detenido por la muerte de su madre

Alberto, el caníbal de Las Ventas: "Sabía que pegaba a su madre, pero matarla y... Terrible"

El joven de 26 años fue detenido este jueves y él mismo reconoció que había descuartizado a su madre y se la estaba comiendo, explican fuentes policiales

Foto: Imágenes de Alberto, el caníbal de Las Ventas. (EC)
Imágenes de Alberto, el caníbal de Las Ventas. (EC)

En el bar Paseíllo de Acho no se habla de otra cosa desde este jueves. A escasos 100 metros de la Plaza de Toros de Las Ventas, varios vecinos recuerdan a Alberto, un joven de 26 años que hace dos años trabajó en el local durante la Feria de San Isidro. "Era un chaval modosito, normal. Se crio aquí y cuando hubo el tema de los toros pues se puso a currar de camarero", explica Tito, empleado de la tienda de fontanería que hay justo enfrente. La sorpresa llegó el mediodía de este jueves, cuando una patrulla de la Policía Nacional aparcó frente al portal en el que vivía Consuelo, la madre del joven. Aunque los rumores comenzaron a correr por el barrio, la realidad superaba cualquiera de ellos.

Pasadas las tres de la tarde de este jueves, Alberto salió esposado del edificio como presunto autor de la muerte de su madre, de 66 años, después de que una conocida de Consuelo denunciara que llevaba un mes sin verla. Él mismo reconoció los hechos tras abrir la puerta a los agentes: había descuartizado a su madre y se la estaba "comiendo", explican fuentes policiales. 24 horas después de la detención, en la puerta queda un cartel como prueba de lo ocurrido: "Brigada Provincial de Policía Judicial. Grupo 5 de Homicidios. Precintado". Los vecinos del bloque se encuentran en sus casas, pero todos guardan silencio cuando se les pregunta por Consuelo y Alberto.

En el resto del barrio, sin embargo, son varios los que están dispuestos a hablar mientras no se les identifique en el artículo. La mayoría recuerda a Consuelo como una señora a la que se veía pasear con el perro por la calle Francisco Navacerrada de camino al supermercado, una mujer reservada pero de trato amable. Viuda y con dos hijos, a veces paraba en el bar Paseíllo de Acho, donde llegó a confesar lo que vivía en casa: Alberto, su hijo menor, la agredía. "Se le veía con moratones. Decía que era del perro, pero a la anterior dueña del local sí que le contó un día la verdad, que era el chaval el que le pegaba", asegura Tito.

Las palizas a su madre eran un secreto a voces, o al menos eso transmiten ahora los vecinos. Fuentes policiales confirman que el joven tenía antecedentes por ello, pero cada cierto tiempo volvía al barrio. "A partir de verano ya empezó a andar menos por aquí, pero cada vez que llegaban coches de policía estaba claro por qué era", comenta un hombre que conoce a la familia. A su hermano mayor, por el contrario, hace tiempo que no se le ve: "Mi hijo iba a la guardería con él y ahí conocí a Consuelo, pero ya perdimos relación", comenta una mujer que vive a escasos metros del número 50. "Se sabía que pegaba a su madre, pero de ahí a matarla y... Es terrible. Una tragedia, de verdad que una tragedia", comenta otra antes de entrar a su casa.

En la misma calle Francisco Navacerrada, tres chavales que rondan los veinte años hablan de lo ocurrido frente a un portal. "Estamos flipados. Yo conocía a Alberto, iba al Colegio Natividad de Nuestra Señora. A veces me lo cruzaba y me paraba a echar un cigarro con él", dice uno de ellos. Los otros dos aseguran que no saben quién es, pero cuando se les enseña la foto les resulta familiar. "Joder, sí, alguna vez nos lo hemos cruzado por aquí", señalan. "Es del grupo del novio de mi hermana, de los más callados. Antes vivía en mi portal y me acuerdo escucharle cantar flamenco. Son de aquí de toda la vida. Fue a mi instituto y solía andar con el perro", les explica a su vez el otro.

Desde este jueves, la fotografía de Alberto va pasando de unos a otros en la calle Francisco Navacerrada. "Es Madrid, pero aquí hay vida de barrio", comenta una joven antes de entrar a un portal cercano al del crimen. "A los que no lo conocemos personalmente también nos suena porque hemos coincidido con él en alguna de las fiestas vecinales que se organizan", explica. Nunca imaginaron que tras ese "chaval modosito" se escondiera un caníbal.

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