tercer contingente de combatientes

La permanente presencia de los marroquíes en los atentados yihadistas

Marruecos se resiste a reflexionar sobre la creciente participación de sus ciudadanos en actos terroristas y se lamenta de las condiciones “poco dignas” de los musulmanes en España

Foto: Improvisado memorial a las víctimas en las Ramblas. (EFE)
Improvisado memorial a las víctimas en las Ramblas. (EFE)

En los tiempos en que Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda, planeaba desde Afganistán la voladura de las Torres Gemelas en Nueva York de septiembre de 2001, el marroquí que ocupaba el puesto más relevante en la organización terrorista era su guardaespaldas, el marroquí Abdalá Tabarak. Los nacidos en Marruecos saltan a la palestra del yihadismo en Madrid con el 11-M. La mitad de la célula que perpetró esa matanza nació en el país vecino. Desde entonces, los marroquíes han continuado escalando peldaños y asumiendo un creciente protagonismo en los atentados en Europa. Los últimos, los de Barcelona y Cambrils, el jueves 17 de agosto, y el de Turku (Finlandia) horas después.

Un total de 11 de los 12 integrantes de la célula de Ripoll (Girona) son marroquíes —el duodécimo es melillense— y, a juzgar por las dos detenciones practicadas por la policía de Marruecos, es posible que los atentados de Cataluña tengan ramificaciones al sur del Estrecho. Mustafá el Khalfi, portavoz del Gobierno de Rabat, anunció el jueves que se estaban investigando posibles conexiones en Marruecos.

“Cuatro de cada 10 de los 178 presuntos yihadistas detenidos en España desde 2013 tienen la nacionalidad marroquí y otros tantos, la española”, señala Fernando Reinares, investigador principal en terrorismo del Real Instituto Elcano. Buena parte de los españoles son, además, de origen marroquí, aunque han adquirido recientemente la nacionalidad del país de acogida. Si en los años noventa fueron ciudadanos argelinos los que llevaron la voz cantante del yihadismo en Europa, que golpeaba entonces con mucha menos intensidad, ahora son los marroquíes los que están a la cabeza. Quedó demostrado en París, en noviembre de 2015; en Bruselas, en 2016 y el junio pasado, y hasta en el Puente de Londres, hace dos meses, donde también irrumpió un marroquí criado en Italia.

Beatriz PareraBeatriz Parera
En los territorios controlados en Siria e Irak por organizaciones terroristas, los marroquíes han desempeñado también un papel relevante por su número y las responsabilidades que han asumido. De Marruecos rumbo a esa zona han salido, con la complicidad de las autoridades de Rabat, que querían perderles de vista, entre 1.600 y 2.000 aspirantes a yihadistas, el tercer contingente árabe de combatientes extranjeros después de los tunecinos y de los saudíes. Si a esa cifra se añaden aquellos jóvenes de origen marroquí que, procedentes de Europa, se incorporaron también a filas de grupos terroristas en Oriente Próximo —unos 2.000, según el 'think-tank' International Crisis Group—, el número de yihadistas con vínculos con el reino alauí ronda los 4.000. Son los más numerosos y además algunos de ellos ejercieron en el Estado Islámico cargos de responsabilidad como 'emires' (ministros) de Hacienda, Interior, Justicia y Gobernación provincial. Hubo incluso en Siria una brigada yihadista (Harakat Sham al Islam) compuesta casi exclusivamente por marroquíes.

Marcos García ReyMarcos García Rey

Todo esto coloca en apuros a las autoridades del país norteafricano que fundamentan su relación con Europa, y especialmente con España, en su valiosa colaboración en materia de lucha contra el terrorismo y la inmigración irregular, que pueden llegar a interrumpir —lo hicieron dos veces en 2014— para obtener réditos. A juzgar por lo sucedido en Cataluña y por el fuerte auge de la inmigración clandestina por mar hacia España este año —se duplicarán las cifras de 2016—, el funcionamiento de ambas deja que desear. En el pasado, Yassin Mansouri, jefe de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED, servicio secreto), y Abdelhak Khiam, director de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales de la policía marroquí, se han jactado públicamente de que la cooperación de Rabat ha abortado atentados en España, Francia, Bélgica y EEUU. “Marruecos protege la seguridad de sus socios”, recalcaba Khiam hace dos años en el diario bruselense 'La Dernière Heure'.

