APELA A LA CONCORDIA ANTE MAS Y URKULLU

Rouco aboga por dejar atrás actitudes que "pueden volver a causar una guerra civil"

La familia del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez asiste unida al último acto de la despedida al primer presidente del Gobierno de la democracia

Ni Pilar Urbano y su bomba editorial contra el Rey ni Teodor Obiang han empañado el funeral de Estado por Adolfo Suárez oficiado este lunes en la catedral de la Almudena. El protocolo de Zarzuela y Moncloa y la señal oficial ofrecida por Televisión Española han ocultado y relegado a un segundo plano el incómodo saludo del Rey Juan Carlos al presidente de Guinea Ecuatorial, que ha sido una de las primeras autoridades que ha saludo al monarca a su llegada a la catedral de la Almudena.

Las autoridades extranjeras, entre las que estaban también el primer ministro marroquí, Abdelila Benkiran, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso o el viceprimer ministro británico, Nick Clegg, han sido conducidas minutos antes de la llegada de los Reyes al atrio de la entrada de Bailén, en donde, sin cámaras, Don Juan Carlos y Doña Sofía y los Príncipes de Asturias les han saludado por estricto orden alfabético. El primero, el presidente de Andorra y poco después el polémico Obiang, sentado después en el extremo opuesto a donde estaba Mariano Rajoy y su mujer, Elvira Fernández, y los expresidentes González, Aznar y Zapatero. González y Aznar, codo a codo, aunque entre ellos pareciera que hubiera un océano de hielo y de rigideces sólo roto por Zapatero, que se esforzaba en hacer comentarios amables a su predecesor en la Moncloa.

La realización oficial de TVE se entretenía en ese momento en planos generales de la nave central de la Almudena y de algunos de los invitados sin que haya trascendido imagen alguna de lo que sucedía en esa sala anexa, en donde se encontraba también Adolfo Suárez Illana en nombre de toda su familia. En total, han estado representados una veintena de países a través de sus autoridades y otro centenar de Estados a través de sus embajadores.

Rouco apela a la concordia con los nacionalistas

La ceremonia religiosa ha sido oficiada por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y por su sucesor al frente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez. El cardenal ha recordado que, con Suárez, la “concordia fue posible”, tal y como reza en su lápida del claustro de la catedral de Ávila. Rouco ha apelado precisamente a esa capacidad de entendimiento y acuerdo de Suárez para enviar un mensaje político a las autoridades del Gobierno y del Estado de las autonomías presentes en torno al altar mayor de la Almudena.

“La concordia fue posible con él”, ha explicado. “¿Por qué no ha de serlo también ahora y siempre en la vida de los españoles, de sus familias y de sus comunidades históricas?”, ha añadido Rouco ante la atenta mirada, entre otros, del presidente de la Generalitat, Artur Mas, o el lehendakari Iñigo Urkullu. Suárez “buscó y practicó tenaz y generosamente la reconciliación en los ámbitos más delicados de la vida política y social de aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la guerra civil: los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar”, ha añadido.

El mensaje de Rouco Varela no ha pasado inadvertido, pero lo cierto es ha durado lo que ha tardado en celebrarse la misa. A decir verdad, Suárez ha conseguido una vez más elevar a la categoría de normal lo que, en la calle, a día de hoy, no lo es, como es el caso de sentar a Rajoy y a Artur Mas a medio metro de distancia, separados sólo por el ministro de Exteriores, García-Margallo; o a Urkullu a muy poca distancia de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y de los altos representantes del Congreso, el Senado, el Supremo y el Constitucional. Aunque la voluntad de concordia no sido la dominante entre las autoridades a su salida de la iglesia. El Rey abandonaba la Almudena y, al pasar junto a Artur Mas, ha preferido mirar hacia el otro lado de la bancada, mientras que Aznar ni siquiera le ha tendido la mano, gesto que sí han hecho González y Zapatero, así como casi todos los ministros del Gobierno de Rajoy. Así las cosas, el presidente catalán ha ido al encuentro de Urkullu y, con él, en un tono mucho más cómodo, ha recorrido el pasillo hacia la salida.

En su homilía, el cardenal de Madrid también ha querido ensalzar la figura de Suárez, engrandecida con el paso de los años pese a las críticas entre las que se despidió de la presidencia del Gobierno. Por eso, Rouco ha pedido que se le juzgue según el Espíritu y no según la carne. “Hay que huir del juicio según la carne para juzgar según el Espíritu, que es lo que nos posibilita la imprescindible apertura de la mente y del corazón para admitir y aceptar nuestra deuda con nuestro hermano Adolfo”.

El funeral ha congregado también a la plena totalidad de la España de las autonomías dibujada en la Transición. No ha faltado ni uno de los 17 presidentes autonómicos ni los dos representantes de Ceuta y Melilla. El Gobierno ha asistido también en pleno con la única ausencia de Luis de Guindos. En los bancos laterales se han acomodado, por su parte, varios exministros de los equipos de Suárez y de los Ejecutivos posteriores. Entre ellos, Eduard Punset, Esperanza Aguirre o Federico Trillo, actual embajador en Londres.

Los hijos y nietos de Adolfo Suárez se han despedido, afectuosamente, de la Familia Real (sin la infanta Elena) y de las principales autoridades nacionales e internacionales, así como de los amigos del político de Cebreros y primer presidente de la Democracia. Adolfo, el hijo de Suárez Illana, ha abierto la ceremonia con la lectura de un fragmento de la segunda epístola de San Pablo a los corintios sobre la resurrección.

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