CAPILLA ARDIENTE INSTALADA EN EL SALÓN DE PASOS PERDIDOS

El Rey y la clase política rinden tributo y dan su último adiós a Marín en el Congreso

Las autoridades que pasan por la Cámara destacan su aptitud para el diálogo, su europeísmo y sus convicciones democráticas. El Rey, Rajoy. González, Zapatero y Sánchez acuden al velatorio

Foto: El Rey vela el cuerpo de Manuel Marín en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso, este 5 de diciembre. (EFE)
El Rey vela el cuerpo de Manuel Marín en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso, este 5 de diciembre. (EFE)

Último adiós a Manuel Marín en su última casa política. El Congreso, la Cámara que el socialista presidió en la VIII Legislatura, de 2004 a 2008. Allí, en el Salón de Pasos Perdidos, el más solemne después del hemiciclo, se instalaba este martes la capilla ardiente, abierta desde las dos hasta casi las siete de la tarde. El Rey, el presidente del Gobierno, sus antecesores Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, el líder socialista, dirigentes de distintas formaciones y ciudadanos anónimos desfilaban desde el primer momento para llorarle, rendir homenaje al hombre y al político que fallecía ayer a los 68 años de un terrible cáncer de pulmón. Lo hacían asimismo para glosar su figura y destacar su defensa "con pasión" del "interés general de los españoles y la vocación europea de España", según resumió Felipe VI. Para señalarle como "un ejemplo muy bueno para el futuro", en palabras de Mariano Rajoy. O para poner en valor su indudable "longitud de miras", su capacidad para mirar hacia el futuro, adelantarse a los tiempos, como elogió la número dos del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría.

Una hora antes de la apertura, sobre la una, llegaba a la carrera de San Jerónimo el féretro con los restos mortales del también exvicepresidente de la Comisión Europea. Seis agentes de la Policía Nacional destinados en la comisaría de la Cámara Baja portaron el ataúd desde la Puerta de los Leones —la fachada principal de la institución—, donde se detuvo el coche fúnebre, hasta el interior del edificio a través de una rampa habilitada al efecto. En la escalinata, la comitiva que recepcionó el cadáver estaba presidida por la jefa del Congreso, la popular Ana Pastor, de luto riguroso, al lado de la viuda, Carmen Ortiz, que en sus manos sostenía un ramo de rosas rojas. En la sala anterior a Pasos Perdidos, en el vestíbulo de Isabel II, esperaban los miembros de la Mesa, portavoces parlamentarios y diputados.

El salón de las grandes ceremonias —y de los grandes duelos, porque también acogió, por ejemplo, la capilla ardiente del expresidente Adolfo Suárez—, se había retirado el mobiliario habitual para sustituirlo por dos grupos de sillas a ambos lados del féretro, cubierto con una bandera de España y otra de la Unión Europea, y de una imagen de Marín. Sillas dispuestas en fila para acomodar a los familiares y políticos que acudan a dar un último adiós al socialista. Entre ellos, el rey Felipe VI, ya por la tarde. Sobre el ataúd descansaban las tres rosas rojas y desplegadas por toda la sala, varias coronas de flores, la mayoría blancas. En otra sala contigua, los servicios de la Cámara dispusieron un libro de condolencias, en el que las distintas autoridades que se acercaron a la Cámara dejaron por escrito su despedida.

El jefe del Estado llegó a las cinco de la tarde y fue recibido a la entrada por Pastor. Tras velar unos minutos el cuerpo, el monarca se dirigió al escritorio. "Ante la triste noticia del fallecimiento de Manuel Marín, quiero dejar testimonio del gran aprecio de la Corona por un hombre de Estado como él lo fue. Gran político y servidor público, siempre defendiendo con pasión el interés general de los españoles y la vocación europea de España, y también fomentando la cercania de Europa a nuestra querida Iberoamérica. Que descanses en paz, Manolo, y gracias por tanto", escribió. En el corto espacio que permaneció en la capilla, coincidió con el líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. A su salida, cuando montaba en su vehículo oficial, los transeúntes le gritaron un "¡Viva el Rey! ¡Viva España!".

