Memoria histórica

Psicosis colectiva: los bebés robados del franquismo... que nadie puede encontrar

Datos de ADN socavan la única sentencia por bebé robado de España. La falta de pruebas sobre la existencia de una gran trama organizada deshincha una causa mediática

Foto: Manifestación de víctimas de la supuesta trama de bebés robados. (EFE)
Manifestación de víctimas de la supuesta trama de bebés robados. (EFE)
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Una maternidad cualquiera durante el franquismo. Una mujer va a dar a luz, pero el parto se complica y el bebé muere. O eso es lo que le dicen los médicos: porque el bebé está vivo en realidad. La mujer abandona el hospital en 'shock', y al mismo tiempo, los médicos entregan al bebé en adopción a otra familia. No pasó una vez, ni dos, ni tres, sino entre 30.000 y 300.000 veces, según las asociaciones denunciantes. ¿Es así?

Inés Madrigal nació en junio de 1969 en la clínica San Ramón de Madrid, pero nunca conoció a su madre real. No supo que era adoptada hasta 1987. Un día comenzó a sospechar que podía haber sido sustraída al nacer. Las apariencias -graves irregularidades en su adopción- apuntaban en esa dirección: fue inscrita como hija biológica de una madre (estéril) que no era la suya. Pleiteó en los tribunales contra el ginecólogo Eduardo Vela. El año pasado, la Audiencia Provincial de Madrid absolvió al médico por prescripción, pero reconoció que había habido detención ilegal, suposición de parto y falsedad documental. Era el primer caso de bebé robado certificado por la justicia española. Pero lo que podía ser el inicio de una sucesión de juicios, se frenó en seco hace unos días: Madrigal encontró al fin a su familia biológica gracias a un banco de ADN estadounidense, pero tras interrogar a sus hermanos, la fiscalía concluyó que “fue entregada en adopción voluntariamente” por su madre biológica.

Hablamos con Madrigal sobre el giro que ha dado su caso:

Yo no me vendí como bebé robado, pero la cosa tomó tales dimensiones que me cansé de desmentirlo

1) “Yo no me vendí como bebé robado, porque hasta que no supiera en qué condiciones me habían separado de mi madre biológica, no podía saber seguro si lo era o no. Pero la cosa tomó tales dimensiones -con tantísimos medios de comunicación (de todo el mundo) siguiendo el caso y llamándome bebé robado- que me cansé de desmentirlo”.

2) “Tal vez la vía judicial no sea la más adecuada para estos casos -debido a las prescripciones- y sea mejor centrarse en el ADN, aunque haya que irse a los bancos de ADN estadounidenses, que permiten encontrar a familiares de hasta cuarto o quinto grado. Cuando empecé esta lucha, mi objetivo era encontrar a mi familia y saber quién era. Lo he logrado”.

3) “Hay casos de bebés robados demostrados documentalmente. Y hay cientos de miles de adoptados irregulares en España. Puede que mi madre aprobara mi adopción, pero cuando nací cercenaron mi derecho a conocer mi origen al falsificar toda la documentación. Robada o no formo parte del tráfico de bebés que hubo en este país durante más de cincuenta años. Mi madre no era libre como puede ser hoy cualquier mujer: la sociedad machista de entonces presionaba para que no tuvieras hijos siendo soltera, o serías una madre estigmatizada y señalada con el dedo de por vida”.

Exhumación de una fosa investigada en relación con los casos de bebés robados. (EFE)
Exhumación de una fosa investigada en relación con los casos de bebés robados. (EFE)

Denuncias y patinazos

El juez Baltasar Garzón incluyó la trama de bebés robados en su causa contra el franquismo por crímenes contra la humanidad. 250 familias pusieron una denuncia colectiva en 2012. Durante esta década, la Fiscalía ha iniciado más de 2.000 diligencias de investigación. Con todo y con eso: ha habido muchos más reveses que resultados.

Tal vez la vía judicial no sea la más adecuada para estos casos y sea mejor centrarse en el ADN

La acumulación de denuncias sobre desapariciones en los hospitales vascos entre 1950 y 1993 llevó a una investigación autonómica al más alto nivel: comisiones de investigación parlamentaria, un grupo especial de la Ertzaintza dedicado al asunto y varias consejerías implicadas. ¿El resultado? Nada. “En ninguno de los procedimientos incoados en Euskadi se ha podido acreditar la existencia de delito, es decir la sustracción del recién nacido, ni siquiera con indicios razonables… Está claro que se debieron producir situaciones de ilegalidad" en adopciones al amparo de una regulación "insuficiente y carente de garantías", aseguró en 2012 el fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro.

