"Se están haciendo diagnósticos erróneos"

Los genios invisibles de las aulas: ¿cómo afrontan los superdotados el nuevo curso?

La falta de formación en altas capacidades de los profesores y un sistema educativo que prioriza la homogeneidad dificultan los diagnósticos y no frenan el fracaso escolar

Foto: Juan es superdotado y ha conseguido la flexibilización a un curso superior. (Foto: Natalia Lázaro Prevost)
Juan es superdotado y ha conseguido la flexibilización a un curso superior. (Foto: Natalia Lázaro Prevost)

La inteligencia es hereditaria y las altas capacidades —aunque el debate está abierto— también. La Ley de Educación 2/2006 recoge las necesidades educativas de los niños con altas capacidades —AACC— y superdotación intelectual, pero la realidad en las aulas dista mucho del código legal. Si usted es padre, profesor, terapeuta o ha sido alumno —por probabilidades, algo le tocará—, sepa que las escuelas de nuestro país están repletas de pequeños cerebros geniales sin identificar. Y esto tiene consecuencias, porque el tiempo corre en ralentí comparado con su frustración. “Algunos de los países que van en primer lugar en educación es porque percibieron como talentos a los niños con altas capacidades y entendieron que es beneficioso para el desarrollo de su país”, advierte la presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST), Alicia Rodríguez Díaz-Concha. Esto todavía no ha pasado en España.

Juan sabe desde bien pequeño que su cerebro funciona mucho más rápido que el del resto de sus compañeros. También que el de sus profesores. Tiene 13 años y ha empezado tercero de la ESO, un año más del que le corresponde por edad. Su padre solía multiplicar sin necesidad de boli ni papel cifras de tres números en un par de segundos. Cuando el pequeño formuló su primera pregunta con tan solo 10 meses de vida, su madre, Mª Teresa Rodríguez, ahora viuda, tuvo la firme intuición de que Juan era especial.

Las sospechas se fueron confirmando. No solamente se cansó de gatear y empezó a andar prematuramente, sino que aprendió los colores antes de ir al colegio y aprendió a leer observando los carteles de las calles. De hecho, su primer gran examen lo pasó con su padre. Con él hojeaba revistas de coches y motos que al salir a la calle era capaz de reconocer por marca y modelo cuando pasaban por delante.

La verdadera evidencia llegó al poner un pie en la escuela. Para lo que sus compañeros necesitaban un mes, Juan en una semana ya lo tenía asumido. “El curso académico ha sido siempre una desmotivación constante”, lamenta su madre Mª Teresa. Ya no recuerda el día en que vio a su hijo estudiar, porque con una lectura aprueba con nota los exámenes de cualquier asignatura. “¡Se sabía hasta los papeles de todos sus compañeros en la obra de Navidad!”, recuerda con incredulidad. Decidida a tomar medidas, solicitó al colegio las pruebas de altas capacidades que, ante su sorpresa, el centro escolar se negó a tramitar. “Me dijeron que no veían señales y que no iban a pedir el test”, explica ahora con la confirmación de superdotación de su hijo.

Mª Teresa trabaja día a día por motivar a sus dos hijos superdotados. (Foto: Natalia Lázaro Prevost)
Mª Teresa trabaja día a día por motivar a sus dos hijos superdotados. (Foto: Natalia Lázaro Prevost)

“Curiosamente, somos los padres los primeros en notar ciertas diferencias en nuestros hijos cuando los comparamos con los de su misma edad”, explica la presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST), Alicia Rodríguez Díaz-Concha. Una gran sensibilidad, preocupación por temas que no son para su edad, la defensa sobre la justicia o su forma de aprender casi autodidacta son características que deben animar a los padres a actuar. Y no con cualquier profesional de la salud. Alicia Rodríguez advierte: “Debe ser un psicólogo sanitario especializado en AACC, no un orientador o pedagogo o psicopedagogo, quien realice las valoraciones, pues a ojo nadie lo puede confirmar”.

Tres palabras suelen resumir el inicio del nuevo curso escolar para estos pequeños genios: aburrimiento, desmotivación y hastío. Así de claro, así de sincero. Muchos no encuentran con quién compartir sus intereses y terminan siendo los raros o friquis del grupo. “En este clima hostil, se derivan situaciones de psicodolencias con vómitos, dolores de cabeza y estómago que a la larga derivan en problemas de ansiedad o depresión”, denuncia la presidenta de la AEST. Incluso para las personas con diagnóstico, el día a día es una constante frustración: “Los alumnos a los que se les ha concedido la flexibilización a un curso superior manifiestan una gran ilusión ante el nuevo reto siempre con esa prudencia que les caracteriza, pero cuando se dan cuenta de que es más de lo anterior, comienzan sus manifestaciones de malestar”, explica Alicia Rodríguez Díaz-Concha​ a El Confidencial.

Los padres de niños con altas capacidades diagnosticadas pueden —y deben— pedir la adaptación curricular para sus hijos. El artículo 76 de la ley española de educación manifiesta claramente que corresponde a las administraciones educativas “adoptar las medidas necesarias para identificar al alumnado con altas capacidades intelectuales y valorar de forma temprana sus necesidades” y adoptar planes “que permitan al alumnado desarrollar al máximo sus capacidades”. Pero la falta de formación de los docentes en esta materia, sumada a la tendencia homogeneizadora del sistema educativo, tiene un resultado fatal: se estima que un 70% de los alumnos y alumnas de altas capacidades no será identificado este curso entrante.