El Rey: "Gran político y servidor público, siempre defendiendo con pasión el interés general de los españoles y la vocación europea de España"

Cerca de las seis y media, y recién aterrizado de Londres, aterrizó en la carrera de San Jerónimo el presidente del Gobierno, que primero departió largamente con la viuda, Carmenchu, y sus hijas, y luego firmó en el libro de condolencias. "Era una gran persona, un gran político y alguien capaz de defender los intereses de su país por encima de cualquier otra consideración". Un "gran europeísta", incidió Rajoy, y que gracias a su "esfuerzo, su trabajo, su empuje y su entusiasmo logró que España" entrara en la UE.

Dogma y diálogo

El jefe del Ejecutivo recordaba cómo el pasado 9 de noviembre acudió al acto en el que la Universidad de Salamanca investía a Marín, junto al presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, doctor honoris causa. Pero no pudo ir por lo avanzado de su enfermedad. "Aunque algunos no se lo crean, los políticos somos seres humanos. Hoy estoy triste, pero veo que alguien deja un ejemplo muy bueno para el futuro", remachó el presidente.

Rajoy: "Aunque algunos no se lo crean, los políticos somos seres humanos. Estoy triste, pero veo que alguien deja un ejemplo muy bueno para el futuro"

Antes que Rajoy pasó por los micrófonos de los periodistas Zapatero, que definió al fallecido como "un gran servidor público, íntegro y honesto", un "español entero" con una vocación "profundamente europeísta", que además presidió "con autoridad" el Congreso e intentó defender su "independencia" frente a los grupos. El secretario general del PSOE resaltó por su parte el "compromiso político", la "vocación de servicio público" y las "convicciones democráticas" de su compañero de filas. Sánchez expresó el "dolor" de su partido, pero también el "orgullo" que supone la figura de Marín, el de los que defienden "la palabra en lugar del dogma y el diálogo en lugar de la imposición".

El Rey y la clase política rinden tributo y dan su último adiós a Marín en el Congreso

Antes de la llegada del cadáver, Pastor destacaba la figura de Marín, "un gran presidente de las Cortes Generales" que "siempre buscaba el diálogo y el entendimiento", impulsor de las "grandes transformaciones" que llevó a cabo el socialista en la Cámara Baja, entre ellas la modernización de sus instalaciones. "Es un día muy triste para el Congreso, para todos los que hemos sido sus compañeros. Además de ser un gran presidente de las Cortes Generales, era una persona muy cercana y muy humana, era un erudito", aseguraba Pastor, quien también destacó la labor de Marín como artífice de la entrada de España en la Unión y como constructor del proyecto europeo.

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Con su mujer y sus hijas

La presidenta trasladó su "más sentido pésame" a la familia del exvicepresidente europeo —fallecido ayer en Madrid a los 68 años— y añadió que es un "honor" para la Cámara acoger los restos mortales de quien fuera su jefe en la VIII Legislatura. El Congreso ofreció a la mujer e hijas de Marín, Paloma y Alejandra, la posibilidad de que la capilla ardiente se instalara en la carrera de San Jerónimo, invitación que fue aceptada. Las tres saludaban a todos los que se acercaban a darles sus condolencias, igual que Pastor y otros miembros de la Mesa, como los socialistas Micaela Navarro y Juan Luis Gordo; las populares Alicia Sánchez-Camacho y Rosa Romero. Los naranjas Patricia Reyes y Nacho Prendes y la podemista Gloria Elizo despidieron asimismo al cuerpo.

"Manolo Marín siempre fue una persona con una longitud miras muy grande en cualquiera de las tareas que desempeñó en política", dice Santamaría

Minutos antes de la apertura llegaba a la Cámara Baja el expresidente Felipe González y su mujer, Mar García Vaquero. Pero no quiso hacer declaraciones. Sí lo hicieron los dos expresidentes manchegos socialistas, José Bono y José María Barreda, y el actual jefe del Ejecutivo regional, Emiliano García-Page. Los tres le conocían mucho, compartieron muchas vivencias con él —"era poco mayor que yo y siempre me trataba como un igual, le conocía desde el colegio, me convenció para que me incorporara al PSOE", relataba Barreda, ciudadrealeño como Marín— y los tres sabían de la terrible y rápida evolución de su enfermedad, cuando le detectaron el cáncer de pulmón que pronto invadió otros órganos como el cerebro y que le habían producido un enorme sufrimiento en los últimos meses.

