CARRERAS, AUTOR DE 'PACIENCIA E INDEPENDENCIA'

“Para los nacionalistas es ahora o nunca. No tendrán una España tan débil en años”

“Avui paciencia, demà independencia”. El catedrático de Derecho Constitucional y articulista Francesc de Carreras escuchó este lema en una manifestación.

Foto: Francesc de Carreras (Foto: L.A. Gómez)
Francesc de Carreras (Foto: L.A. Gómez)

“Avui paciència, demà independència”. El catedrático de Derecho Constitucional y articulista Francesc de Carreras (Barcelona, 1943) escuchó esta proclama a principios de la Transición en una de las multitudinarias manifestaciones a favor de la autonomía. Al principio le sorprendió pero, con el tiempo, entendió que la clave del avance del nacionalismo catalán es la paciencia. Y que la autonomía no es más que una mera fase transitoria de camino a la independencia. El “camino sin retorno” del que el convergente Jordi Turull advertía el pasado martes desde la tribuna del Congreso de los Diputados. Carreras ha recopilado en un libro titulado precisamente Paciencia e independencia una selección de sus artículos en La Vanguardia y El País con los que recorre los avatares de la hoja de ruta que ha desembocado en el mayor órdago soberanista de las últimas décadas y sobre la agenda oculta del nacionalismo.

Pregunta: ¿Qué conclusión extrae del debate del pasado martes y del “no” rotundo al plan de Artur Mas?

Respuesta: Era un debate previsible en el que la delegación catalana venía a buscar el no. Sabían perfectamente que sería un no. No sólo por razones políticas, también por razones jurídicas. Venían a conseguir una cosa que han logrado en clave interna: el poder decir “nosotros hacemos esfuerzos para que España nos comprenda y entablar un diálogo, y son ellos los que se niegan”. Desde este punto de vista han conseguido su objetivo. Sus intervenciones fueron flojísimas, parecían boyscouts de la política. Pero eso seguramente lo han conseguido.

P.: En esa escenificación se puede englobar, por tanto, ese gesto de la diputada de ERC al saludar al presidente Rajoy antes de subir a la tribuna…

R.: Querían demostrar que venían con la mano tendida para el diálogo. Pero el martes por la mañana, escuchaba una radio de Barcelona que estaba diciendo que estos tres se iban a meter en la boca del lobo. En otra radio se decía que esa tarde se iba a demostrar el enfrentamiento entre dos legitimidades, la de España contra la de Cataluña. El conseller Homs estuvo durísimo y vino a decir que España estaba haciendo una política propia de la Edad Media, de duelos entre hidalgos, y que, en cambio, Cataluña estaba haciendo una política de diálogo y mano tendida que era propia del siglo XXI. Y es que las posiciones en Cataluña son muy duras con respecto a lo que ellos llaman España, que es el Gobierno de Madrid, el partido de la oposición, etc.

Las intervenciones de Rajoy y Rubalcaba, por su parte, las encontré excelentes, la verdad. Ante una petición imposible, los dos hablaron de una manera clara, muy sincera y muy pedagógica, que hacía mucha falta para que todo el mundo lo entienda. La Constitución no es un texto que esté en el vacío, sino que responde a posiciones lógicas y posiciones así, como la consulta, tienen que tratarse a nivel de toda España. El que se vaya una parte afecta al resto, a toda España, y esto es incluso extensible a Europa. No es cuestión de que sólo ustedes opinen, sino de que opinemos todos. Lo que se pudo ver y deducir también fue la intransigencia de la posición catalana: el no queremos apaños o terceras vías, queremos sólo una cosa… votar de forma legal o ilegal.

P.: En el último artículo que recoge en esta recopilación se llega a preguntar si Madrid se entera o no de lo que está pasando en Cataluña…

R.: Cuando escribí ese artículo era julio de 2013. Entonces, en Madrid no se enteraban. Yo venía aquí, hablaba con amigos y con gente del mundo político y no se enteraban. Interpretaron mal la manifestación del 11 de septiembre de 2012, que fue el inicio. Después, al ganar Mas las elecciones sin mayoría absoluta, interpretaron que CIU y ERC no se iban a entender y que esto se acabaría con un enfrentamiento entre ellos. Se equivocaban, porque perdían de vista que, en Cataluña, hay muchas personas que creen que esto de la independencia es lo mejor que le puede pasar a Cataluña. También, mucha gente mayor que es lo que llevan esperando toda su vida y que es una cuestión sentimental. Además, piensan que esto será fácil, inmediato y que será hecho con el aplauso de Europa y del mundo porque el mundo admira a este pueblo. Esta gente tiene esto metido y es muy difícil que se le modifique esto. Luego hay un espacio que está en posiciones contrarias y, después, un sector intermedio que espera que le cuenten mejor las cosas y le den razones. A estos, a los racionales que no acaban de decidir quién tiene razón, hay que explicarles la situación tal y como es.