En dicha comisión de investigación también habló el antropólogo forense Francisco Etxeberría. “Sostengo que hay irregularidades en las adopciones, porque hubo compra y venta de niños, me lo creo perfectamente. Hubo mujeres que vendieron a niños, hubo mujeres que no pudieron atender a los niños y fueron engañadas en el momento, y hubo gente que también compró niños. Pero robos de niños durante el franquismo no se han podido probar”, afirmó el forense en el Parlamento Vasco. Irregularidades sí; trapicheos graves, también; trama organizada de robos, en ningún caso.

En un caso tendente a la polarización política, la opinión de Etxeberría es relevante, dada su implicación en la exhumación de fosas de desaparecidos de la Guerra Civil y la posguerra. Etxeberría -con quien no ha podido contactar este periódico- ha llegado a hablar de “psicosis colectiva” para explicar la oleada de denuncias sobre bebés robados.

La entrevista

Pero el golpe más duro a la causa de los bebés robados lo dio el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) en 2017, en un informe técnico -adelantado por ‘El País’- que descartó la existencia de una trama tras realizar 120 exhumaciones a instancias de la Jjusticia. Si los bebés fueron robados, las tumbas estarían vacías, pero no lo estaban.

El equipo dirigido por el biólogo Antonio Alonso, dependiente del Ministerio de Justicia, también ha estado implicado ahora en la obtención de pruebas para aclarar el origen de Inés Madrigal. Hablamos con Antonio Alonso sobre los agujeros del caso de los bebés robados.

PREGUNTA. ¿En qué se basaron para elaborar su informe?

Lo que hemos demostrado es que, en la mayoría de los casos, el niño sí había muerto. No hubo ningún robo de bebé

RESPUESTA. Nosotros atendemos solicitudes de fiscalías y juzgados de instrucción. Muchas veces no se pueden obtener resultados de la exhumación; por ejemplo, en Madrid, los enterrados en La Almudena son trasladados a osarios a los 10 años [si las familias no renuevan la concesión del nicho]. Por tanto, no se pueden investigar todos los casos, pero hemos podido realizar 120 exhumaciones. En 117 encontramos restos compatibles con recién nacidos. No pudimos obtener ADN de todos por falta de conservación, pero hayamos el perfil genético de 90, y en 81 casos comprobamos que los restos casaban con los familiares que habían denunciado.

Respecto a las tres exhumaciones sin cuerpo: en dos de ellas aparecieron un paño quirúrgico, una pinzas con cordón umbilical y pelos fetales; todo indicaba, por tanto, que allí había habido el cadáver de un recién nacido.

P. ¿La falta de cuerpo no significó que pudieran estar ante un robo?

Lo primero que nos llamó la atención es que los relatos de las denuncias eran muy parecidos entre sí... Nos empezó a chirriar todo

R. Hace tiempo hubo controversia científica con eso: algunos médicos forenses decían que no era posible la descomposición de un cuerpo, pero hoy sabemos que sí. Por las características y las dimensiones de los huesos de un recién nacido, por su poca calcificación, por la estructura del colágeno, por el efecto de insectos u otros animales, y por estar sometido a las condiciones del medio (ácido y bajo tierra, donde llueve, se seca y vuelve a mojarse varias veces), un cuerpo puede descomponerse completamente. Que no haya cuerpo no significa necesariamente que el bebé haya sido robado. Lo que hemos demostrado es que, en la mayoría de estos casos, el niño sí había muerto. No hubo ningún robo.

P. ¿Les sorprendió no encontrar rastro alguno de bebés robados?

R. Lo primero que nos llamó la atención es que todos los relatos de las denuncias eran muy parecidos entre sí: mi hijo nació bien, a las pocas horas me dijeron que murió y el hospital se hizo cargo de todo.

P. ¿Qué tenía de extraño que los relatos de las denuncias se parecieran entre sí?

Las denuncias llegaron en cadena tras un primer caso mediático que les alertó a todos, como si estuviéramos ante un efecto llamada

R. Era raro porque eran hechos ocurridos hace tres o cuatro décadas, con lo que eso supone a la hora de recordar qué pasó, con la desfiguración de la memoria propia del paso del tiempo, pero todos contaban historias muy parecidas y de aire misterioso. Las denuncias llegaron en cadena tras un primer caso mediático que alertó a todos. Un efecto llamada. Muchos padres que habían perdido hijos por esos años, empezaron a plantearse si los habían engañado. Comenzaron a ver cosas raras. Se generó una situación de desconfianza.

