perfiles marcados por problemas personales

Los traumas que esconden las listas de Vox y que están metiendo al partido en problemas

El romance entre Vox y perfiles políticos marcados emocionalmente por el discurso de género, la inmigración y el nacionalismo está generando su mayor crisis de credibilidad

Foto: Manifestación reciente de la fundación Denaes en Madrid, a la que se sumó Vox. (EFE)
Manifestación reciente de la fundación Denaes en Madrid, a la que se sumó Vox. (EFE)

"Imagínese que éramos tres hermanos y yo el mayor, con veintipocos años, y en segundos quedamos sin padre. Imagínese. Es una muerte traumática: llega un señor y le corta el cuello a tu padre", dice tan crudo como suena Juan José Bonilla, candidato a la alcaldía de El Ejido (Almería) por Vox. Bonilla, además de abogado, es hijo de Tomás Bonilla, uno de los tres asesinados por un inmigrante marroquí en El Ejido en el año 2000, episodio que desató una oleada de disturbios y marchas con barras de hierro 'a la caza del moro', cuyo recuerdo aún hoy incomoda a los vecinos. "La gente dice: estás aquí por el suceso de tu padre. No, nada de eso", enfatiza el candidato, tratando así de separar su afiliación a Vox de un ajuste de cuentas. "Nos quieren catalogar de extrema derecha para causar miedo en la población. Yo me he criado con inmigrantes, he comido con ellos en los cortijos donde hemos tenido invernaderos. Mis dos trabajadores inmigrantes (y regularizados) han venido a la comunión de mi hija, al bautizo de mi hija, y los he sentado con el resto de la familia".

"La gente estaba entonces muy descontenta. Igual que ahora. Estamos hasta las narices", suspira Bonilla. El candidato de El Ejido encarna la compleja relación de Vox con muchos de sus miembros en las listas al Congreso y a las próximas elecciones municipales. La combinación de partido nuevo y discurso radical ha actuado como un imán para individuos marcados emocionalmente por la inmigración, el discurso de género y el nacionalismo, tres de los pilares del argumentario del partido. De entre ellos, los más audaces se han animado a encabezar candidaturas electorales, como Bonilla. El propio Santiago Abascal tuvo una juventud marcada por el tormento que vivió a manos del nacionalismo vasco en los años de plomo.

"Hay una lógica detrás de la elección del candidato en El Ejido", considera Fernando del Rey, historiador y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. "Vox dice que no es racista, pero sí cuestiona la inmigración descontrolada y los peligros que conlleva. Como buenos populistas, venden esto a través de mensajes simplistas. En eso son maestros en Podemos, y Vox también demuestra ser maestro. La cúpula es muy lista y sabe lo que está haciendo".

El ejemplo más claro de esa búsqueda de candidatos solventes que encarnen los puntos fuertes de su ideario es el juez Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía, cuya oposición frontal a la Ley de Violencia de Género no solo no le penalizó sino que le catapultó al liderazgo y a esos inesperados 12 escaños en el Parlamento andaluz. Serrano también ha vivido su particular viacrucis personal. En 2011, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le impuso dos años de inhabilitación por un delito de prevaricación culposa, sanción que le fue impuesta por alargar de forma ilegal las vacaciones de un niño con su padre, sin consultar a la madre, para que pudiese ir a una procesión.

Cuadros de Vox, como el alcalde de Guadiana del Caudillo, Antonio Pozo (izquierda), celebran los resultados de las elecciones andaluzas. (EFE)
Cuadros de Vox, como el alcalde de Guadiana del Caudillo, Antonio Pozo (izquierda), celebran los resultados de las elecciones andaluzas. (EFE)

Una tromba de escándalos

La estrategia de abrazar caracteres fuertes con pasados controvertidos en cuestiones de género, nacionalismo e inmigración está causando, sin embargo, problemas inesperados. En solo unos días, Vox ha tenido que hacer frente a una tromba de escándalos que le están generando una importante crisis de credibilidad. Es la primera vez que le ocurre. La pesadilla comenzó con las opiniones sobre el Holocausto y la homosexualidad de su candidato por Albacete, Fernando Paz, quien terminó por renunciar a la candidatura "por el bien del partido". Le siguió horas más tarde el presidente de Vox en León, Carlos Portomeñe, puesto en el foco por recibir financiación de la Fundación Francisco Franco. En este caso, fue la cúpula quien le guillotinó por traspasar una línea roja, vincular directamente a Vox con el franquismo, un romance que el partido quiere sepultar a toda costa.

