De la liberalización del mercado al 5G: así ha cambiado la forma en que nos comunicamos
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De la liberalización del mercado al 5G: así ha cambiado la forma en que nos comunicamos

Los cambios regulatorios y la irrupción de nuevas tecnologías han jugado un papel determinante en la forma en que nos comunicamos en la actualidad

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Mucho ha llovido desde que, a finales de 1998, España se puso a la par que sus vecinos europeos y liberalizó el sector de las telecomunicaciones. El fin del monopolio de Telefónica y los avances tecnológicos han cambiado de manera radical la forma en la que nos comunicamos. Hace más de veinte años todavía había tarifas diferentes en función de si se hacían llamadas locales o interprovinciales y para conectarse a internet era necesario ‘secuestrar’ la línea casera y pagar religiosamente en función del tiempo de uso.

Hoy, España es una de las potencias mundiales en instalación de fibra óptica. No en vano, nuestro país cuenta con más del 90% de hogares con cobertura a esta tecnología, más de 50 puntos por encima de la media europea. El último informe DESI, publicado en 2020, también certificaba que nuestro país estaba casi a la par que el resto del continente en cuanto a cobertura 4G. Un 95% del territorio tiene acceso a esta tecnología por el 96% del resto de la Unión. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? El viaje del sector a lo largo de los últimos veinte años ha estado protagonizado por decisiones políticas e irrupciones técnicas que han alterado el paisaje para siempre.

La liberalización del mercado

Fue a finales de 1998 cuando en España se ponía fin al monopolio de Telefónica y se permitía la entrada de otros operadores para crear infraestructuras de telecomunicaciones y operarlas por su cuenta. Fue la primera pieza del dominó que puso en movimiento un sector que ha demostrado ser especialmente dinámico. “Posibilitó la aparición de nuevos agentes que ofrecieron una oferta variada, con precios en continua competencia que han posibilitado el desarrollo del sector”, reconoce Adrián Nogales, director de relaciones institucionales del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones.

Nogales también cree que, a pesar de la importancia que tuvo la liberalización en su momento, el mercado y el contexto han cambiado y lo que deberían hacer tanto España como sus socios europeos es remar en la dirección contraria: “Nos tenemos que preparar de cara a la gran integración que llegará con el Mercado Único Digital. No puede ser que Estados Unidos tenga dos o tres operadores para más de 300 millones de habitantes y en Europa tengamos dos o tres… por país.”

La irrupción de las tarifas planas de internet

Durante sus inicios, acceder a la red no solo era lento. También era costoso. Pagar por el tiempo exacto que se estaba conectado no era, precisamente, la mejor manera de democratizar la tecnología. Fue en octubre de 1999 cuando Telefónica lanzaba la primera tarifa plana de ADSL con un coste de 9.300 pesetas al mes (unos 56 euros).

“La tarifa plana te permite olvidarte del uso que haces de la red. Muchos servicios no habrían despegado de no haber existido”, admite Rodrigo García, coordinador del grado de ingeniería de telecomunicaciones del CEU San Pablo. García subraya que incluso hoy en día este es un avance que no está extendido en los países desarrollados: “En Estados Unidos hay servicios, como los videojuegos en la nube, que tienen problemas para asentarse porque todavía no existen estas tarifas, sobre todo en móviles”.

Del ADSL al 3G

Aunque su popularización se produjo en distintos momentos, sus consecuencias fueron similares. El ADSL inició su implantación con la entrada del siglo XXI mientras que el 3G no lo hizo, a nivel masivo, hasta el aterrizaje de los 'smartphones', a finales de esa primera década. “Además de la velocidad, uno de los factores importantes del ADSL era no tener que usar la línea de teléfono. Antes, conectarse a internet no era tan cómodo, tenías que planificar cuándo lo hacías. La llegada del 3G, aunque ya existía internet en el móvil, supuso el momento en que siempre estabas en la red al sacar el teléfono”, apunta García.

El problema de las líneas ADSL radicaba en la infraestructura: el hilo de cobre

Nogales recuerda que el ADSL fue una “apuesta estratégica” de Telefónica para “sacarle el máximo partido a las líneas de cobre” que ya estaban instaladas por todo el país. ¿Cuál era el inconveniente de esta tecnología? Que aunque las velocidades eran muy superiores a las que ofrecían los primeros módems, los hilos tenían un ancho de banda que no se podía superar.

Auge de los OMV

Ofrecer servicios de telefonía utilizando redes operadas por terceros. Los Operadores Móviles Virtuales (OMV) supusieron un cambio en las reglas del juego a partir de 2006. Hasta la fecha, operadores como Euskaltel ya habían adoptado este modelo aunque fue Carrefour Móvil el primero en ofrecer estos servicios después de que la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) obligará a los proveedores a alquilar sus redes.

Para Nogales, se trata de una decisión compleja: “En el momento en que surgió era razonable… pero no lo acabo de ver. Tiene más sentido un operador de infraestructuras (Orange, Telefónica, Vodafone) que invierte y despliega una red y una tecnología. Cargar el mercado con otros operadores que no invierten en una red sino que hacen una reventa legal y regulada… creo que no es positivo”.

