mundo, pero después ya se complica todo", critica. Una falta de interés que, según defiende, también se refleja en que nunca hayan contado con la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias. "Nosotros escribimos una carta al Ministerio de Defensa y desde ahí hablaron con la UME, que nos llamó por teléfono diciéndonos que estaba dispuesta a ayudar si la Guardia Civil lo pedía. Entonces lo pedimos formalmente, pero nos dijeron que no porque la UME se estaba encargando de muchas incidencias", explica.

La búsqueda de Alberto en Sierra Espuña ha quedado así en manos de su familia y los voluntarios. Han recorrido bosques, campos, senderos... Pero todavía quedan lugares por mirar. Las batidas se han suspendido por el momento debido a las altas temperaturas, pero pretenden retomarlas el próximo otoño. Jero, sin embargo, deja claro que esta iniciativa no es suficiente: "No puedes dejarlo todo en manos de los civiles". Aunque confía en que alguien dé con alguna pista por "casualidad", al mismo tiempo reclama que las autoridades les faciliten más medios. "Hay mucho apoyo por Facebook y viene bien para que circule su foto, pero a la hora de la verdad, los voluntarios no vienen. Organizamos una macrobatida en febrero a la que se apuntaron 150 personas y al final solo vinieron 40. Y eso con todos los albergues pagados... Fue un desastre", comenta con pesar. Un año después de la desaparición, la familia de Alberto sigue enfrentándose cada día al mismo escenario: "A lo mejor lo tenemos enfrente de nuestras narices y...".

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