Por otro lado, no hablamos solo de denuncias de oscuras clínicas privadas: la mayoría eran casos de hospitales públicos, como La Paz o el 12 de Octubre en Madrid. Hay un momento, por tanto, en que nos empezó a chirriar todo. No es tan sencillo simular una muerte en un hospital público...

Ha habido investigaciones judiciales, con varias fiscalías implicadas, diligencias de exhumación, análisis de ADN… pero en todos los casos que hemos podido certificar los niños habían muerto. Por tanto, todos estos padres estaban equivocados.

P. Entonces... ¿no hay bebés robados en España?

Antonio Alonso. (UCM)
Antonio Alonso. (UCM)

R. No queremos decir que no haya ningún bebé robado, sino hacernos la siguiente pregunta: ¿por qué estaban equivocados estos padres? Los relatos de sus denuncias eran compatibles con una época en la que a los padres se les daba menos información en los partos, no se trataba al paciente como se le trata ahora, se le podía ocultar a su bebé sin dar más explicaciones. Igual sus hijos sí murieron en el parto, pero los médicos les trataron mal, y eso les generó un malestar y una incertidumbre que acabaría reventando décadas después.

Muchas familias creen que les robaron a sus hijos, pero realmente no se los robaron, sino que murieron durante el parto. ¿Por qué recuerdan ahora otra cosa? Porque siempre les quedó la duda de si su hijo murió o no, y ante la mínima duda, ¿qué padre o madre no investigaría? Es perfectamente comprensible. Y además está el sentimiento de culpabilidad: a ver si me dijeron que mi hijo había muerto y en realidad no había muerto...

Pero independientemente de que creamos que esto sea o no un problema judicial, es un problema social y un problema personal, y, por tanto, hay que acompañar a estas personas de algún modo. Si a alguien le asalta la duda de si su hijo murió o fue robado, hay que ayudarle, porque vivir con eso encima no es sencillo. A algunas familias les hemos quitado un peso de encima con nuestras investigaciones, pero otras no han aceptado los resultados e insisten en que les robaron a sus hijos. Es un problema muy complicado.

P. Al margen de la falta de pruebas sobre una trama organizada a gran escala, lo que sí hay son múltiples indicios de trampas y abusos en las adopciones irregulares. ¿Hasta dónde llega el caso?

¿Y si la trama no necesitaba simular la muerte de un bebé y robarlo porque había niños de sobra para adoptar?

R. Con los datos que manejamos, yo lanzaría la siguiente hipótesis: ¿y si la trama no necesitaba simular la muerte de un bebé y robarlo porque había niños de sobra para adoptar? El caso de Inés Madrigal -con una madre soltera que entrega a su hija en adopción- responde en parte a esa pregunta. Hasta 1984 funcionaron maternidades del régimen [franquista] vinculadas al patronato de protección a la mujer. En Madrid estaba Peña Grande, donde había un parto al día de mujeres vulnerables que se veían obligadas a dar a sus hijos en adopción por motivos culturales, económicos o religiosos. La adopción de Inés Madrigal es parecida: una mujer tiene un embarazo no deseado y va a una clínica donde le ofrecen una solución: se hacen cargo de su hija a cambio de...

Con Madrigal volvemos a la casilla de salida: era el único caso de bebé robado probado judicialmente… hasta hace unos días. Puede que sea un caso de tráfico de bebés, pero la donación fue voluntaria.

P. ¿Y la guerra de cifras?

R. La cifra de 300.000 bebés robados es falsa. Ha habido poco más de 2.000 denuncias. Probablemente el 90% sean de padres que creen que sus hijos fueron robados, pero con los datos que manejamos nosotros, no es así. El 10% restante quizá sean adopciones irregulares, porque sustracciones como tales no se han podido demostrar.

El tema de las cifras es importante. En el sumario de Garzón se hablaba de 30.000 niños abandonados en instalaciones del régimen entre 1945 y 1954. Eran huérfanos de presos, de exiliados y de muertos de la guerra. Igual es cierto, pero es que no estamos hablando de eso: la mayoría de las denuncias de bebés robados son posteriores, de los años 50 hay muy pocas. ¿Son los bebés robados memoria histórica o no deberían mezclarse con los desaparecidos de la guerra y posguerra? Más que de memoria histórica yo hablaría de memoria democrática: se deberían hacer públicos los archivos de la maternidad de Peña Grande, por ejemplo, porque probablemente saldrían casos oscuros que merecería la pena conocer.

Pero de ahí a que en hospitales públicos de la España de los 70 se dijera a los padres que sus hijos habían muerto para donarlos a otras familias… Eso no cabe en cabeza alguna. Los datos cantan.

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