EN PLENO DECLIVE DEl culto SOCIOLÓGICo

Iglesias que se abarrotan en Madrid: doble fila, efecto llamada y "15.000 hostias al mes"

Los bautizos, primeras comuniones y bodas en la iglesias católicas menguan en España, pero los párrocos sostienen que hoy prima una fe más auténtica sobre el postureo social

Foto: Iglesia San Antonio de Cuatro Caminos en Madrid a rebosar durante una misa
Iglesia San Antonio de Cuatro Caminos en Madrid a rebosar durante una misa

"Cada dos meses ofrecemos 30.000 cuerpos u hostias a los fieles que vienen a nuestra parroquia", cuenta Luis Gallardo, párroco mayor de Santa María del Monte Carmelo, una iglesia situada en pleno barrio de Salamanca, una de las zonas que acoge a la gente más acaudalada de Madrid.

El lema de los carmelitas que custodian esa iglesia es 'zelo zelatus sum pro Domino Deo exercituum' (me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos). Los muchos fieles que llenan el templo, día sí día también, practican ese celo por la fe cristiana. Su aforo es de casi 800 personas sentadas, pero durante los fines de semana se observa a feligreses que asisten a las misas de pie porque no hay sitio en los bancos de madera.

"El cristianismo es ahora menos de masas, pero caminamos hacia un culto más auténtico; menos sociológico, pero más convencido y profundo"

Consultados los portavoces de la Archidiócesis de Madrid para que señalen a este diario aquellas pocas iglesias que hoy se abarrotan de fieles, les extraña la pregunta porque según ellos aún existen muchas que continúan llenándose. El Confidencial ha estado comprobándolo 'in situ'. Ha visitado varias parroquias durante las liturgias. No es un infundio lo que apunta la Archidiócesis de Madrid. La consulta partía de un escepticismo ateo desorientado y del análisis de datos que arroja unas estadísticas que señalan una mengua en la toma de sacramentos.

Templos como el citado Santa María del Monte Carmelo, San Juan Crisóstomo —sito junto al Tribunal Constitucional—, San Francisco de Borja en plena calle Serrano, San Antonio en el barrio popular de Cuatro Caminos o la iglesia de Caná en Pozuelo de Alarcón son ejemplos de lugares de culto que se colman durante la celebración de las liturgias y que tienen una vida parroquial rica y variada.

En el seno de la Iglesia católica, las estadísticas son elocuentes acerca de que la celebración de los principales sacramentos (bautizos, primeras comuniones y matrimonios) están en franco declive. Según los últimos datos facilitados por la Conferencia Episcopal Española, en 2007 se oficiaron 113.187 bodas por las 50.805 de 2016, bastantes menos de la mitad.

Misa matutina de miércoles en la iglesia de Caná en Pozuelo de Alarcón, un templo que se llena diariamente. (M. García)
Misa matutina de miércoles en la iglesia de Caná en Pozuelo de Alarcón, un templo que se llena diariamente. (M. García)

En cuanto a los bautizos, en 2007 se celebraron 325.271 por los 226.125, aunque estos últimos datos pueden estar viciados porque hoy se producen más muertes que nacimientos en nuestro país. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2007 vinieron al mundo 238.824 bebés, mientras que en 2018 solo fueron 179.794.

Resulta más difícil de creer sin ser escéptico la cifra que publica la Conferencia Episcopal (CEE) sobre el número de católicos que acuden regularmente a misa: 8,3 millones. No es una cuestión de que sean muchos o pocos, sino que la misma Iglesia reconoce que no realiza un censo fiable sobre los fieles que asisten a las liturgias. En 2015 eran supuestamente 10 millones de asistentes habituales para las estimaciones de CEE. Los cálculos parecen hechos a vuelapluma: 1,7 millones de diferencia de un año para otro.

El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas de febrero de 2019 muestra que el 67,5 por ciento de los encuestados se consideran católicos, mientras que el 27 por ciento se definen como ateos o no creyentes. Pero el 62 por ciento responde que casi nunca asiste a misa y únicamente el 2,7 por ciento manifiesta que acude varias veces a la semana a los oficios. Además, 13 de cada 100 entrevistados afirman que van a misa casi todos los domingos y festivos.

"Mucha gente tiene sed de verdad y la busca. Quizás ahora el cristianismo es menos de masas, pero caminamos hacia un culto más auténtico; es un cristianismo menos sociológico, pero más convencido y profundo", explica Fernando Simón, párroco mayor de San Juan Crisóstomo, otro templo que se colma de fieles.

Simón es uno de los sacerdotes más carismáticos de Madrid. Usa un lenguaje llano —'joé', 'coño'—, al mismo tiempo que se muestra cultivado y gran conocedor de la doctrina católica. Esa es la clave para que su parroquia de personas devotas sea amplia y para que atraiga a multitud de estudiantes de provincias que se alojan en los colegios mayores situados en las zonas de Moncloa y la Ciudad Universitaria. "La misa dominical de las ocho de la tarde está llena de estudiantes que vienen porque les da la gana venir, nadie los obliga. Sus padres viven lejos, nadie los vigila, sin embargo, acuden a escuchar la belleza del Evangelio", cuenta este sacerdote que estudió Biología molecular en la Alcalá de Henares hasta que le llegó la "llamada del Señor".

Misa en la Catedral de la Almudena.(Archidiócesis / José Luis Bonaño)
Misa en la Catedral de la Almudena.(Archidiócesis / José Luis Bonaño)

Otros párrocos entrevistados coinciden en la idea de que el credo sociológico está siendo sustituido por un cristianismo más auténtico. La convención social de las misas obligatorias de domingo en el seno de las familias ya tiene poco eco en una ciudad como Madrid en pleno siglo XXI. "Llevamos unos años donde la fe es más libre, más pensada y más madura. Cuando yo era niño todo el mundo iba a misa los domingos porque se trataba de un ritual social indiscutible, pero esto ya no sucede", explica José Ramón Busto, párroco mayor de San Francisco de Borja.

