moncloa intenta sacar el ataque de la campaña

24 horas de descontrol: Presidencia centralizó los datos para evitar otro 11-M

El pánico se apoderó el viernes por la noche del Gobierno tras admitir que había cometido graves errores en la gestión del atentado contra la Embajada de Kabul en la semana decisiva de la campaña

Foto: Mariano Rajoy, en el mitin celebrado el mismo día del atentado. (EFE)
Mariano Rajoy, en el mitin celebrado el mismo día del atentado. (EFE)

La sombra del 11-M gravita desde el viernes sobre la caravana electoral del Partido Popular. El ataque de los talibanes a la Embajada de España en Afganistán que dejó dos policías nacionales muertos no tiene ningún parecido con los atentados que asolaron Madrid a tres días de las elecciones generales de 2004, pero el Ejecutivo de Mariano Rajoy se empeñó en conectar ambos episodios repitiendo los mismos errores que provocaron su primera derrota como cabeza de lista del PP en unos comicios.

El fantasma del 11-M ya estaba en el subconsciente del Ejecutivo antes del viernes. Fuentes de la lucha antiterrorista admitieron a El Confidencial esta semana que los responsables de las Fuerzas de Seguridad se estaban reuniendo casi a diario para evaluar el nivel de amenaza que había en cada momento, a pesar de que el nivel 4 de alerta terrorista decretado desde junio obliga a celebrar una única reunión semanal. Moncloa temía que el terrorismo yihadista se viera tentado de condicionar de nuevo la política interna de un país occidental golpeando el mismo eslabón que ya quebró una vez.

Lo cierto es que no había elementos objetivos que sustentaran ese miedo del Gobierno. Según las fuentes consultadas, hasta el atentado del viernes, ningún indicio hacía pensar que intereses nacionales podían ser objetivo de un ataque, ni dentro ni fuera de las fronteras españolas. Los servicios de la lucha antiterrorista no habían transmitido a Moncloa que modificara la intensidad de la amenaza yihadista que se cierne sobre España en los últimos meses.

El ataque de Kabul pilló al Gobierno a contrapié y, con la victoria ya en la palma de la mano, Presidencia reaccionó sobreactuando para conjurar las previsibles críticas de la oposición y espantar sus propias fobias. Según fuentes de ese departamento consultadas por este diario, los responsables de comunicación del presidente transmitieron al resto de portavoces del gabinete que Moncloa asumiría la gestión del ataque para evitar posibles fallos de coordinación como los del 11-M.

​Una comparecencia sin información

Sin embargo, esa decisión no reportó ninguna ventaja al Gobierno. A las 18.30 horas del viernes, poco antes de comenzar un acto de partido en Orihuela (Alicante), Mariano Rajoy se acercó a los medios de comunicación para informar del atentado. El ataque había comenzado cuatro horas antes pero, como se ha acabado demostrando, el jefe del Ejecutivo no manejaba en ese momento casi ningún dato correcto. Rajoy aseguró que el ataque no había afectado a la Embajada de España en Kabul, sino a un edificio cercano. También dijo que sólo había un agente de Policía herido y que su vida no corría peligro. Y, por último, afirmó que el resto de policías y funcionarios de la delegación ya habían sido liberados. “Lo que parecía una mala noticia, pues al final no es así”, concluyó.

24 horas de descontrol: Presidencia centralizó los datos para evitar otro 11-M

El problema es que el asalto no finalizó hasta siete horas después de esa intervención ante los medios y que el supuesto herido leve, Isidro Gabino San Martín, terminó falleciendo. Además, en el momento en el que Rajoy habló a los medios, ya había otro segundo policía muerto, aunque el presidente no lo sabía. Se trataba de Jorge García Tudela. Presidencia había decidido gestionar toda la información pero el líder del PP salió a hablar sin tener todas las claves.

El Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio del Interior ahondaron en la sensación de caos. El ataque se había producido en una Embajada y los dos fallecidos pertenecían a la Fuerzas de Seguridad, pero los departamentos de comunicación de esos dos ministerios apenas manejaban datos sobre lo que estaba ocurriendo en Kabul. La Dirección General de la Policía Nacional se puso en contacto con su División de Cooperación Internacional, enlace habitual con Exteriores y con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), pero las informaciones que consiguió fueron contradictorias o parecidas a las que erróneamente había manifestado Rajoy. De hecho, la Policía Nacional fue una de las últimas en enterarse de que habían muerto dos de sus funcionarios. 

En el caso de Exteriores, las fuentes preguntadas aseguran que responsables del Ministerio se pusieron en contacto con Presidencia durante la tarde del viernes para tratar de aportar la información que habían conseguido, pero Moncloa rechazó el ofrecimiento y reiteró que todos los datos se iban a coordinar desde sus oficinas. ¿De dónde salieron los datos que facilitó Presidencia a Rajoy para sus primeras declaraciones? Todas las fuentes consultadas señalan al CNI. 

La nota con la muerte del segundo agente

Las críticas al líder del PP comenzaron a arreciar cuando trascendió que ya había un agente muerto y los asesores de comunicación de Presidencia decidieron que Rajoy compareciera de nuevo para tratar de enmendar los errores que había cometido minutos antes. El atentado de Kabul no tenía nada que ver con el 11-M pero, en ese momento de la noche, ya empezaba a parecerse. Y esa sensación familiar para Rajoy se vio reforzada cuando el Ministerio del Interior tuvo que emitir una nueva nota a las 5.55 horas de la madrugada del sábado anunciando que había fallecido el segundo agente.

