editado por planeta, cuestiona el papel del rey

El libro de Pilar Urbano sobre el 23-F tensa de nuevo las relaciones entre Lara y el PP

Nuevo episodio en el frente larvado que el Ejecutivo mantiene con los medios de comunicación. José Manuel Lara vuelve al centro de la diana 'popular'.

Foto: José Manuel Lara junto al Rey don Juan Carlos (Efe)
José Manuel Lara junto al Rey don Juan Carlos (Efe)

Nuevo episodio en el frente larvado que el Ejecutivo mantiene con los medios de comunicación. Y es que, según se explica sin ambages en amplios sectores del partido en el Gobierno, el libro de Pilar Urbano que cuestiona abiertamente el papel del Rey en el 23-F ha vuelto a poner a su editor, José Manuel Lara, en el centro de la diana popular. También la Casa Real, por razones obvias, se muestra molesta con Lara. La publicación -editada por Planeta- sostiene la tesis de que el entonces presidente Adolfo Suárez tenía "claro que el alma del 23-F" era el propio Monarca. Todo un factor de desestabilización de la vida política, del que la Casa Real no queda al margen.

La relación del PP con el magnate de los medios de comunicación es en los últimos meses una montaña rusa marcada por el último Salvados o el tono del último programa del Gran Wyoming. Sí está claro el origen del desencuentro: la entrega de La Sexta al empresario catalán. Corría el mes de agosto de 2012 y el Ejecutivo, con Soraya Sáenz de Santamaría a la cabeza, desoía las recomendaciones de la entonces Comisión Nacional de la Competencia (CNC) y dulcificaba las condiciones para que pudiera hacerse la integración. En un pliego de condiciones no escritas, el Gobierno esperaba que un grupo supuestamente afín como Planeta atemperara la crítica de la cadena de los Roures, Azcárraga o Contreras.

Nada más lejos de la realidad. En el arranque de 2013 y en pleno affaire Bárcenas, la hostilidad de la cadena ya controlada desde Atresmedia no podía ser mayor. Con las cartas sobre la mesa y desde entonces, la vecindad vive picos que se manejan como mejor pueden las partes. El libro de Pilar Urbano amenaza con ser uno de ellos, a tenor de la reacción que se atisbaba ayer en las huestes populares y en tanto vuelve a poner en la picota a la Casa del Rey. Todo, tras realizar El Mundo -también supervisado con lupa por el establishment después la salida de Pedro J. Ramírez- un amplio despliegue desde su portada sobre el documento en cuestión.

Para Planeta, sin embargo, la filosofía está clara: el negocio es el negocio. No en vano, Lara ha mantenido desde hace años -y sin inmutarse- cabeceras ideológicamente tan opuestas como La Razón o el Avui. Y es que no hay mejor forma de ganar las partidas que manejar diferentes barajas. Alguno de sus más estrechos colaboradores no duda en hablar de que cada proyecto tiene alma, y arrebatársela sería como dejarle morir. El caso de La Sexta es paradigmático, en tanto vive uno de sus mejores momentos de audiencia sin tocar su target. Desde el PP, sin embargo, se habla de grados. Una cosa es cambiar de raíz y otra moderar el discurso.

"Hemos sido muy buenos"

El consejero delegado de Atresmedia, Silvio González, hablaba claro sobre este difícil equilibrio en un reciente encuentro mantenido en la sede de El Confidencial. “¿Presiones? Imagino que, de lo que dice La Sexta, hay muchas cosas que no le gustan al partido del Gobierno. Y me imagino que muchas cosas que dice Antena 3 no gustan al partido de la oposición. Al final tienes que convivir, manteniendo tu política informativa. Ser capaz de contar las noticias es absolutamente irrenunciable”, subrayaba el ejecutivo. Y zanjaba: “Cuando planteamos la fusión con La Sexta, teníamos un precedente, que era Cuatro. Y nos dimos cuenta de que un error enorme es intentar cambiarle los atributos a un producto que existe, está en el mercado y tiene un público”.

En esta línea, el primer ejecutivo de la cadena recordaba las tesis defendidas por el dueño de Planeta para explicar cómo pueden convivir medios con distinta línea editorial en el mismo grupo: “Le pregunté y me dijo que al final los medios de comunicación son de sus clientes, de sus oyentes en el caso de la radio y los espectadores en el caso de la tele. Al que tienes que respetar es al espectador”. Una reflexión que no debe agradar demasiado al gabinete Rajoy, alguno de cuyos miembros no escondía su decepción meses después de aprobar la fusión. “Nos dicen que hemos sido muy buenos, pero eso se ha acabado”, exponía sin miramientos una fuente del Consejo de Ministros.

En todo caso, el Gobierno también debe hilar fino en su política mediática, también bajo sospecha. Aunque Rajoy se ha presentado desde el primer día como un político al que poco importan las intrigas mediáticas -y puede que así sea-, miembros de su núcleo de colaboradores más próximo no juegan en la misma liga. En espacio de un mes, tres directores de periódicos nacionales abandonaban su puesto, alguno de ellos señalando directamente al Gobierno popular. Incluso revistas internacionales de prestigio mostraban su extrañeza por ese masivo cambio de guardia. Ayer, con seguridad, más de un político popular se revolvió en su sofá al ver la equidistancia con que Jordi Évole trató la situación en el País Vasco. Y se dio de golpes en la cabeza.

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