Este lunes, el diario 'La Marea' reveló que un afiliado muy activo en Toledo, José Ignacio Vega, fue condenado a cuatro años de prisión en 1995 por agredir a un profesor de universidad provocándole una cojera crónica con discapacidad reconocida del 20%. Vega fue un 'skinhead' muy activo en Valencia en los años noventa, miembro de un peligroso grupo neonazi llamado Acción Radical. Y hace solo unas horas ha saltado el penúltimo caso: el presidente de Vox en Granada, Julio Vao, fue condenado a dos años de cárcel por orquestar junto a dos empresarios un fraude de cuatro millones de pesetas en la Caja de Ahorros de Granada a finales de los noventa. Nada hace presagiar que este goteo de candidatos con pasados truculentos y en algunos casos delictivos vaya a cesar en las próximas fechas.

El goteo de candidatos y afiliados de Vox con un pasado turbio o con condenas penales es incesante y nada apunta a que vaya a parar

"Yo no sé quién es esta persona", respondió Javier Ortega Smith el lunes en el programa 'Espejo Público' acerca del antiguo neonazi José Ignacio Vega, con quien, cuanto menos, comparte una foto. "Nosotros no hacemos como Podemos, que lleva en sus listas a condenados por violación, a condenados por maltrato, etcétera. Nosotros somos un partido serio. Y si en nuestras filas hay alguna persona que lleve aparejados esos hechos, eso es contrario a nuestros valores y estatutos y será expulsado. De verdad que ya está bien de andar siempre con la misma matraca", prosiguió el secretario general de Vox, visiblemente irritado. No se siente cómodo el partido radical justificándose ante la sociedad, después de tantos meses actuando como dedo acusatorio contra los males del sistema.

José Ignacio Vega, junto a Javier Ortega Smith.
José Ignacio Vega, junto a Javier Ortega Smith.

"Vox es un fenómeno nuevo, no es el fascismo que vuelve sino algo distinto, y eso se ve en momentos como este", explica Del Rey. "Su base populista hace que busquen perfiles poco habituales para sus candidaturas. En lugar de personas con formación política, quieren representantes de la sociedad civil para llegar mejor a la gente común, a ese caladero de votos de la gente enfadada y harta por distintas razones que nunca antes había participado en política. A Vox le gusta epatar, y estas personas sirven a ese objetivo".

Es una incógnita dónde pondrá Vox el listón entre lo permisible y lo intolerable para sus candidatos y afiliados. Los antiguos fantasmas de la derecha, como el apego al fascismo tradicional, las tesis revisionistas del Holocausto y la nostalgia franquista, perjudican el discurso moderno de Vox y, como se ha visto, son duramente castigados. "Se están desgastando y hay limites que creen mejor no sobrepasar, porque se consideran otra cosa distinta a la derecha clásica. Son muy conservadores, casi reaccionarios, y muy tradicionalistas en unos aspectos, pero necesitan que la gente les vea como modernos en otros", indica el historiador de la UCM. En este sentido, la violencia de género, el rechazo a los inmigrantes, el nacionalismo periférico y otros conceptos nuevos de la izquierda como el animalismo son batallas que Vox libra gustosamente porque agitan el avispero entre sus bases.

El juez Serrano, líder de Vox en Andalucía, en un acto en defensa de la prisión permanente revisable. (EFE)
El juez Serrano, líder de Vox en Andalucía, en un acto en defensa de la prisión permanente revisable. (EFE)

Ortega Smith ha reconocido que una condena judicial es motivo de cese inmediato, y así lo confirman fuentes del partido a este diario. "El título quinto de nuestros estatutos es muy claro. Un procedimiento penal es una infracción que puede ser grave o muy grave. Existe un comité de garantías formado por cinco abogados externos a Vox y desde el partido estamos reforzando los sistemas de control, bajo la supervisión directa del secretario general. Es un tema que nos preocupa, pero es imposible garantizar que ningún miembro de las listas tenga antecedentes penales u otros asuntos contrarios a nuestros valores. Hemos pasado de 300 afiliados a 42.000 en apenas un año y es muy difícil de controlar".

"Es imposible garantizar que ningún miembro de las listas tenga antecedentes penales u otros asuntos contrarios a nuestros valores", admite Vox

¿La expulsión de Vox por una condena judicial también incluye las sentencias por violencia de género que los condenados atribuyen a un montaje? Las fuentes del partido no concretan en este punto y se refieren a los estatutos. Pero si Vox los aplica a rajatabla, algunos afiliados con aspiraciones de poder van a tener problemas serios.