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El mismo Khiam llegó a declarar a la agencia EFE que si la comunidad musulmana en España no daba problemas era porque el islam malekita que se practica en Marruecos ejercía sobre ella un efecto balsámico y porque era, en Europa, la más vinculada a su país de origen, al que sus miembros viajaban con asiduidad. Ahora que los atentados de Cataluña han hecho añicos estos argumentos, las autoridades marroquíes guardan en general silencio con la excepción del rey Mohamed VI, que envió un largo telegrama de pésame en el que, sin embargo, omitió mencionar el origen de los terroristas.

Sonia Moreno. CastillejosSonia Moreno. Castillejos

La prensa oficialista sí ha reaccionado, pero negando cualquier responsabilidad del país cuyo pasaporte ostentan y señalando más bien al Estado donde residen los jóvenes marroquíes. “No ha sido ni su país de origen ni su nacionalidad los que han propiciado esta deriva terrorista”, escribió, por ejemplo, Fahd Yata, director del semanario marroquí 'La Nouvelle Tribune', quien mira al norte a la hora de buscar responsables. “Se tiene con frecuencia la sensación de que en varios países, sobre todos europeos, hay enormes grietas en materia de seguridad y de prevención", señaló. "¿Qué autoridad española, catalana o municipal en Ripoll se ha encargado del seguimiento de esos imanes autoproclamados que propagan el terrorismo sin un mínimo de control?”, se preguntó en relación al fundador de la célula terrorista, que fue el imán de esa localidad gerundense.

Críticas a España

Abdelá Boussef, el único alto cargo marroquí que se prestó a comentar lo sucedido en Cataluña, hizo hincapié en las condiciones “poco dignas” en que los musulmanes podían profesar su fe en esa comunidad autónoma y en el resto de España. El presidente del Consejo de Comunidades Marroquíes en el Extranjero (CCME), que tiene rango de ministro, declaró a EFE: “¿Cómo es posible que existan en toda España cinco o seis mezquitas para más de un millón de musulmanes? En toda Cataluña (…) no hay una sola mezquita, solo oratorios. Eso no honra a España”.

En algo tiene razón. Barcelona es la única gran ciudad de Europa con una importante población musulmana que no cuenta con una auténtica mezquita, pese a que no han faltado candidatos para financiar su construcción, y en las escuelas públicas catalanas hay unos 76.000 alumnos musulmanes a los que no se imparten clases de religión islámica pese a que, por ley, tienen derecho a ellas desde 1992. Se informan sobre su religión en internet, donde pueden encontrar de todo.

Beatriz PareraBeatriz Parera
Parte de la solución al problema pasa, según Boussef, por estrechar aún más los lazos con Marruecos, un país que desde abril de 2014 ha logrado librarse del azote del terrorismo. Tras subrayar la escasa formación de los imanes que regentan los oratorios en España, propone que Marruecos “los forme previa concertación con el país de acogida”. A través de las redes sociales y en su correo electrónico, este corresponsal ha recibido, sin embargo, varios mensajes de académicos, periodistas, diplomáticos, empresarios marroquíes que expresan su enorme malestar por el “salvajismo” de sus compatriotas e insisten en la necesidad de abrir un debate en su país. Un par de ellos, que estaban en la Costa del Sol de vacaciones cuando se produjeron los atentados, afirman incluso sentirse incómodos, casi avergonzados, de estar disfrutando en España en esas circunstancias.

En público, solo una personalidad de peso, Hassan Aourid, exportavoz del Palacio Real, ha apostado por extraer alguna lección sobre la “omnipresencia de los marroquíes” en el terrorismo, como le pregunta un periodista de 'La Depêche'. “Esto pone en cuestión las políticas del Estado a propósito de la reestructuración del ámbito religioso” en Marruecos, declaró Aourid. “Demuestra que la reforma, cuyo objetivo era modernizar a los musulmanes, y por tanto a los marroquíes, no ha surtido efecto”, añadió. Pero la responsabilidad también incumbe a Europa porque, según él, “las políticas de integración han fracasado”.

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