El presidente manchego, Emiliano García-Page, y su antecesor en el cargo, José María Barreda, junto con los diputados socialistas Margarita Robles y Rafa Simancas, Patricia Reyes (Cs) y Alicia Sánchez-Camacho (PP), este martes en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso. (EFE)
El presidente manchego, Emiliano García-Page, y su antecesor en el cargo, José María Barreda, junto con los diputados socialistas Margarita Robles y Rafa Simancas, Patricia Reyes (Cs) y Alicia Sánchez-Camacho (PP), este martes en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso. (EFE)

Era un hombre "serio, riguroso, de fiar", decía Bono, que sucedió a Marín en la presidencia del Congreso. "Las palabras son torpes para expresar el sentimiento de afecto, cariño y solidaridad con Carmenchu [su viuda], sus hijas [Paloma y Alejandra] y su familia", añadía el expresidente manchego, que acudió a la Cámara Baja acompañado de su hija Ana. Page se dolía de la marcha tan temprana de Marín, cuando todavía "podía seguir aportando" a la política española. De hecho, el propio Marín, como contaban en privado algunos de los asistentes a la capilla, sentía rabia por irse tan pronto, a los 68 años, cuando se sentía pleno. Marín representaba, decía Page, la "moderación personal y política", y estaba dotado de una enorme "capacidad de futuro".

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"Sosiego, serenidad, moderación"

"Era de la gente que miraba a medio y largo plazo, que miraba lejos. Ojalá su ejemplo prendiera hoy en mucha gente en España. Ha aportado sosiego, serenidad y altura de miras", demostrando "criterio propio", dentro y fuera de su partido, dentro y fuera de las instituciones, completó García-Page, quien lo definió como uno de los "castellanomanchegos universales". Marín, para Barreda, es un "ejemplo estupendo de la generación de 1978, injustamente denostada" —el ciudadrealeño era diputado en las Cortes constituyentes, y fue la pieza clave para el ingreso de España en la UE— y que debe "permanecer" en el recuerdo.

Era "serio, riguroso y de fiar", alega Bono, uno de los "castellanomanchegos universales", recalca Page, un "ejemplo de la generación del 78", dice Barreda

Otro de los que le conocía bien, y que más horas pasó en el velatorio, fue el exvicepresidente Alfonso Guerra, que remarcó que Marín fue "uno de los grandes" de su generación que prestó "servicios muy importantes" a España y al PSOE". Ambos entablaron contacto en la clandestinidad, y al cabo de un tiempo le propuso sumarse a las listas del partido en 1977, cuando obtuvo escaño por Ciudad Real. Fue Marín el que se inventó la idea de marcar las votaciones en el pleno con los dedos de una mano, para así indicar fácilmente a sus compañeros de grupo qué botón apretar.

Y él también tuvo un papel destacado en el congreso extraordinario del PSOE de 1979 que consolidó el liderazgo de González y que desterró el marxismo. "Fue él quien ganó" aquel cónclave, rememoraba, porque se recorrió las agrupaciones de media España para convencer a las agrupaciones socialistas. "Siempre le decía: 'Yo soy tu jefe orgánico, pero tú eres mi jefe en ideas", porque las tenía, contaba a los periodistas, y eran "magníficas". Para Guerra, era "un ser humano extraordinario, muy brillante", aunque "un poco enfadoso", bromeaba, recordando su forma de dirigir los plenos y la disciplina que impuso en la Cámara.

