la fiscalía pide 35 años de prisión para ella

Gürtel: Paco Correa casi pierde 'el juicio' tras la peculiar declaración de su exmujer

El testimonio de Carmen Rodríguez llegó a alterar a Correa, que intentó 'reconducirla' en los recesos del juicio. "Estoy atacado", llegó a espetar a los periodistas tras hablar con ella

Foto: Francisco Correa y su exmujer Carmen Rodríguez.
Francisco Correa y su exmujer Carmen Rodríguez.

El 'hall' de la sede que la Audiencia Nacional tiene en San Fernando de Henares ha ido perdiendo vida y color desde que las sesiones del juicio de la primera etapa del caso Gürtel (1999-2005) también han perdido lustre. Lejos quedan ya los primeros días, en los que las esperadas declaraciones de Francisco Correa 'Don Vito' y sus lugartenientes Pablo Crespo y Álvaro Pérez 'el Bigotes' no defraudaron y animaron mediáticamente el cotarro. Pero con el paso del tiempo, el juicio ha decaído en interés, a la espera de que Luis Bárcenas suba de nuevo los decibelios. Por eso, la comparecencia este miércoles de la exmujer de Don Vito, Carmen Rodríguez Quijano, había generado ciertas expectativas, teniendo en cuenta que la relación de la expareja no es buena desde hace tiempo.

Gürtel: Paco Correa casi pierde 'el juicio' tras la peculiar declaración de su exmujer

Sin embargo, la declaración de Rodríguez Quijano fue extraña, confusa, peculiar, en algunos momentos caótica, y sacó de quicio a su ex marido, que con el paso de los minutos se fue descomponiendo en el banquillo de los acusados, metro y medio detrás de su ex mujer. Los aspavientos que hizo tuvieron que ser cortados incluso por el presidente del tribunal, al que no le gustó tanto gesto. 'Don Vito', al borde del síncope, optó entonces por esconder la cabeza en las rodillas mientras su manos intentaban tapar unos oídos que no querían escuchar lo que irremediablemente estaban oyendo.

"Me estoy liando. ¿Le tengo que contestar en función de lo que yo sé ahora o de lo que sabía entonces?". Esta frase resume a la perfección la declaración de Rodríguez Quijano, que desquició incluso a su letrado. Quizá porque Correa esperaba que no se saliera de un guion que otros procesados en la causa, que ya han desfilado ante el tribunal, sí cumplieron a rajatabla. Los que presuntamente siguen 'controlados' por Don Vito cumplieron su papel, disfrazándose de simples peones que ejecutaban obedientemente unas órdenes que solo impartía Correa. 

Y es que Carmen Rodríguez Quijano estuvo en todo momento despistada. Correa intentó corregir la situación, y en el primer receso que hubo (el abogado de ella solicitó al juez parar cada hora debido a la enfermedad de su clienta), salió como un toro bravo al 'hall' buscando a su ex para darle instrucciones. No le gustaba lo que estaba viendo. Tanto, que espetó a los pocos periodistas que había: "Estoy atacado"... "no se acuerda ni de cuándo nació nuestra hija".

El supuesto cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa. (EFE)
El supuesto cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa. (EFE)

Abogados de algunos de los acusados precisan que Correa esperaba este miércoles que, con su declaración, su exmujer ayudara a exculpar al exalcalde de Majadahonda Guillermo Ortega, otro de los procesados. Ortega fue quien la colocó en el ayuntamiento, primero como asesora y después como jefa de Gabinete entre los años 2001 y 2005, años en los que la trama Gürtel hizo y deshizo a su antojo en el municipio. De hecho, gracias al PP de Madrid (Ortega fue secretario de Organización), Rodríguez Quijano fue miembro de la asamblea general de Caja Madrid.

El objetivo, según las mismas fuentes, era que Rodríguez Quijano salvara dentro de sus posibilidades a Ortega y apuntara a otra persona. A José Luis Peñas, el denunciante del caso, también procesado, y el gran enemigo de Correa. Peñas también empezó como asesor con Ortega, luego fue concejal y compañero de Rodríguez Quijano. El hombre que 'traicionó' a Correa, al que estuvo grabando clandestinamente para presentarse en la Policía Nacional y destapar el caso. 

No se exculpó ni a sí misma

Pero Rodríguez Quijano no hizo nada de eso. Ni salvó a Ortega, ni acusó a Peñas. Por no hacer, no supo ni exculparse ella misma. La Fiscalía, en un interrogatorio medido, la puso en apuros sin problemas. Rodríguez Quijano fue torpe, muy torpe. Al principio, aseguró que fue administradora de las empresas de su marido porque él se lo pidió, y que firmaba lo que Correa le decía que había que rubricar. Apenas tenía trato con los colaboradores de su marido e incluso nunca se llegó a preguntar por qué apareció en el notario cuando compró un piso en Majadahonda un tal Luis de Miguel, también procesado por ser el primer blanqueador de la trama. "Mi marido no me contaba nada de sus negocios ni de sus actividades", sentenció. La vivienda, según la Fiscalía, pertenecía a una empresa tapadera de Ortega y su compra sirvió para pagar determinados favores.