Presidencia decidió lanzar otra nota a mediodía para tratar de ofrecer la versión definitiva y negar que el Ejecutivo estuviera ocultando información, pero el documento seguía dejando lagunas sin aclarar y confundía puntos del relato que luego fueron nuevamente corregidos, como el motivo de la muerte del subinspector Jorge García. La nota aseguraba que falleció de forma inmediata por la explosión del coche bomba que explotó junto a la puerta de la embajada. Sin embargo, otras fuentes aseguran que falleció cuando trataba de repeler con su arma a los talibanes.

24 horas de descontrol: Presidencia centralizó los datos para evitar otro 11-M

La prueba más evidente del nerviosismo que se adueñó el viernes de Moncloa son los titubeos sobre cuál era el auténtico objetivo de los terroristas, el elemento que traza el paralelismo más nítido con la tragedia de hace 11 años. Rajoy negó que los integrantes del autodenominado Estado Islámico de Afganistán quisieran atentar contra la delegación española. Lo cierto es que, en ningundo de los dos comunicados difundidos por los talibanes en su diario oficial (primero y segundo) se menciona que el objetivo fuera la representación de España. Al contrario, como sostuvo en un principio el líder del PP, los terroristas apuntan a que pretendían atentar contra una cercana casa de huéspedes, que se han convertido en objetivo habitual de los talibanes. La reivindicación de los terroristas es explícita y en ningún momento hace algún tipo de mención a España.

El cuerpo de uno de los talibanes que perpetraron el ataque.
El cuerpo de uno de los talibanes que perpetraron el ataque.

El objetivo eran los voluntarios de USAID

Fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por El Confidencial sostienen esa misma hipótesis. Aseguran que en la residencia cercana se alojan trabajadores de la organización estadounidense de ayuda humanitaria USAID y que los talibanes pretendían atentar contra ellos. Pero, por motivos que se desconocen, tras la explosión del coche bomba que conducía otro integrante del comando, acabaron accediendo al complejo de la embajada de España, que por seguridad no tenía ningún tipo de distintivo en el exterior, e iniciaron un asalto que duró once horas, según testigos directos.

Rajoy salió ante los medios con esa misma información pero Presidencia tardó 24 horas en darse cuenta de que, con dos fallecidos españoles en el parte de bajas y con la Embajada como teatro principal del asalto, no tenía sentido negar que España había sufrido un ataque y continuar aferrándose a que el objetivo inicial de los terroristas era otro edificio, aunque pudiera ser cierto. Entre otros motivos, porque, a diferencia de lo que ocurrió en Irak, la presencia de España en Afganistán cuenta con el aval del Congreso y los partidos de la oposición y, si algo ha hecho el Ejecutivo de Rajoy, es replegar las tropas desplegadas en ese país. En estos momentos, en Kabul ya sólo quedan 21 militares españoles.

 

Reunión, ayer, del Pacto Antiyihadista. (EFE)
Reunión, ayer, del Pacto Antiyihadista. (EFE)

​Cambio de criterio

En la nota de mediodía, Presidencia explicitó el cambio de rumbo con dos frases perdidas en el cuarto párrafo. “En cualquier caso, estamos ante un ataque terrorista en el que han fallecido dos ciudadanos españoles y en el que nuestros intereses han sufrido graves daños. Es, por tanto, un ataque contra España y contra su colaboración en la consolidación de la democracia en Afganistán”, aseguró el comunicado.

El mensaje fue diligentemente transmitido a mediodía del sábado al resto de cargos del PP implicados en la gestión del atentado y, minutos después, todos comenzaron a repetir la nueva versión de forma casi compulsiva. El primero en obedecer esa orden fue el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que compareció a primera hora de la tarde desde León, adonde se había desplazado para dar sus condolencias a la familia del agente Isidro Gabino. Por la tarde, ya en Madrid, Fernández Díaz insistió en la misma idea tras la reunión de la primera comisión del Pacto Antiyihadista. El mensaje también se trasladó en círculos más cerrados, como en la reunión que mantuvo este sábado por la tarde la Dirección General de la Policía con los representantes de los principales sindicatos del cuerpo.

La convocatoria urgente del Pacto Antiyihadista fue el otro gran movimiento que improvisó Moncloa para intentar alejarse del espectro del 11-M. Rajoy mantuvo contactos con los líderes de los partidos de la oposición durante la misma tarde del viernes para informarles de la última hora y sellar complicidades. Sin embargo, la errática gestión del ataque generó críticas contra el Gobierno de todo el arco ideológico y también de sindicatos policiales que amenazaban con marcar la semana decisiva de la campaña. Presidencia optó por convocar el Pacto Antiyihadista para tratar de recuperar la iniciativa y reclamar que no se instrumentalice el atentado. El PP logró exhibir unidad y reconducir por unos instantes su propio desconcierto, pero lo que ocurra en las próximas horas va a depender de si Moncloa se equivoca de nuevo y de si la oposición apuesta por seguir explorando esa veta.

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