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"Dignificar la vida política"

El Gobierno, por su parte, destacó el "sentido de Estado" del expresidente de la Cámara Baja, y también su "longitud de miras", su preocupación constante por "ir más allá de la posición política del momento". "Manolo Marín siempre fue una persona con una longitud miras muy grande en cualquiera de las tareas que desempeñó en política. Una persona preparada. Algo que se necesita, que la gente venga preparada a la a la política, como Marín, un hombre muy preparado con mucho conocimiento de las cosas y con una búsqueda constante de cómo podía mejorar", subrayaba Soraya Sáenz de Santamaría. La número dos del Ejecutivo elogió el empeño de Marín por "dignificar la vida política, ayudar en las tareas de todos, llegar a acuerdos con una visión muy suya y fundada de las cosas". "Miraba siempre mucho mas allá, algo tendríamos que trabajar en política, el ser capaz de ver mas allá del momento puntual concreto", remató la vicepresidenta.

El Rey conversa con la viuda, Carmen Ortiz, y las dos hijas de Manuel Marín, Paloma y Alejandra, ante la presidenta del Congreso, Ana Pastor. (EFE)
El Rey conversa con la viuda, Carmen Ortiz, y las dos hijas de Manuel Marín, Paloma y Alejandra, ante la presidenta del Congreso, Ana Pastor. (EFE)

Elogios también del presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán. Marín fue en los últimos años, desde su retirada de la política, en 2008, presidente de la fundación de la eléctrica, que fue la entidad que anunció su fallecimiento ayer lunes por la tarde. "España pierde a un gran hombre", a un dirigente de "tremenda honestidad". "Compartí muchas noches de estudiante en la universidad y en los años en los que colaboramos juntos, él era mi confesor. Podía discutir todos los temas con él con absoluta transparencia y siempre con un sentimiento de honradez y lealtad", indicó a los periodistas.

La portavoz socialista, Margarita Robles, ensalzó el compromiso de Marín con los valores de la democracia, la libertad, el parlamentarismo y Europa. "Hoy nos sentimos más huérfanos", subrayaba, más si cabe porque es la víspera del 39º aniversario de la Constitución, cuyos valores eran para él "parámetro y referencia de su vida". Su homólogo del PP, Rafa Hernando, recordó el afán del expresidente por modernizar la casa; Aitor Esteban, del PNV, destacó lo "buena persona" que era, que "es lo mejor que se puede decir de nadie"; Miguel Gutiérrez, de Ciudadanos, su contribución a la construcción europea.

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Fueron muchas las personalidades que quisieron rendir homenaje a Marín en el Congreso: el presidente del Senado, Pío García-Escudero; el portavoz del Ejecutivo, Íñigo Méndez de Vigo, y el titular de Justicia, Rafael Catalá; el presidente del Supremo y del Poder Judicial, Carlos Lesmes; el presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría; el jefe del Tribunal de Cuentas, Ramón Álvarez de Miranda; los expresidentes de la Cámara Landelino Lavilla, Federico Trillo, Luisa Fernanda Rudi, Jesús Posada (además de Bono); los exvicepresidentes del Gobierno Alfonso Guerra, Pedro Solbes, Elena Salgado y Rodrigo Rato; los exministros Javier Solana, Joaquín Almunia, Carlos Solchaga, Miguel Ángel Moratinos, Miguel Sebastián, Trinidad Jiménez, el expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, los exdefensores del Pueblo Enrique Múgica y Soledad Becerril y el titular interino de la institución, Francisco Fernández Marugán; el exlíder de UGT Cándido Méndez y muchos parlamentarios y veteranos socialistas como José Enrique Serrano o Clementina Díaz de Baldeón...

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Y también estaba allí uno de los ponentes vivos de la Constitución, José Pedro Pérez-Llorca, y Adolfo Suárez Illana, hijo del primer expresidente de la democracia. La nómina de representantes de los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, fue mucho menor. El duelo estaba, una vez más este año, en el PSOE, que en febrero perdió al exministro José Antonio Alonso y, en abril, a la extitular de Defensa Carme Chacón, que también fue vicepresidenta primera de la Cámara Baja con Marín.

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Cerca de las siete de la tarde, el féretro de Marín abandonaba el Congreso, despedido por Pastor, Carmenchu Ortiz y sus hijas. Y los aplausos, la ovación póstuma a una figura clave de la política española de las últimas cuatro décadas, a un expresidente algo severo pero con la firme voluntad de renovar la casa de la soberanía popular, al hombre que consiguió introducir a España en la modernidad de la Unión Europea.

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