entrevista a ignacio garriga

Negro, catalán y directivo de VOX: "Hay una caridad mal entendida en inmigración"

De madre ecuatoguineana y con cuatro hijos, Garriga asegura que hay que defender la dignidad de los migrantes y eso no se consigue quitando concertinas sino mejorando sus vidas en origen

Foto: Ignacio Garriga, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de VOX. (VOX)
Ignacio Garriga, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de VOX. (VOX)

Ignacio Garriga Vaz de Concicao (Barcelona, 1987) es el pequeño de cinco hermanos. Su primer idioma es el catalán y en esta lengua se comunica habitualmente con sus amigos, pero sus rasgos mulatos adivinan que no tiene siete apellidos de esta comunidad autónoma. De hecho, solo el de su padre Rafael puede considerarse puramente catalán. Su madre, Clotilde, es oriunda de Guinea Ecuatorial y llegó de joven a España junto a sus otros siete hermanos porque sus padres Mercedes y Pablo (este último de origen portugués) los mandaron a todos a Barcelona para tener un futuro mejor.

Ambos se dedicaban a gestionar dos pequeños supermercados y unas tierras que tenían dedicadas al cultivo en Malabo, la capital del país y antigua colonia española. Tras mandar a sus hijos a la ciudad condal, Pablo murió en unas riadas, por lo que Mercedes decidió desprenderse poco a poco de gran parte de lo que tenía y viajar a Barcelona para reencontrarse con sus vástagos. La abuela aún vive hoy, a sus 104 años, en la capital catalana. Sus hijos viajan de vez en cuando a gestionar algunas cosas de lo poco que aún tienen allí que no ha sido vendido ni expropiado por Teodoro Obiang. Todos menos Clotilde, la madre de Ignacio, que no ha regresado nunca a Guinea desde que llegó a España, como explica su hijo, quien asegura que desde pequeño ha tenido inquietudes políticas similares a las de su madre, que era conocida en el PP por su proactividad durante la época en la que formó parte de las listas municipales al Ayuntamiento de San Cugat del Vallés.

"Mi madre siempre ha sido muy conocida, es muy dicharachera y muy alegre; en su día se pateaba la calle como activista del PP", recuerda Garriga, que admite que él también formó parte del Partido Popular. "Mientras estudiaba primero de Odontología -recuerda- iba por las tardes a ayudar a los concejales del grupo municipal de San Cugat del Vallés, les ayudé a plantar cara a la dirección porque veía que no se estaba haciendo lo que se tenía que hacer, que no se estaba dando el discurso adecuado contra el nacionalismo, que se había abandonado el discurso a favor de la vida, etc.". "El centro reformista del PP era cada vez más descafeinado; di la batalla lo que pude, traté de promover otras candidaturas alternativas, pero no fue posible y lo dejé; pero hace ya más de diez años decidí irme", explica.

"Mis padres me habían inculcado siempre las ganas de mejorar las cosas, el panorama social no me gustaba, se habían perdido los valores de la familia como pilar de la sociedad, el respeto, en fin (...) Yo concibo la política como un acto de servicio a los demás y veía que los políticos estaban ahí para conseguir lo suyo, que se olvidaban de los problemas reales y que había infinidad de cosas que dejaban de lado", añade. "Afortunadamente apareció VOX en 2014 y me sentí muy atraído; yo tenía dos hijos y esperaba el tercero cuando empecé a trabajar ayudando en la dirección provincial de Barcelona, luego pasé a San Cugat; éramos cuatro o cinco en el comité directivo pero se iban haciendo las cosas; me presenté a alcaldable en San Cugat en las elecciones de 2015, que fue la única candidatura que se presentó en Cataluña junto a la de Barcelona", rememora.

Ignacio Garriga en un mitin de VOX. (VOX)
Ignacio Garriga en un mitin de VOX. (VOX)

"Mi posición no era fácil, yo tenía familia, soy odontólogo y no tenía ninguna necesidad de complicarme la vida; sabiendo además que era casi imposible obtener la concejalía; me pagué la campaña electoral con mi mujer haciendo los carteles en la cocina, engañando a amigos para colgarlos; me pateé las calles colgando carteles porque no teníamos subvenciones; todo eso lo restaba de mi trabajo, de mi familia por intentar cambiar las cosas, devolver el papel a la familia, que considero que es el pilar fundamental de la sociedad, recuperar ese patriotismo que por desgracia sucesivos gobiernos han intentado dinamitar, defender la vida del principio al final y el comercio local, esa España de los balcones", resume el miembro del comité ejecutivo nacional de VOX.

"¿Dónde va tanto dinero que Europa y hasta los ayuntamientos destinan a esos países como cooperación internacional?"

"Y me quise complicar la vida sobre todo cuando tuve dos hijos, porque yo no me puedo quedar sentado en el sofá y arreglando dientes, que es muy honroso por otra parte; quiero hacer algo más; quiero mirar a mis hijos a los ojos y que ellos el día de mañana puedan decir que su padre luchó por tener una sociedad mejor y un futuro con más esperanza que la que ahora mismo están forjando los políticos", reflexiona Garriga, quien no dudó un segundo es seguir la llamada del presidente del partido. "Santiago (Abascal) me llamó y me dijo que quería que sumara con ellos desde Madrid. Entonces empecé a colaborar un poco más de cerca con él y a liarme un poco más la manta", asegura el odontólogo, que expone una política radical y clara en materia de inmigración.

Garriga, que ya suma cuatro hijos, califica la política del Gobierno en materia de inmigración como una "caridad mal entendida". "Lo que debemos hacer es luchar por la dignidad de quienes quieren cruzar la frontera; y eso no se hace en ningún caso abriéndoles las puertas o quitando las concertinas, sino trabajando en origen", sentencia. "Dónde va tanto dinero que Europa y hasta los ayuntamientos destinan a esos países como cooperación internacional", se pregunta. "Es mucho y no está mejorando el día a día de los habitantes de esos países", concluye el directivo de VOX, que no entiende "por qué no se controla a esas mafias para impedir que mercadeen con la persona humana".

"Hay que asegurarse de que el dinero llega para formar a las personas que allí viven, que salgan de la miseria, industrialicen sus países y desaparezcan todos aquellos motivos que les llevan a escapar, que se queden allí y saquen adelante su país", agrega Garriga antes de señalar que al mismo tiempo los españoles tenemos la obligación de "proteger las fronteras". "Y nuestra tradición y nuestra cultura", añade. "Somos todos de Europa y tal; no, no, chico, yo primero soy español y luego soy europeo y por tanto tengo que proteger a mis conciudadanos, porque los primeros son los de casa", afirma. A corto plazo, "si viene una patera", matiza, "en primer lugar hay que atenderla, porque transporta personas". "Luego hay que identificar de dónde son, porque seguro que se puede saber; no me creo que ningún radar la haya localizado desde que salió de puerto". "Y luego devolverlos a su país de origen", apunta.

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