Así ocurre con el probable candidato a la alcaldía de Algeciras, municipio donde el partido radical alberga grandes esperanzas tras el recuento de votos de las elecciones andaluzas. José Manuel Núñez de Cossío, funcionario de ese ayuntamiento, fue denunciado en 2015 por violencia machista. La Fiscalía de Algeciras le impuso una orden de alejamiento por presunto delito de "lesiones, amenazas y agresiones sexuales hacia su expareja, con la que comparte descendencia".

El escrito de acusación, al que ha tenido acceso este diario, es muy crudo. La que fuera pareja sentimental de Núñez de Cossío durante nueve años narra un episodio en el que el candidato de Vox se personó en el domicilio de ella con gran violencia y ánimo libidinoso. En otras ocasiones, la víctima relató amenazas de muerte. El juzgado de lo Penal número 4 de Algeciras consideró probados "dos delitos leves de injurias" por mensajes de móvil amenazantes, e impuso al acusado una pena de 15 días de trabajos en beneficio de la comunidad y orden a alejamiento durante seis meses*.

Santiago Abascal, presidente de Vox, en un acto reciente con afiliados. (EFE)
Santiago Abascal, presidente de Vox, en un acto reciente con afiliados. (EFE)

Prisa por llenar las listas

“Vox rechaza el discurso de la violencia de género porque lo considera excesivo y se opone a sus políticas, y eso hace que personas con ese marco mental se sientan atraídas o más cómodas en Vox que en otro partido. En absoluto creo que el partido defienda el maltrato, pero su protección al hombre de los excesos de la Ley de Violencia de Género puede hacer tolerable que un candidato tenga una condena por violencia de género sin que eso sea un problema", indica a este respecto Del Rey.

Carlos Rico, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Pontificia Comillas, completa el cuadro: "Los partidos nuevos, como fue Podemos y ahora Vox, no tienen estructuras orgánicas ni militantes, son partidos que se montan en platós de televisión y en redes sociales y luego se van desarrollando. Estos partidos necesitan gente y tratan de meter a la sociedad civil en lugar de a políticos convencionales, con quienes los votantes tienen desafección. Si eres un partido de izquierda populista, metes al 'pueblo', es decir, limpiadoras, chicos con becas, trabajadores precarios, y si eres de derecha populista, metes a militares, como está pasando con Vox. En ese contexto, se te pueden colar los oportunistas y gente con perfiles estridentes, como vemos últimamente".

Es lógico que un partido extremo sea atractivo para personas con ideologías más en los márgenes y más estrambóticas

Rico prosigue: "Es lógico pensar que al ser un partido más extremo sea atractivo para personas con ideologías más en los márgenes y más estrambóticas. El problema de Vox es que no tiene candidatos, nunca se habían juntado tres elecciones tan gordas en dos meses y para un partido que acaba de explosionar como Vox, o como Podemos hace unos años, es una locura. Es peligroso meter gente que no conoces y que no tienes controlada bajo tu sello, algo que a los grandes partidos no les pasa porque al ser endogámicos y con una gran cantera de militantes tienen más control".

Manifestación contra Vox en Barcelona. (EFE)
Manifestación contra Vox en Barcelona. (EFE)

Los expertos consultados coinciden en que estos candidatos cuyo pasado hace temblar al partido comparten un rasgo: la osadía. Porque no es lo mismo subirse al carro de la política en un proyecto en pañales, y por lo tanto más proclive a ser analizado con lupa, que en una máquina ya consolidada.

"No se puede generalizar sobre las causas de que haya cierto número de perfiles extremos o con traumas pasados en Vox", apunta Rico. "Puede ser por la prisa en construir candidaturas y la falta de control, o quizá que al partido no le preocupe tener gente en los márgenes, y a esa gente con historias truculentas le dé menos miedo dar el paso. En los partidos de extrema derecha, suele destacarse gente que tiene poco que perder, ya que defender esos proyectos te significa bastante. Necesitaríamos un estudio estadístico para valorar cuánto pesa el pasado de esos candidatos en su decisión de presentarse por Vox. Y si lo hacemos con ellos, también habría que ver cuánta gente rara está en las listas de PP y PSOE sin que nos llame la atención".

*Una versión anterior de esta noticia no incluyó el fallo de la sentencia contra José Manuel Núñez de Cossío y citó acusaciones no probadas por la justicia.

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