Busto nos muestra el patio interior del complejo eclesial donde fue a parar en diciembre de 1973 el coche de Luis Carrero Blanco, entonces presidente del Gobierno, tras el atentado cometido por ETA que causó su muerte. Este sacerdote matiza que el factor sociológico sigue estando presente en la celebración de los bautismos y las bodas.

Nueve misas los domingos

Varias iglesias católicas de Madrid celebran hasta nueve misas los domingos entre las 7 y las 22 horas. Entre ellas, las citadas más arriba. Este dato da fe de que su feligresía es amplia y que el día de mayor afluencia es precisamente el domingo.

Los vecinos que viven cerca de San Juan Crisóstomo dan mil vueltas antes de aparcar su coche los domingos en el entorno de ese templo porque se abarrota. Las dobles filas se suceden y se observan incluso vehículos estacionados sobre las aceras.

Misa en Santa María del Monte Carmelo, calle Ayala de Madrid
Misa en Santa María del Monte Carmelo, calle Ayala de Madrid

El párroco Fernando Simón se muestra contento por esa gran concurrencia de fieles a sus liturgias. La justifica de la siguiente manera: "Tenemos una sociedad que sufre acedía y melancolía porque no ofrece verdades sólidas, sino solo cosas líquidas". Sin duda, Simón ha leído a Zygmunt Bauman y acomoda el pensamiento de este filósofo polaco a su discurso proselitista.

En San Antonio de Cuatro Caminos se ofician no menos de 36 misas a la semana. También sus parroquianos llenan los domingos los más de 600 sitios en los bancos de madera. Otros muchos siguen la liturgia de pie. Manuel Muñoz es su párroco mayor. Es otro hombre que rezuma carisma y amabilidad. No en vano, lleva más de 30 años transmitiendo misas en Radio Nacional de España y presenta también el programa 'Horizontes' en Radio Exterior. Tal es la afluencia a esta iglesia que el padre Muñoz se muestra orgulloso: "Somos ocho sacerdotes los que oficiamos misa y diez los que colaboramos en las confesiones".

Venezolanos en el barrio de Salamanca

"Me deberían hacer párroco de venezolanos", dice con una sonrisa José Ramón Busto. Su parroquia está situada entre las calles Serrano y Maldonado, en pleno barrio de Salamanca, área capitalina donde venezolanos ricos han comprado viviendas de lujo en los últimos años. Este profesor de la Universidad Pontificia de Comillas afirma que la mayoría de su feligresía la conforman españoles y venezolanos.

Busto apunta a que los inmigrantes de Latinoamérica han contribuido a revitalizar el culto en Madrid porque "la secularización no les ha afectado tanto como a los españoles". Esta afirmación la comparte el padre Gallardo. "Muchas familias venezolanas acuden a misa diaria en nuestra parroquia", asevera este sacerdote de Santa María del Monte Carmelo, igualmente ubicada en el barrio de Salamanca.

Hay que ha hacer esfuerzo extra para evitar que los inmigrantes se unan a las sectas evangélicas que "los persiguen para captarlos, como a los gitanos"

Los inmigrantes, ricos o pobres, acuden en masa a las parroquias. No solo a los templos de zonas más acomodadas, sino también a las más populares. Así lo atestigua Manuel Muñoz, en cuya iglesia de Cuatro Caminos se congregan centenares de feligreses originarios de Filipinas y de países de América Latina.

El párroco Manuel Muñoz durante un oficio en la iglesia de San Antonio de Cuatro Caminos
El párroco Manuel Muñoz durante un oficio en la iglesia de San Antonio de Cuatro Caminos

En ese sentido, este padre capuchino advierte de que es necesario realizar un esfuerzo extra para evitar que los inmigrantes latinoamericanos se adhieran a las sectas evangélicas que "los persiguen para captarlos, al igual que han hecho con los gitanos".

La parroquia como lugar de asistencia social

Ante el debilitamiento de las vocaciones y el descenso de feligreses se aguza el ingenio y se incrementan los esfuerzos. El marketing de la Iglesia católica se centra en una vida parroquial proactiva y de servicios a los más necesitados. "Tenemos que ser creativos ante los problemas nuevos que plantean los nuevos tiempos a la Iglesia", asegura el sacerdote Manuel Muñoz.

En su parroquia de Cuatro Caminos, un barrio que cuenta con una comunidad grande de inmigrantes, se ofrecen multitud de servicios para gente menesterosa a cuyo rescate no llega el Estado. Les forman gratuitamente en informática, inglés, ropa, cursos de peluquería, guitarra o danza. La caridad tradicional de los capuchinos se extiende a brindarles servicios jurídicos, un consultorio médico y medicinas, todo ello sin coste. "Dando se recibe", dice el padre Muñoz.

Las iglesias de zonas más ricas no rehúyen la asistencia social. Como ejemplo, Santa María del Monte Carmelo tiene una trabajadora social para ayudar a los desempleados a encontrar trabajo.

Por su lado, San Francisco de Borja, con las aportaciones que dan sus fieles más acaudalados, ayuda económicamente a 30 familias ajenas a la parroquia. Su párroco mayor, José Ramón Busto, es optimista en que esa labor social y religiosa coadyuvará a que los cristianos sigan acudiendo a las iglesias: "Es cierto que la mayoría de las personas que acuden a nosotros son ancianos, pero esto también ocurría cuando yo era niño. Lo que pasará es que cuando se mueran los mayores, vendrán los otros mayores que les seguirán".

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