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Dos móviles pueden revelar el paradero de Ángeles Zurera, desaparecida hace 10 años

La causa está archivada, pero la familia ha pedido a la Guardia Civil que practique una treintena de diligencias, al tiempo que le ha entregado un informe criminológico para reactivar la investigación

Foto: Ángeles Zurera. (Foto cedida por la familia)
Ángeles Zurera. (Foto cedida por la familia)

El 2 de marzo de 2008, a eso de la 1:20 de la madrugada, Ángeles Zurera recibió una llamada en su casa de Aguilar de la Frontera (Córdoba). Estaba sola, pues era sábado noche y sus hijos habían salido. La persona que estaba al otro lado del teléfono resultó ser su marido, de quien la mujer se estaba divorciando. La conversación entre ambos duró dos minutos y medio. Después de aquel contacto, nadie supo nada más de ella. En su declaración ante el juzgado del pueblo, el esposo, M. R. —que llegó a estar imputado como sospechoso de la desaparición— aseguró que en aquella llamada no hablaron de nada.

Así lo recuerda 10 años después el hermano de Ángeles, Antonio Zurera, que con motivo del décimo aniversario de la desaparición ha pedido a la Guardia Civil la ejecución de una treintena de diligencias que reactiven la investigación. Entre estas nuevas líneas de trabajo, Antonio destaca la realización de un análisis forense de los dos teléfonos móviles que utilizaba su hermana en el momento en que se le perdió el rastro. Ambos fueron entregados en un primer momento a los agentes del instituto armado. El juzgado, sin embargo, rechazó hacerles una prueba pericial, por lo que la familia decidió encargarle el reto técnico a una empresa especializada.

"Ahí puede haber imágenes, vídeos, mensajes... Cualquier cosa que nos ayude a conocer más datos que puedan estar relacionados con la desaparición", asegura Antonio, quien admite también que la mercantil que está tratando de acceder a los terminales aún no ha podido hacerlo. "Está teniendo problemas para encenderlos y, por lo tanto, para meterse dentro", explica el hombre, que concreta que los dos dispositivos tienen ya la batería gastada y muchos problemas de funcionalidad. Aun así, no se da por vencido, ya que se trata de uno de los pocos clavos ardiendo que le quedan.

"Hay teléfonos que se llevan a Alemania completamente destrozados, en muchas peores condiciones, y que son abiertos por una empresa israelí, y otros que están ahí sin tantos problemas con los que no ponen tantos medios", asegura el hermano de Ángeles, en clara alusión al móvil de la joven Diana Quer, cuyo terminal fue finalmente desbloqueado por el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil tras un cuidadoso proceso en el que intervinieron las empresas punteras del sector. "Nosotros estamos fotografiando todo lo que hacemos; los responsables de la compañía están especializados en eso y saben cómo hacerlo para que luego tenga validez jurídica; lo que no vamos a hacer es quedarnos de brazos cruzados", explica Antonio, que prefiere no hablar del resto de diligencias propuestas con el fin de no interferir en la investigación que presumiblemente ponga en marcha el instituto armado a raíz de estas pistas.

La guardia civil ha levantado tierras para buscar a Ángeles. (Foto cedida por la familia)
La guardia civil ha levantado tierras para buscar a Ángeles. (Foto cedida por la familia)

Junto a estas diligencias, la familia ha entregado también a la Guardia Civil un informe criminológico elaborado por una especialista de la fundación Quién Sabe Dónde, de Francisco Lobatón. "Ellos han estudiado el sumario, estuvieron en la zona, tocaron el terreno y son los que realmente han propuesto las citadas 30 diligencias, que esperemos que los investigadores tomen en consideración para impulsar la causa", explica el hombre, que sí tiene claro lo que pasó con su hermana e incluso quién pudo hacerlo. "Tenemos cero esperanzas de encontrarla con vida", reconoce Antonio, quien tiene claro que el marido de Ángeles está involucrado.

M. R., de hecho, estuvo imputado y fue el único sospechoso antes de que el juzgado archivara provisionalmente la causa, sostiene el hermano de la desaparecida. "En el sumario hay muchísimos indicios contra su exmarido", resume. "Además de la llamada que le hizo aquella madrugada, el hombre la estuvo acosando durante los días previos; iba tras ella con el coche, la llamaba continuamente, hasta 10 o 12 veces al día, y le enviaba mensajes; incluso fingía estar enfermo para que ella fuera a cuidarle; tras aquella última llamada, sin embargo, todo paró de repente", cuenta Antonio, quien añade que "al día siguiente, el marido ni siquiera preguntó por ella".

Antonio recuerda que tras la desaparición de su hermana se enteró de que M. R. llevaba siete años viviendo en Montilla con otra mujer y que 12 días antes de que se le perdiera el rastro a Ángeles, él empezó a acosarla. "Como el teléfono de ella estaba a nombre de él, este se dio cuenta de que mi hermana hacía muchas llamadas a un mismo número, era el de su nueva pareja, con la que había rehecho su vida; fue entonces cuando se dio cuenta de que el proceso de divorcio que ella había propuesto iba en serio y comenzó a acosarla; él la veía como una propiedad, era su mujer", rememora hoy, aún emocionado, antes de relatar que fue el 19 de febrero cuando, en ese contexto, la golpeó.

"Aún recuerdo que momentos después de agredirla, los dos se pararon donde yo trabajaba y se bajaron del coche; ella tenía unas gafas de sol que ocultaban un moratón en el ojo; le pregunté qué le había pasado y ella me dijo que se había caído por las escaleras; en ese momento no le di importancia, porque no me podía imaginar que él la había pegado; si me lo llega a decir, a lo mejor no estamos donde estamos ahora; cuando ella me explicó lo de las escaleras, él ni se inmutó, siguió fumándose el cigarro", explica Antonio.

Poco después, el marido admitió este último episodio ante el juzgado, que le condenó a seis meses de prisión por malos tratos, a una pequeña indemnización y a hacer un curso de maltratadores. "Nunca cumplió la pena de cárcel porque no tenía antecedentes", subraya el hermano de Ángeles, quien asegura también que sus sobrinos no tienen hoy la misma percepción sobre su padre. Uno de ellos trabaja con M. R. en su empresa de movimiento de tierras. "El otro no puede ni ver a su padre", asegura Antonio, quien admite que la guardia civil ya registró las propiedades del marido y nunca encontró nada.

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