Guía para entender el laberinto legal

Las siete diferencias entre una consulta y el 'proceso participativo' del próximo domingo

En el debate entre el Gobierno y la Generalitat del 9N es muy fácil perderse pero, ¿qué diferencia una consulta del sucedáneo que tendrá lugar el próximo domingo?

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (Reuters)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (Reuters)

En el debate entre el Gobierno y la Generalitat es muy fácil perderse. Para el Gobierno, Artur Mas está intentado organizar una consulta ilegal aunque en versión descafeinada. La Generalitat, por su parte, asegura que en el 9-N sólo se va a celebrar un “proceso participativo”. La única cosa en común es que el Tribunal Constitucional (TC) ha prohibido ambos. Pese al discurso de los políticos hay diferencias entre ambos casos que es lo que permite que la Generalitat entienda una cosa del fallo del TC y que en Moncloa lo interpreten como todo lo contrario.

Más allá de que la consulta tenga un formato de votación no vinculante, lo que hasta ahora ha impulsado la Generalitat se parecería más bien a una masiva recogida de firmas. Las siete diferencias entre una consulta y lo que se celebrará este domingo en Cataluña son las siguientes.

1. No hay censo

La movilización de este 9-N tendrá urnas y papeletas. Pero no hay censo. Las personas se acercan al punto de voto y se identifican con el DNI para evitar que una persona pueda depositar su papeleta dos veces. La principal reserva ético-política para este mecanismo es que como resultado se configura un 'listado de buenos catalanes' que han participado en la gran movilización cívica de país. La ausencia de censo es la principal diferencia que alega la Generalitat para que el proceso participativo no pueda considerarse una consulta propiamente dicha. El remedo de censo se autoconstruye cada vez que una persona vota, lo que ralentizará el proceso pero también reforzará el efecto movilizador de lo que se está planteando.

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2. Carece de cobertura legal de la Generalitat

La Generalitat no ha regulado la nueva consulta. No se apoya en ningún decreto, no existe marco legal que se pueda recurrir, lo que obliga al TC con su providencia a operar en el vacío. Se prohíbe la simulación de consulta pero sin que se sepa qué legislación catalana le ofrece amparo. Una vez más, el 9-N se parece más a una recogida de firmas que a una consulta entendida como tal. Esta alegalidad en la que ha operado la publicidad institucional sobre la consulta o el envío de publicidad sobre 9-N a través de una empresa de correo privada es la que hasta ahora ha preservado la movilización.

3. Los funcionarios se inhiben en favor de los voluntarios

Los funcionarios no van a tener un papel activo en la consulta. La amenaza de inhabilitación que pesaba sobre ellos ha sido suficiente para que la Generalitat preserve a su personal público. Ahora son los casi 40.000 voluntarios, la mayoría movilizados por la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC), los que han asumido el proceso de organización, instalarán las urnas, configurarán las mesas y llevarán a cabo el recuento inicial en su primera fase. Esto supondría un problema de falta de garantías si se estuviese hablando de un referéndum al uso. Pero carece de importancia si lo que se está llevando a cabo es un acto de libertad de expresión de un colectivo concreto, en este caso, de manera mayoritaria, los independentistas catalanes.

4. Los colegios abren como en una jornada de puertas abiertas

Los colegios abrirán pero propiamente no como colegios electorales. Se parecerá más bien a una jornada de puertas abiertas. Se podrá acceder a las escuelas como para unas jornadas deportivas. Esto tampoco garantiza de manera legal que todos los colegios vayan a abrir, pero la importancia de ello es relativa al ser más semejante, desde el punto de vista de las escuelas, a una jornada extraescolar que a unas elecciones. Es decir, prima el componente cívico sobre el político.

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5. Las papeletas se imprimen por los votantes

Los votantes pueden imprimir la papeleta con la doble pregunta en su casa. La telematización e internet diluyen el peso organizativo de la protesta. Y así, el principal vínculo entre Artur Mas y los partidos proconsulta –la pregunta pactada entre las formaciones políticas– con el votante depende más de la red que de cualquier Administración.

6. No existe el voto nulo

Otro factor que marca distancias con un proceso refrendario es que no existe un voto nulo. Todos los ciudadanos que quieran pueden introducir en la urna algo diferente a la papeleta. Se pueden proponer candidatos a la Generalitat, protestar contra los recortes o, incluso, bromear… y todo esto, en principio, también será recogido en el recuento. La clave radica en la expresión de los participantes, no la rigurosidad de la normativa.

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7. Lo importante no es el recuento, sino la participación

Para acabar, el resultado final es indiferente. Todos los actores dan por hecho que el 'sí' será muy mayoritario. Pero como en una manifestación lo relevante será la participación, no el recuento de las respuestas. Los partidos proconsulta obtuvieron en las últimas autonómicas 2,1 millones de votos. Y los promotores del 9-N esperan una cifra similar de participación. En buena parte se lo deberán al TC y su prohibición. Antes de la providencia, había muchas reservas sobre cuántas personas iban a movilizarse en los sectores más nacionalistas. Ahora la expectativa es más alta. Y la lectura política que se pueda hacer no determinará la futura independencia de Cataluña pero sí el apoyo que tiene el independentismo a finales de este año.

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