En cuanto a su papel en el ayuntamiento, más de lo mismo. No tenía ninguna responsabilidad ni controlaba ningún presupuesto. Despistada, y mucho, no supo explicar por qué desde su departamento de comunicación (que ella dirigía) se contrataba a las empresas de su marido. "Lo que me está enseñando ni lo entiendo ni lo comprendo", llegó a decir. "Nunca cuestioné una orden que recibía, ni en el ayuntamiento ni en otras empresas en las que estuve", señaló. Su abogado, por momentos, se desesperaba. Sobre todo cuando le tocó a él preguntar a su clienta para intentar salvar los muebles. "¿No es menos cierto que usted nunca aprobaba el gasto, que eso lo hacían los concejales?", le espetó el letrado Carlos Pardo para reconducir la situación.

La Fiscalía lo tuvo fácil, y ante la indecisión de la interrogada, mostró un buen puñado de documentos que iban desde facturas con su firma a notas sobre la estrategia que debía seguir Guillermo Ortega tras ser apartado de la alcaldía por Esperanza Aguirre. Rodríguez Quijano no supo responder con convencimiento e incluso la fiscala la pilló en un renuncio cuando explicó que había estado mucho tiempo de baja por el complicado embarazo que tuvo. "¿Firmó estando de baja por el embarazo?", preguntó el ministerio público. Mientras, Correa se seguía desesperando.

Tanto, que en el siguiente receso, Don Vito se fue directo a por José Luis Peñas (con el que no ha cruzado palabra en todas las sesiones del juicio) para intentar obtener una explicación a lo que estaba sucediendo. "Pero ¿por qué no dice la verdad?", le espetó a Peñas. La Fiscalía pide para Rodríguez Quijano 35 años y siete meses de prisión por los delitos de asociación ilícita, cohecho continuado, fraude continuado, malversación de caudales públicos continuado, falsedad en documento mercantil continuado, contra la Hacienda Pública y blanqueo de capitales. En Majadahonda, Correa hizo su agosto: 27,7 millones en contratos amañados para sus propias empresas y para otras. 

Carmen Rodríguez Quijano, en una de sus visitas a la Audiencia Nacional en una foto de archivo.
Carmen Rodríguez Quijano, en una de sus visitas a la Audiencia Nacional en una foto de archivo.

El abogado de Rodríguez Quijano lo siguió intentando. "¿No es cierto que en su casa de Pozuelo su exmarido tuvo una especie de despacho donde guardó mucha documentación y por eso en los registros que hizo la Policía cuando la detuvieron en 2009 [cuando la pareja ya estaba separada] encontró esa documentación en su casa?", le preguntó el letrado. "Sí, sí, es verdad, pero también habría documentación mía", respondió la acusada. El letrado, atónito, no salía de su asombro. "No entiendo la pregunta, la verdad. Es que no le entiendo", señaló Rodríguez Quijano con frecuencia a las preguntas de su defensa.

El ocaso de un matrimonio de la 'jet'

No era el día de la que fuera esposa de Paco Correa. Recuperándose de una enfermedad, su declaración fue desdibujada. Tuvo dificultades para recordar fechas, incluso la del nacimiento de su hija, y para definir la relación que tuvo con algunos de los procesados. "¿Qué es lo que usted entiende como relación?", le llegó a preguntar a la fiscala. "Hay gente que ves, pero no son nadie para ti", señaló. Según Carmen Rodríguez, apenas conocía a Bárcenas y a Ana Mato, la exministra y exmujer de Jesús Sepúlveda, otro de los procesados y exalcalde de Pozuelo.

Y eso que Correa y Carmen fueron dos de los invitados estrella en la boda de postín de la hija de Aznar en El Escorial, celebrada en el año 2002, años en los que se codeaban con la 'jet' de la cúpula del PP. La pareja, a su vez, se había dado el 'sí, quiero' un 28 de junio de 1997, a las 19:00, en el Ayuntamiento de Marbella (Málaga). Ella es hija del importante constructor Emilio Rodríguez Burgallo, ya fallecido y dueño de Construcciones Salamanca, que acabaría siendo imputado años después, en 2006, en otro caso de corrupción de gran trascendencia mediática: la operación Malaya. Casualidades del destino, ofició la boda la entonces concejala Marisol Yagüe, que también se sentaría en el banquillo de los acusados en el caso Malaya.

Hoy, 20 años después, la pareja no es capaz de entenderse en el 'hall' de la Audiencia Nacional. Este jueves, Carmen toma de nuevo la palabra.

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