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Aguirre niega su 'dedo divino' en la caída de Granados, que sigue en el PP de Valdemoro

El senador entrega su acta de diputado de la Asamblea pero se resiste a abandonar su último cartucho: la presidencia del PP en su pueblo.

Foto: Fotografía de archivo de Francisco Granados y la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. (EFE)
Fotografía de archivo de Francisco Granados y la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. (EFE)

Francisco Granados ha presentado oficialmente su dimisión como senador y diputado regional, pero no ha acudido personalmente al registro a entregar su renuncia. Hizo el trámite por vía administrativa. El popular tampoco asistió ayer al Pleno de la Asamblea de Madrid de todos los jueves, a pesar de ser el protagonista indiscutible en todos los corrillos. Abandona la carrera política porque dice que “está cansado” de la presión que sufren él y su familia desde que se conoce que tuvo una cuenta en Suiza. Granados quiere volver a ser analista financiero en Société Générale, el banco en el que trabajaba como bróker antes de su aterrizaje en la política madrileña. Lo que seguirá siendo el tiempo que Esperanza Aguirre lo permita es presidente del PP de Valdemoro.

Granados entró en la política madrileña en 1998 en Valdemoro, su localidad natal, donde fue reelegido presidente del PP hace un año y fue alcalde durante una única legislatura. El todavía senador del PP ha justificado con su antigua actividad profesional la cuenta que mantuvo abierta en Suiza y que, según sus declaraciones, cerró en el año 2000, justo un año después de ser elegido alcalde de Valdemoro.  

Fueron los buenos datos electorales los que le elevaron a ser miembro del comité ejecutivo regional en 2002. A partir de entonces fue escalando posiciones siempre de la mano de Esperanza Aguirre, que ayer aplaudía enérgicamente la decisión de su compañero una vez que conoció su intención de dimitir. “Tener una cuenta en Suiza no es delito, pero para un político sí lo es. Tiene que dar explicaciones y, si él dice que lo canceló cuando dio el paso a la política, es bastante fácil de probar”.

Francisco Granados deja sus escaños de senador y diputado autonómico

El senador y diputado autonómico enmarca lo ocurrido dentro de la batalla eterna con el PP de Aguirre y González. Fuentes próximas a la presidencia regional niegan rotundamente su “dedo divino” en esta cacería. Granados se sintió muy dolido con las palabras que le propinó públicamente su exjefa y las de González, su eterno rival por alejar al otro de Aguirre. Granados se expresó en estos términos en un plató de televisión sobre el actual presidente de la Comunidad: “Si digo lo que pienso aquí, no me volvéis a invitar”.

De hecho, hubo un momento desde que hizo pública su intención de dimitir de todos sus cargos en que Granados quiso acudir al Pleno de la Asamblea, al que habría sido su último pleno, para “poner a cada uno en su sitio y quedarse tranquilo”. Pero su círculo más cercano le recomendó que no era la manera más adecuada de abandonar la política. Optó por no ir.

La presidencia del partido en Valdemoro, en el aire

Esperanza Aguirre quiere esperar a que se matice qué cantidad exacta tenía su exconsejero en Suiza y se sepa la procedencia de esos ingresos para mover ficha. Fuentes del entorno de la presidenta del PP de Madrid hacen hincapié en que tener una cuenta en Suiza no es delito, “pero para un político sí”, y en que Granados no tiene ningún cargo orgánico dentro de la estructura del partido regional. Aguirre no lo apartará de la presidencia del partido en Valdemoro hasta que no haya pruebas que corroboren que el dinero guardado en el país helvético procedía de las comisiones que el exalcalde se llevó de empresas que consiguieron adjudicaciones públicas de la localidad.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y Esperanza Aguirre.
El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y Esperanza Aguirre.

En estos quince años de dedicación absoluta a la política madrileña, Granados no sólo ha sido secretario general del PP de Madrid, sino que ha sido uno de los hombres fuertes de los gabinetes de Aguirre como consejero de Presidencia, Justicia, Interior y Transportes. Ella lo colocó para presidir la comisión del ‘tamayazo’, que se abrió en el verano de 2003 para investigar por qué dos diputados socialistas no acudieron a la votación de investidura del que hubiera sido presidente socialista de la Comunidad de Madrid. Granados también fue el jefe de la campaña autonómica de 2007, donde el PP arrasó y asumió aún más poder.

El caso de los espías, el principio del fin

Su descenso a los infiernos comenzó cuando se aireó que él habría sido la persona que ordenó espiar al entonces vicepresidente, Ignacio González; al vicepresidente de Madrid, Manuel Cobo, y al exconsejero madrileño de Justicia, Alfredo Prada. El escándalo le pasó tanta factura que, aunque fue reelegido diputado autonómico en las últimas elecciones, Aguirre no le dio ninguna cartera y se limitó a nombrarle senador por Madrid.

Ayer, algunos compañeros de filas recordaban en los pasillos de la Asamblea su ascenso y posterior caída. Todos coinciden en un punto: su figura se empezó a evaporar cuando rechazó ser portavoz del partido. Él había sido la sombra de la presidenta, “y vio aquella proposición como pasar de jugar de primera división a tercera. Nunca lo asumió”. Hoy, Granados cuelga definitivamente la chaqueta de personaje público sin despojarse aún de su último cartucho: mantener el poder del partido en su pueblo.

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