El Gobierno se entiende con los barones socialistas

Rajoy cimenta con el nuevo PSOE su 'gran coalición' que descoloca a Iglesias y Rivera

Casi un año después de hacer su apuesta por un gobierno constitucionalista (21-D de 2015 ante el comité ejecutivo del PP), Rajoy aprueba con el PSOE sus primeras leyes económicas

Foto: Rafael Hernando, Antonio Hernando y Jose Manuel Villegas en un desayuno informativo. (EFE)
Rafael Hernando, Antonio Hernando y Jose Manuel Villegas en un desayuno informativo. (EFE)

Casi un año después de hacer su apuesta por "la gran coalición" para gobernar en minoría (21 de diciembre de 2015 ante el comité ejecutivo del PP), Mariano Rajoy se empieza a salir con la suya. El primer paquete de leyes y decretos económicos, con el techo de gasto y las medidas fiscales que conlleva, sale del Consejo de Ministros con el apoyo del segundo grupo del Congreso, el PSOE, hasta sumar 222 diputados, 18 más que en los tiempos de la mayoría absoluta. El diálogo directo con los barones socialistas ha facilitado el primer gran acuerdo de la legislatura y provocado los celos de Ciudadanos.

Rajoy formuló después del 20-D su oferta de gobierno de coalición de partidos constitucionalistas, al estilo de la de Angela Merkel en Alemania, pero los aludidos, Pedro Sánchez y Albert Rivera, rechazaron hasta sentarse a hablar. El secretario general del PSOE buscó el acuerdo con Ciudadanos y la abstención de Podemos, mientras el jefe de C's pedía la cabeza de Rajoy para después aliarse con el socialista en un pacto fracasado porque no sumaba. Después llegaron las terceras elecciones, Rivera quedó obligado a apoyar al candidato del PP y los socialistas a quitar a Sánchez.

Después de 10 meses de bloqueo político y una investidura de última hora, el nuevo Gobierno se adapta a los nuevos tiempos de estar en minoría con el mismo pragmatismo que se manejó con la mayoría absoluta. "Es preferible entenderse con los que suman que con los marginales", dice Cristóbal Montoro después de los primeros acuerdos con los socialistas para relajar el objetivo de déficit de los gobiernos autonómicos, subir el impuesto de sociedades y el salario mínimo, o fijar el techo de gasto en la misma cifra de previsión de diciembre del pasado año.

Rafael Hernando felicita a Mariano Rajoy tras ser investido presidente. (EFE)
Rafael Hernando felicita a Mariano Rajoy tras ser investido presidente. (EFE)

En el Gobierno están encantados con esos pactos, era su principal objetivo para terminar el año y restan importancia al disgusto de Rivera. En fuentes del Ejecutivo aseguran que tenían y tienen informados a los riveristas de todas sus negociaciones con el PSOE, incluso que son los primeros en enterarse. Atribuyen las quejas de sus aliados a tiempo parcial a un problema de celos por protagonismo más que a discrepancias de fondo.

Podemos ha reaccionado con virulencia ante el acuerdo PP-PSOE sobre el techo de gasto por considerar una traición que los socialistas acuerden a cambio una subida del salario mínimo que es la mitad de la propuesta con ellos en el Congreso. También les pareció escasa la relajación del margen de déficit fijado para autonomías.

Las cifras del reparto de escaños (85 del PSOE frente a 32 de Ciudadanos), más el hecho de que los socialistas presiden siete comunidades autónomas han facilitado ese primer entendimiento. "Los barones del PSOE, que son los que mandan, necesitaban el techo de gasto para pagar sus servicios y facturas antes de Navidad", reconocen en medios gubernamentales para apuntar que el pacto era "inexorable" y que la negociación de los presupuestos será más complicada.

De hecho, el próximo objetivo que tiene la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Rafael Hernando, consiste en congraciarse con el PNV para que sus cinco diputados apoyen el proyecto de Presupuestos Generales del Estado que el Ejecutivo quiere llevar a la Cámara en el primer trimestre del próximo año.

Aunque no les convenga airearlo mucho, en el PP tampoco esperan que los socialistas se arriesguen a presentar una enmienda a la totalidad a las cuentas del Estado que pudiera contar con los votos de una mayoría de la Cámara compuesta por PSOE, Podemos y los nacionalistas e independentistas en bloque porque en ese caso Rajoy tendría que disolver las cámaras a partir del 3 de mayo y convocar elecciones. Es lo contrario a lo hablado o sobreentendido en las conversaciones de los populares y los socialistas de la gestora para el desbloqueo político y los compromisos ante Bruselas para dar estabilidad política y económica a España a medio plazo.

Lejos quedó el acuerdo entre PP y Ciudadanos que hizo posible la investidura. (EFE)
Lejos quedó el acuerdo entre PP y Ciudadanos que hizo posible la investidura. (EFE)

"Igual que en la investidura, si el PSOE tiene que sacrificarse al final, lo hará por su propio bien", dicen en el PP por si el PNV se cierra en banda o eleva a la categoría de problema político constitucional el precio de su apoyo a los Presupuestos.

En el PP no parecen asustados ante sus primeras derrotas parlamentarias por su minoría

Al margen de cualquier prejuicio ideológico, el plan del Ejecutivo es negociar cada paso de la legislatura y con el PSOE como principal aliado, por sus 85 diputados y por ser un partido de gobierno obligado a intentar reconstruirse como tal. Como dice Rajoy, "lo que no pueda hacerse por consenso no se hará", o repite Montoro ("nos guiamos por la regla del 175 más 1"). Son la frases que mejor resumen la táctica de un Gobierno encorsetado para cualquier movimiento por sus escasos 137 diputados y con un aliado que solo lo quiso ser para la investidura y con el que suma 169 escaños, a siete de la mayoría absoluta.

En el PP no parecen asustados ante sus primeras derrotas parlamentarias, ni ante los acuerdos de derogación y contrarreformas de sus leyes que alcanzan el PSOE, Podemos, Ciudadanos y los independentistas. Encarrilado el pacto sobre la LOMCE, recurrirán al Tribunal Constitucional para impedir las demás contrarreformas que supongan aumento de gasto, y a su mayoría en el Senado para retrasar los proyectos que no puedan parar en el Congreso.

Tampoco les impresiona el etéreo debate sobre la reforma de la Constitución instalado en partidos y medios. "Falta por ver primero si se ponen de acuerdo en el PSOE sobre qué reforma constitucional quieren", comentan en medios gubernamentales convencidos de que va para largo. De momento, se conforman con cimentar su 'gran coalición' de facto con la gestora socialista.

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