P.: Sin embargo, en uno de los artículos incluidos en el libro sostiene que sería bueno poder plantear una consulta no vinculante para que, de una vez, los ciudadanos catalanes se posicionen. ¿No es esto, en el fondo, lo que pedía la delegación catalana al Congreso?

R.: Es una formulación distinta. No es el derecho a decidir. Es un referéndum consultivo que convoca el Gobierno de Madrid en virtud del artículo 92 de la Constitución para saber qué piensa el pueblo de Cataluña sobre este tema. Es una vía que se parece a la vía canadiense. Yo digo que esto es posible. ¿Que sea conveniente? Se puede ver. Pero se tendría que entender, por las dos partes, que esta puede ser una vía de salida. Naturalmente, antes de hacer esto tiene que haber un debate mucho más serio que el que ha habido hasta ahora. Y un debate hecho por personas con autoridad e independencia. Probablemente, con unos puntos de referencia que sean estudios profundos que puedan ser invocados como estudios de autoridad. Por ejemplo, que un gran jurista europeo analice qué pasaría con Cataluña fuera de la Unión Europea o con una Cataluña independiente en un escenario internacional. Igual diría de un premio Nobel americano que analizase el tema económico o historiadores que se pronuncien sobre la verdadera historia de España y Cataluña. Yo creo que el Gobierno debería impulsar todo esto o a través de una Comisión de las Cortes para darle un aire más neutral, más creíble.

P.: De verdad cree que se puede producir ese debate sereno, racional y sosegado que plantea en un tema tan pasional como este y con una sociedad civil que, como usted mismo describe en libro, vive de la subvención de la Generalitat en muchos casos…

R.: Yo creo que sí. La democracia hay que cuidarla. Si no se cuida y se deja que vayan saliendo ayudas a medios de comunicación sin control alguno, pues se produce esta situación. Pero si somos vigilantes de cómo funciona la democracia y de cómo se produce un debate en la opinión pública, naturalmente que esto se puede producir. En Cataluña se escuchan mucho las radios oficiales y hay medios privados que son notoriamente sesgados, pero también en Cataluña se venden periódicos del resto de España y se ven y se oyen radios y teles de España y del resto del mundo. También hay una reacción de una sociedad que necesitaba el poder. Los empresarios catalanes están muy pendientes de la Generalitat y son muy obedientes. De cierta manera porque la Generalitat da permisos y otorga subvenciones. Pero parte de este empresariado ahora ha hecho números y ha visto que una Cataluña fuera de la UE estaría muy desprotegida porque estaría fuera del mercado común, independientemente de que se pudiera producir un hipotético boicot. Los productos catalanes, por ejemplo, se encarecerían en el mercado común, empezando por España, que es su principal mercado. Todo esto, en un debate racional, claro que influiría a mucha gente.

P.: El título del libro, “Paciencia e independencia, hace referencia a una consigna que usted mismo escuchó en una de las manifestaciones de la Transición: “Hoy paciencia, mañana independencia”. Es la misma hoja de ruta que expuso el diputado Turull a las Cortes al advertir que ha comenzado un camino sin retorno.

R.: Esto yo creo que no se aguanta por ningún lado. Cataluña tiene más autonomía que nunca en la historia. Pero si comparamos la autonomía de Cataluña y de otras comunidades con países federales de nuestro entorno, resulta que tienen un gran poder. Cuando se habla de un nacionalismo español galopante, naturalmente que habrá nacionalistas en España, pero como poder dominante nunca un nacionalismo fuerte permite que el Estado deje de tener tantos poderes y los disperse entre las comunidades autónomas.

P.: Asegura también que esta situación actual no es fruto ni de un Estatuto recortado ni de le negativa a un pacto fiscal. ¿Estaríamos pues en esta misma situación si no se hubieran producido ambos antecedentes?

R.: Habrían buscado otro tipo de excusas porque lo decisivo es que, en estos años, España estaba en un momento débil y sumamente criticable desde el punto de vista económico y también desde el punto de vista institucional con todas las noticias sobre corrupción y el bastante mal comportamiento de las instituciones en cuanto a la separación de poderes. Todo esto, que exige una regeneración en España, ha sido aprovechado. Se han dicho frases en Cataluña, en privado, de que ahora o nunca. No se les presentará una España tan débil como ahora hasta dentro de 15 o 20 años. Por eso han cogido la sentencia del Tribunal Constitucional. El TC tiene la función de preservar la Constitución y, afortunadamente, se hizo esa sentencia y en eso hay que dar las gracias al PP y a Enrique Múgica, el entonces defensor del pueblo, por haber presentado en su día el recurso. Coger esta sentencia como  el enfrentamiento entre dos legitimidades, la legitimidad del pueblo catalán y la legitimidad de 12 magistrados, es no saber qué es la democracia constitucional.

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