"Bolinaga ha podido pasar 30 veces por el mismo sitio en el que disparó a mi padre"
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ALEJANDRO RAMOS, HIJO DEL AGENTE ASESINADO

"Bolinaga ha podido pasar 30 veces por el mismo sitio en el que disparó a mi padre"

“Salí a tomarme un café y me llamó un hermano de mi padre que vive en Mallorca para decirme que salía una foto de mis padres en el periódico, en el diario"

placeholder Foto: El etarra Iosu Uribetxebarria Bolinaga (c, con gorra), a su salida al juzgado de Bergara. (EFE)
El etarra Iosu Uribetxebarria Bolinaga (c, con gorra), a su salida al juzgado de Bergara. (EFE)

“Salí a tomarme un café y me llamó un hermano de mi padre que vive en Mallorca para decirme que salía una foto de mis padres en el periódico, en el diario El Mundo. Ahí fue la hecatombe. La familia de mi padre y yo nunca hemos sabido quién había sido”.

A Alejandro Ramos, hijo de Antonio, el guardia civil asesinado por Josu Uribetxeberria Bolinaga en julio de 1986, nadie le puso en preaviso del tremendo shock con el que iba a arrancar la semana, 27 años después de que el pistolero y carcelero de Ortega Lara acabase con la vida de su padre. Fue en Mondragón, en donde nació Alejandro, quien, con cinco años, no recuerda nada de aquella época ni de su infancia junto a su padre. Vive, desde entonces, en Sevilla. “Yo, con el acento que tengo… para arriba poquito. Yo nací allí pero no he vuelto a pisar aquello. Lo más cerca que he estado es en casa de un amigo que es víctima del terrorismo y que vive en Santander. Es lo más cerca que he estado del País Vasco”.

Las consecuencias de aquel atentado han marcado desde entonces su vida. Su hermano, que vino al mundo pocos meses después, en diciembre de 1986, nació discapacitado, con un autismo. A día de hoy, no es consciente del mundo que le rodea y tampoco sabe que el asesino de su padre ya tiene nombre y cara. “Esto me gustaría recalcarlo con letras mayúsculas. La mayor víctima del terrorismo de España es mi hermano. Mi madre estaba embarazada y cuando nació ya era discapacitado. Al principio pensaban que estaba sordo porque le llamaban y no contestaba. Tardaron en detectárselo. Según fue creciendo se le hicieron una serie de pruebas y le diagnosticaron autismo profundo y que era hiperactivo. Está en un centro, en Huelva”.

"Yo no busco venganza"

Pese a todo, Alejandro trata de encajar la noticia con civismo. Sin afán de revancha. Eso sí, pide justicia. Si no humana, por la enfermedad y la edad de Bolinaga, al menos, divina. “Lo único que quiero recalcar es que yo no busco venganza. A mí me parece demasiado tarde esto, porque esto debería haber pasado hace muchos años. Que sea lo que el juez decida y en relación a la salud de este individuo, que sea Dios quien decida. Yo me quedo con todo lo que ha pasado a raíz de que este individuo apretase el gatillo y poco más que contar”, explica por teléfono.

“Ha sido un shock. En primer lugar porque yo era una víctima de clase B, que son los que no tenemos sentencia y que nunca hemos tenido a un culpable entre rejas. La verdad que, de golpe a porrazo, haya salido todo esto… Estoy intentando aguantar lo más entero que puedo. La educación que me dio mi madre y mi padre hasta que murió me ha enseñado que hay que tener valores y para eso tenemos a nuestros jueces y la Guardia Civil y Dios estará para todo lo demás”, añade. “Por eso no entro en si este individuo tiene que estar en la cárcel o no. No quiero ni hablar de él. Yo lo único que he dicho es que se está paseando por las calles de Mondragón como si no hubiese pasado nada. Ha podido pasar 30 veces por el mismo sitio en el que le pegó los tiros a mi padre y eso está feo. Me dolía sin saber que era el asesino de mi padre, siendo yo víctima del terrorismo, y ahora ya, a ciencia cierta… Porque una cosa está clara, blanco y en botella: va a declarar ante un juez y le declara prisión domiciliaria. Por algo será. Por mucho secreto de sumario que nos quiera poner su señoría. Si le han puesto eso será por algo”.

Conoció a otro etarra en la cárcel

Esta semana su historia se ha contado en ríos de tinta, aunque distorsionada. Estuvo en la cárcel, sí, pero no por drogas, sino por una denuncia falsa de malos tratos. Ver su caso contado de otra manera ha sido como otra condena inmerecida. Como el tiempo que estuvo en la prisión de Sevilla I, en donde tuvo la desdicha de cruzarse, precisamente, con un etarra, Gorka, del comando Vizcaya.

“Yo entré en la cárcel por una denuncia falsa de mi expareja. Tengo los papeles que demuestran que fue mentira. De hecho, a ella le pusieron una orden de alejamiento y yo me he quedado con la custodia de mi hijo, que tiene cinco años. Tuve la desgracia de estar allí, en la cárcel, que para mí ha sido una mancha horrorosa, y, también, de haber conocido a un etarra. Eso a mí nadie me lo va a pagar”, explica.

“Yo estaba en el patio cuatro, conseguí un trabajo remunerado en la cárcel y empecé a ir al módulo ocho para estudiar. Un día, paseando por el patio se me acercó un tío más grande que un castillo y me preguntó que por qué estaba allí. Tuvimos una conversación de unos cinco o diez minutos y me entró de todo por todo el cuerpo. Pero pensé: ¿qué hago yo con un tío tan grande? En seguida se me quitó toda la tontería de la cabeza. Me preguntó por qué estaba allí y le dije que era por una mentira de mi expareja. Él me dijo que era de Bilbao y que tenía 48 años de condena. Me quedé mirándolo y le dije: ¿entonces, qué eres, un etarra? Me dijo que sabía quién era yo por mi padre. Me imagino que se lo diría algún funcionario. Me hizo una insinuación de que si había ido al patio para liarla. Yo le dije que no, que bastantes problemas tenía yo como para embarcarme en más historias”.

Lo único que espera ahora es poder poner punto final a casi tres décadas en un túnel negro. Para dejar de ser una víctima de clase B. Aunque le duela saber que el caso se podría haber cerrado hace muchos. “Para mí tan tarde no es justicia”, concluye. El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno acordó ayer prisión domiciliaria para Bolinaga. El etarra sólo podrá salir de su casa durante las horas necesarias para el tratamiento de su enfermedad y siempre con la vigilancia precisa.

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