Las AACC son para toda la vida, y no detectarlas pasa factura hasta la edad adulta. Desde la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST) denuncian que “se están haciendo diagnósticos erróneos donde se confunde la superdotación con la bipolaridad, el síndrome de Asperger o el TDAH, y esto es realmente preocupante”. Otras principales reivindicaciones son la creación de un equipo de referencia en altas capacidades, la eliminación de los plazos administrativos para solicitud de flexibilización y saltos en cada etapa, la formación obligatoria para el profesorado y el derecho a la no escolarización con permiso para examinarse con profesionales especializados.

Propuestas para un escenario modelo

¿Cómo puede un maestro ayudar si tiene mucha vocación pero poca preparación?, ¿por qué en medicina el acceso está restringido a los mejores, y en educación no?, se pregunta la psicóloga clínica especialista en altas capacidades Ingrid Creus. “La detección debería hacerla la escuela y para ello debería contar con un equipo variado de especialistas formados y actualizados”, propone la terapeuta.

La inteligencia es un concepto difícil de delimitar. Según el psicólogo de la Universidad de Harvard Howard Gardner, la inteligencia más castigada en nuestros tiempos es la emocional. Ingrid Creus lo apoya: “Nos da miedo admitir nuestras limitaciones y la realidad es que nuestros niños están hiperestimulados, lo cual favorece que los test que miden la inteligencia den resultados altos porque lo que valoran son las capacidades lógicas, matemáticas y lingüísticas”.

La propuesta de Ingrid Creus empieza por “admitir de forma natural que las aulas estén organizadas por capacidad intelectual y no por edad cronológica”. Creus también anima a “que se permita que estos niños invadan las universidades y que la Administración potencie nuevas asignaturas, transversalidad de las mismas, nuevos itinerarios y que haya detrás un profesorado altamente cualificado”.

En un modelo educativo de referencia en AACC, las correcciones podrían hacerse 'online' y valorar diferentes capacidades, como se hace con las competencias básicas. “Cada ser humano tiene un don que la familia en primera instancia y luego la escuela deben potenciar, porque no sirve de mucho ser muy inteligente y carecer de humildad, perseverancia o sacrificio”, sentencia la especialista.

Las familias piden una atención individualizada, pero psicólogos como Ingrid Creus defienden que “debe darse de la misma manera que se les da al resto del alumnado, porque la ley deja claro que hay que desarrollar al máximo las capacidades de todos”. Las escuelas tienden a la homogeneidad, que, como ella critica, “es lo más antinatural del mundo”. Entre estas ambiciosas propuestas, Ingrid Creus lamenta que “los protocolos de actuación con los alumnos especiales se toman como mandamientos y luego a puerta cerrada en el aula cada profesor hace lo que buenamente puede”. Con los nuevos criterios de evaluación, “la mayoría aprueba, la familia y el alumno están contentos, pero lo que realmente recibe el alumno es la picaresca típica donde cada uno intenta salirse con la suya con astucia y escepticismo”, lamenta.

Las altas capacidades no están asociadas al éxito escolar. (Foto: Natalia Lázaro Prevost)
Las altas capacidades no están asociadas al éxito escolar. (Foto: Natalia Lázaro Prevost)

Alternativas para el escenario actual

“Como el colegio no se adapta a sus necesidades, la motivación tiene que venir de casa”, lamenta Mª Teresa Rodríguez, que ya ha inscrito a su hijo Juan a piano y natación. Arca es una asociación especializada en altas capacidades donde se estimulan nuevos intereses mediante cursos de enriquecimiento en horario extraescolar —diseño en 3D, Arduino, astrofísica, arte y creatividad, teatro, cine, escritura creativa, cómic e ilustración o matemáticas divertidas—. Su presidenta, la psicóloga Fátima Martí Cardenal, alerta: “La motivación y la creatividad son fundamentales, porque si no hay atención, el talento se pierde por falta de detección y nuestra sociedad no se lo puede permitir”.

Bajar el ritmo es una de las soluciones más recurrentes entre los profesores españoles. Mientras, familiares y expertos se escandalizan. Fátima Martí denuncia que “se confunden términos como rendimiento y alta capacidad, pero la realidad es que uno de los motivos por los que la atención especial no se considera necesaria es el mito de pensar que si hay potencial intelectual, hay éxito académico, y este no está asegurado”.

Las personas con altas capacidades se diferencian de los superdotados por tener talentos específicos, no en todas las materias. La Comunidad de Madrid contempla desde hace 18 años el Programa de Altas Capacidades, que es voluntario y se reforzará este curso con la apertura de una sexta sede, ubicada en el IES Beatriz Galindo de la calle Goya de Madrid. Desde la Consejería de Educación, Juventud y Deporte, confirman que, “desde su origen, el programa ha experimentado un importante incremento en la cifra de alumnos”, pasando de los 157 que participaron en la primera edición a los 2.000 que prevé alcanzar en la de 2017/2018.

El Gobierno de Aragón es pionero en la adaptación escolar de niños con altas capacidades. Un total de 60 centros educativos aragoneses, de los que 17 son institutos y 43 colegios, tendrán desde inicio de curso un programa de desarrollo de capacidades para dar una respuesta inclusiva al alumnado que destaca por su nivel de rendimiento, por poseer un talento especial o por poseer altas capacidades.

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