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La contrapartida la ofrece García, que cree que la entrada de nuevos actores en el sector siempre es beneficioso, ya que llegan con “ideas nuevas y dinámicas que, si funcionan, las acaban aplicando los grandes”.

De los primeros móviles a la revolución 'smartphone'

Nokia, Ericsson, Alcatel, Motorola… hoy prácticamente han caído en el olvido, pero estas marcas manejaban el mercado de la telefonía móvil con puño de hierro durante los primeros años del siglo XXI. La irrupción del móvil fue fulgurante a finales del siglo XX. En 1995 la penetración era solo del 2,3% pero apenas cinco años después ya había tantas líneas de móvil, 17 millones, como fijas. En 2009 había más líneas de móvil, 51 millones, que españoles. “La tecnología GSM nos acostumbró no solo a la telefonía convencional sino también al SMS. Nadie reparó en que era un servicio que se había convertido en esencial. Los teléfonos se utilizaban tanto para hablar como para enviar mensajes”, recuerda Nogales.

Pero la aparición del iPhone en 2007 cambió las reglas del juego para siempre. “Es el invento más importante de los últimos 20 años”, sentencia García. “En otras tecnologías se han dado cambios incrementales, que te permiten hacer las cosas mejor. En un 'smartphone' haces cosas que antes eran imposibles. Tienes una pantalla conectada a internet con todo lo que quieres a tu disposición: restaurantes, mapas, mensajes o acceso a información”. Con el 'smartphone' sucedió algo similar al móvil convencional: apenas suponían el 10% de la cuota de mercado en España en 2009 pero en 2019 su porcentaje de penetración rondaba el 100%.

Fibra óptica

Hablábamos unos párrafos más atrás del límite físico con el que se encontró el hilo de cobre del ADSL a la hora de ofrecer mayores velocidades de transmisión de datos. Un límite que la fibra óptica ha roto por completo. “España es puntera en conexiones de fibra a casa. Hay más líneas en nuestro país que en el Reino Unido, Alemania, Francia e Italia juntas”, explica García.

Hay más líneas de fibra en España que en Italia, Alemania, Francia y Reino Unido

Las conexiones de fibra a casa, conocidas en argot técnico como FTTH (Fiber To The Home), permiten que los usuarios puedan disponer de grandes velocidades. “Al principio usábamos la fibra para las redes troncales, pero al llegar a la última milla se seguía usando cable de cobre o coaxial. Ahora ya podemos llevarla al domicilio. Disponer de un material inmune a interferencias electromagnéticas permite transportar ingentes cantidades de datos”, ilustra Nogales.

El director de relaciones institucionales del COIT señala la asignatura pendiente de la fibra en nuestro país, las zonas poco pobladas. “Hay muchas zonas rurales o de difícil acceso donde la fibra no se ha desplegado”, reconoce. Una situación que se debería revertir “para que no sean solo las ciudades las que puedan disfrutar de velocidades de conexión de 600MB o de 1GB”.

Fusiones y adquisiciones

La liberalización y la irrupción de los OMVs dibujaron un panorama con multitud de operadores en nuestro país, un lienzo que en los últimos años se ha ido simplificando. Como apuntaba Nogales, ante la inminente llegada del Mercado Único Europeo es razonable pensar que el número de compañías se reducirá en todo el continente, y en España hemos tenido muestras sobradas durante los últimos años.

“Puede parecer, por el covid, que el de las telecomunicaciones es un sector bollante, pero es muy intensivo en inversiones y el rendimiento solo se ve a medio o a largo plazo”, admite Nogales. “El modelo se tiene que revisar y ajustar” de cara a un mercado europeo concentrado en unos pocos actores. “Viendo el momento actual, es lo más razonable”, sentencia.

Del 4G al 5G

Si bien el 4G supuso una mejora incremental, como ejemplificaba García unos párrafos más atrás, la llegada del 5G está llamada a revolucionar las telecomunicaciones no tanto desde un punto de vista de usuario como sobre todo para las empresas. Para llegar hasta el 5G se transitó por un paso intermedio, el del 4G, que amplió los anchos de banda y democratizó algunas prácticas. “Ahora hay mucha más actividad para ver vídeo. Antes te esperabas a conectarte a una red wifi para hacerlo”, reconoce.

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Foto: Reuters.

El 5G multiplicará esa velocidad de transferencia de datos pero, sobre todo, tendrá unas latencias tan bajas que permitirá operaciones en tiempo real desde puntos muy distantes del planeta. “Podrás tener una intervención quirúrgica con un experto en Cincinatti que opera en tiempo real”, ilustra Nogales. Aunque para que la tecnología se democratice todavía habrá que esperar unos meses. “A partir del año 22 deberíamos tener aplicaciones un poco más extendidas”, vaticina.

Será entonces cuando se cierre un círculo iniciado hace más de veinte años por el cual hemos pasado de pagar precios desorbitados por acceder a internet a velocidades de ir por casa a la posibilidad de trabajar en tiempo real desde dos lugares distantes de la geografía con costes competitivos.

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