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"El pequeño Nicolás era mi cliente más joven y hablaba de operaciones millonarias"
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FERNANDO SALAZAR, limpiabotas de 'La tertulia'

"El pequeño Nicolás era mi cliente más joven y hablaba de operaciones millonarias"

Fernando Salazar trabaja en 'La Tertulia Bar', un exclusivo restaurante al lado del Bernabéu donde el presunto impostor acudía a diario, solo o acompañado

Foto: Fernando, limpiabotas del café Tertulia (Fotografía: Pablo López Learte)
Fernando, limpiabotas del café Tertulia (Fotografía: Pablo López Learte)

El chalet de El Viso que le costeaba una constructora no era el único lugar donde le gustaba quedar con los empresarios a los que prometía futuros contactos políticos. El ‘pequeño Nicolás’ era cliente habitual hasta su detención el 14 de octubre de La Tertulia Bar, un exclusivo restaurante ubicado en el corazón financiero de Madrid, casi al lado del Santiago Bernabéu, a diez minutosa pie del casoplón, cuyas llaves tenía, ubicado en la calle Carbonero y Sol. Todos los días, después de tomarse su desayuno, Francisco Nicolás Gómez Iglesias aprovechaba para que el limpiabotas del local le dejara bien brillantes los zapatos antes de pisar la moqueta de su próxima víctima.

“Siempre fue muy educado conmigo y era un buen cliente, el más joven y el más rico. Viene desde hace dos años, más o menos. Siempre me dijo que era hijo de un ministro. A veces venía solo, pero casi siempre estaba acompañado de señores con traje y corbata, con quien hablaba de operaciones millonarias”. El Confidencial habla con Fernando Salazar, el único limpiabotas de todo el Paseo de la Habana, donde lleva 25 años cepillando el calzado de los señores de postín de Madrid. “Me impresionó mucho que un chaval tan joven tuviera la costumbre de limpiarse los zapatos tan a menudo. Pero era muy generoso”.

La vida a todo tren que llevaba el ‘pequeño Nicolás’ le llevó a convertirse en el cliente más espléndido del local. Si Fernando cobra cinco euros por cada servicio, el chaval que en otros escenarios se presentaba como asesor de Vicepresidencia o miembro del CNI le dejaba diez, hasta veinte euros al día. “Una vez invitó a sus dos acompañantes, y por los tres servicios me dejó 50 euros”, detallaba Fernando a este diario ayer al mediodía, minutos antes de que Bertín Osborne reclamase su atención para que atendiera a su compañero de mesa.

La simpatía y generosidad del joven Nicolás también deslumbró al personal de servicio del local, que siguen boquiabiertos tras conocer que el joven que creían conocer en realidad no era ese joven. “Venía siempre, prácticamente todos los días. Solo y acompañado. Y siempre era muy amable con nosotras. Una vez ayudó a una compañera por un problema que tuvo. Hasta se reunió con su abogado. Y se lo solucionó”.

Un bar al que acudía dos veces al día

Francisco Nicolás solía desayunar en este local sobre las nueve de la mañana. Había días que acudía otra vez a media tarde para tomarse su clásica ginebra Brockman´s. “Venía casi siempre con señores mayores, aunque también se dejó ver alguna vez con chavales de su edad”, sostiene una empleada del establecimiento, que reconoce que recibía suculentas propinas del presunto estafador, uno de sus clientes más amigables. “A esta compañera que ya no trabaja aquí llegó a invitarla a una fiesta que organizó”, añade. Siempre desaparecía en un cochazo con chófer.

La vida VIP del ‘pequeño Nicolás’ le arrastró a alquilar gran parte de esos vehículos de alta gama con los que acudía a sitios como La Tertulia. En una de esas empresas a la que le solicitó el último servicio, el del día de su detención, Francisco Nicolás tenía una cuenta al descubierto de unos 5.000 euros. Las deudas se acumulan para este joven, arrestado por la Policía y acusado de falsedad documental, estafa y usurpación de identidad. En Cunef, el centro adscrito a la Universidad Complutense de Madrid donde lleva tres cursos matriculado, tampoco ha abonado los dos primeros recibos del curso, que ya le han vencido. Desde que salió de los calabozos hace diez días, el ‘pequeño Nicolás’ sigue sin pronunciarse a la espera de conocer los detalles de la investigación, que continúa abierta.

El chalet de El Viso que le costeaba una constructora no era el único lugar donde le gustaba quedar con los empresarios a los que prometía futuros contactos políticos. El ‘pequeño Nicolás’ era cliente habitual hasta su detención el 14 de octubre de La Tertulia Bar, un exclusivo restaurante ubicado en el corazón financiero de Madrid, casi al lado del Santiago Bernabéu, a diez minutosa pie del casoplón, cuyas llaves tenía, ubicado en la calle Carbonero y Sol. Todos los días, después de tomarse su desayuno, Francisco Nicolás Gómez Iglesias aprovechaba para que el limpiabotas del local le dejara bien brillantes los zapatos antes de pisar la moqueta de su próxima víctima.

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