inseguridad en el medio rural

"Estuvieron saqueando el pueblo durante más de cuatro horas y nadie vino a ayudarnos"

En la mayoría de los casos se trata de bandas organizadas, instaladas en grandes núcleos urbanos como Madrid, Barcelona o Valencia, que "salen de gira por los pueblos a robar"

Luis Miguel Foguet, alcalde de Abánades, tenía un 'pendrive' en su tractor con mil y pico canciones. "Llevaba música española de todos los tiempos para escuchar mientras trabajo, de Sergio Dalma a Nino Bravo o esa otra que dice 'te casaste, la cagaste". Habla de su 'pincho' en pasado y con cierta rabia porque se lo robaron en algún momento de la madrugada del 17 de marzo, la noche que desvalijaron, calle por calle, este pequeño pueblo de la sierra norte de Guadalajara.

Los cerca de 50 vecinos aquí censados (la población pasa de unos 30 en lo más duro del invierno a más de 300 en verano) han tenido tiempo desde entonces para reconstruir minuciosamente lo que ocurrió, en cuántas casas entraron los ladrones y cuál fue el recorrido que hicieron “de un lado a otro, por calles y caminos, eligiendo con calma”.

Reventaron hasta las cerraduras del ayuntamiento, aunque allí "revolvieron todo, pero no encontraron nada de valor". En el bar tuvieron más suerte. "Estuvieron danzando detrás de la barra y llegaron hasta el segundo piso. Yo estaba durmiendo en el tercero y no los escuché entrar, pero se llevaron mi cámara de fotos, una Canon 7D, dos portátiles, la calderilla que había en la caja, 450 euros en metálico de mi madre y un reloj de oro que costó un dineral en su día. Tuvieron tiempo de coger la bolsa con la compra, la fruta del frutero para picar algo y el mando a distancia de la tele, que no sé para qué lo quieren", enumera Javier López, el propietario, que acaba de colocar una alarma en el bar para evitar que vuelva a pasarle.

Así quedó una de las casas saqueadas (Foto: Ernesto Torrico)
Así quedó una de las casas saqueadas (Foto: Ernesto Torrico)

Los saqueadores actuaron sin miedo a hacer ruido. En una de las naves agrícolas ataron unos cables a un Audi y lo arrastraron varios metros con un tractor para poder sacar sin rasguños el vehículo que les interesaba, un viejo Toyota 4x4. "Era un bicho de gasolina que gasta una barbaridad, quizá lo quieren por las piezas o para venderlo en el extranjero", dice el propietario. A la mañana siguiente, muchos vecinos recordaron haber escuchado ruidos extraños: un perro ladrando, un picaporte, el candado de una verja.... "Por el recorrido que hicieron y por dónde anduvieron, calculamos que eran cuatro personas y que estuvieron como poco cuatro horas, desde las doce o la una hasta las cuatro o las cinco", calcula Foguet.

Desprotegidos frente a 'La banda'

En realidad, Abánades era uno de los últimos pueblos de la comarca que faltaban por desvalijar. 'La banda' (como describen a los ladrones) había pasado antes por Renales, Sacecorbo, Canales del Ducado, Canredondo, Laranueva, La Torresaviñán y La Fuensaviñán. "Cada mes le toca a un pueblo distinto. La gente tiene miedo, claro, aquí hay mucha gente mayor. Además, aquí hay muchos cazadores y no sabemos cómo vamos a reaccionar si nos los encontramos robando y te pillan con la escopeta a mano", dice Foguet. "El 80% de la culpa la tiene Unión Fenosa, porque hace medio año que pusieron un piloto en cada casa que se pone rojo cuando no hay corriente. Es como un cartel que les dice a los ladrones dónde pueden entrar a robar".

El propietario del bar de Abánades, junto a la chimenea (Foto: Ernesto Torrico)
El propietario del bar de Abánades, junto a la chimenea (Foto: Ernesto Torrico)

Más allá del detalle de Unión Fenosa, los vecinos de la comarca creen que el problema es que nadie les ofrece protección. La Guardia Civil, se quejan, tarda una media de una hora en llegar cuando hay problemas. "Tienen efectivos en las carreteras para cazar multas y recaudar, pero aquí en el pueblo nos tienen abandonados. Antes había muchos más efectivos y se patrullaba. Ahora no hay nada. Y los que vienen no tienen relación con los vecinos como se hacía antes. Cuando les llamas son como contestadores automáticos", dice Foguet.

Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) confirman que, efectivamente, cada vez gozan de menos recursos. Han pasado de 79.841 a 75.304 efectivos en los últimos cuatro años. "Además, la plantilla está envejeciendo. Pronto habrá más guardias de más de 50 años que de menos de 30. Y la estructura territorial es básicamente la misma desde el siglo XIX, cuando los problemas eran los asaltantes de caminos. Nosotros proponemos reagrupar los cuarteles y adaptarlos a los nuevos tiempos. Otro problema es que la Policía y la Guardia Civil no tienen unificadas las bases de datos y cuando cogemos a alguien no sabemos si tiene antecedentes", explica Juan Fernández, portavoz de AUGC. 

De gira a robar por los pueblos

"Un pueblo de 15 vecinos sufre cuatro robos en 12  días", "Organizan patrullas vecinales en pueblos de Huesca para protegerse de los robos", "Oleada de delincuencia en pueblos de Castellón", "Ocho de cada 10 robos en viviendas en Soria suceden en el medio rural". Por toda España, la prensa local alarma desde hace años sobre el incremento de robos en zonas rurales, sobre todo en las comarcas más aisladas y menos pobladas.

El alcalde de Abánades, Luis Miguel Foguet (Foto: Ernesto Torrico)
El alcalde de Abánades, Luis Miguel Foguet (Foto: Ernesto Torrico)

Según el Ministerio del Interior, no hay datos disponibles para saber si ha aumentado la tendencia. Pero desde los ayuntamientos aseguran que las cosas van de mal en peor. Miles de pueblos que, como Abánades, no tenían problemas de delincuencia desde hacia más de tres décadas y que de pronto se sienten abandonados a su suerte, con unas tasas de robos superiores a las de los peores barrios de las grandes ciudades. "Hace años, aquí nadie cerraba la puerta por la noche y ahora no nos atrevemos a salir a tomar el fresco", dice Aurora, otra vecina. 

Desde la AUGC explican que en la mayoría de los casos se trata de bandas organizadas, instaladas en grandes núcleos urbanos como Madrid, Barcelona o Valencia, que "salen de gira por los pueblos a robar". Preparan una ruta y van desvalijando pequeñas localidades una detrás de otra. "Cada 50 kilómetros en un pueblo distinto... Hemos visto casos en los que dedican dos días a cada robo. El primero se dan un paseo por el pueblo para ver cómo está el asunto y en la noche del segundo día entran a robar". No solo se trata de viviendas, en muchos casos se llevan tractores, sistemas de riego, material de construcción... En la propia comarca de Abánades, recuerda Foguet, una noche desaparecieron varias mulas mecánicas de un pueblo.

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