Del Oceanogràfic al Loro Parque de Tenerife: el covid golpea a los parques de animales
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COSTES FIJOS, DESPLOME DE INGRESOS

Del Oceanogràfic al Loro Parque de Tenerife: el covid golpea a los parques de animales

Los costes fijos de mantenimiento y el desplome de ingresos desequilibra a los zoos y acuarios españoles, obligados a inyectar capital, refinanciar deuda o acudir al auxilio del ICO

Foto: Gori, el bebé de hipopótamo del Bioparc de Valencia.
Gori, el bebé de hipopótamo del Bioparc de Valencia.

Las alarmas han comenzado a sonar con fuerza en los zoológicos y acuarios españoles. Si la primera ola de la pandemia encendió las luces rojas y la reapertura veraniega dio un cierto alivio, el desplome sostenido de las visitas, especialmente en los destinos más dependientes del turismo internacional, han castigado las cuentas de resultados de forma generaliza en el sector, al que han puesto contra las cuerdas. Muchos costes fijos por mantenimiento de animales (comida, veterinarios, limpieza, logística…) convierten a este tipo de empresas en presa fácil del desplome de la actividad.

El pasado 4 de enero, el Oceanogràfic de Valencia, uno de los más grandes y más rentables de España, comunicó que Global Omnium, accionista mayoritario de la concesionaria Avanqua, ha tenido que inyectar nueve millones de euros para paliar la crisis de liquidez ocasionada por la pandemia mundial, dar viabilidad a la empresa y asegurar una gestión óptima del acuario hasta finales de marzo. Sin una recuperación a partir del tercer trimestre es probable que la operadora necesite de nuevos recursos, que están siendo aportados además por la compañía valenciana de servicios. Su socio en el proyecto, el Acuario de Vancouver, no ha participado en la ampliación de capital. Tampoco lo han hecho los directivos que participan a través de Ket Gestión.

"El Oceanogràfic ha sido golpeado especialmente por los efectos de la pandemia y las consecuentes restricciones a la movilidad internacional y en territorio español, ya que desde que tuvo que cerrar en marzo por decreto de la Generalitat valenciana, basándose en razones de fuerza mayor, el acuario valenciano ha perdido una afluencia de público en torno a un 70-90%. Hasta el momento, la plantilla se ha visto afectada por un ERTE en un 33,87 % de media", explicaron fuentes de la empresa.

La razón por la que los ERTE están siendo insuficientes para contener el ajuste del negocio está en la propia idiosincrasia del negocio. El acuario valenciano debe sostener el 90% de sus costes fijos para mantener vivo el acuario, aunque no tenga visitantes.

Varias personas contemplan una beluga en el Oceanogràfic de València. (EFE)
Varias personas contemplan una beluga en el Oceanogràfic de València. (EFE)

Esta merma de ingresos no ha afectado, no obstante, al cuidado de los animales, ni a la experiencia de la visita, ni al mantenimiento de las infraestructuras, que implican gastos fijos del orden del 90% para el funcionamiento del acuario, tanto si hay visitantes como si no. Ubicado en el complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Oceanogràfic es especialmente sensible al cierre del mercado turístico internacional, que en la Comunidad Valenciana se ha desplomado un 70% en 2020.

Daniel Pons, CEO de Rain Forest, operador del Bioparc de Valencia, el de Fuengirola, el Acuario de Gijón y el Biodomo de Granada (aunque en este último ejerce una labor de mantenimiento, no de gestión comercial y taquilla), cree que ha faltado sensibilidad por parte del Gobierno para comprender el tipo de negocio que son los recintos de animales. "En Alemania y Reino Unido ha habido ayudas directas por la labor de conservación y por el bienestar animal; aquí, como los ERTE en algunos casos no son del 65%, no son de fuerza mayor y no nos beneficiamos de los beneficios que eso tiene", dice Pons.

Tras tres meses sin ingresos en la primera ola, el Bioparc de Valencia ha logrado equilibrarse gracias al visitante de la propia ciudad, pero recintos como el de Fuengirola o Gijón han sufrido mucho más. Como muchos otros parques de animales, han tenido que recurrir al préstamo del Instituto de Crédito Oficial, han refinanciado deuda o han puesto en cuarentena nuevas inversiones o proyectos de ampliación, como el parque acuático y de aventuras que Rain Forest planea construir junto al Bioparc de Valencia.

Foto: Los mamíferos marinos tienen la misma o mayor susceptibilidad al covid-19 que los humanos. EFE

El sector genera más de 5.000 empleos directos. Esta es la cifra de los recintos asociados a la Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA), la mayoritaria y la que agrupa a los principales recintos del país. Javier Almunia, presidente de esta patronal, explica que la media de empleados afectados por ERTE ha rondado el 35%, un porcentaje bajo en comparación con otros negocios. "Con la comida, la veterinaria, las tareas logísticas o la limpieza es imposible hacerlo de otra manera. Han podido aplicarse ERTEs a personal de servicios auxiliares, restauración o entradas".

La caída de ingresos ha sido desigual, pero generalizada. Almunia explica que hay recintos con recortes del 50% en visitantes y negocio, pero que el desplome ha sido mayor en plazas como Canarias, muy dependiente del visitante extranjero. Las Islas han registrado descensos del 80% en turistas internacionales que han impactado tal cual en complejos como el Loro Parque de Tenerife, del que Almunia es director, o el Poema del Mar en Gran Canaria. "Lo hemos transmitido. Nosotros tenemos un compromiso y una obligación con el bienestar animal, que es una preocupación y una exigencia legal. Es una dificultad añadida que no se ha entendido muy bien".

La crisis de la pandemia ha llegado, además, sin que acuarios y zoológicos hayan resuelto una de sus principales reivindicaciones ante la Administración: recuperar el IVA reducido del 10% que el Gobierno de Mariano Rajoy incrementó al 21% en plena etapa de ajustes por la crisis de las hipotecas 'subprime'. Los parques de animales y de atracciones se quedaron fuera cuando en 2018, el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, cedió y devolvió el IVA cultural al 10%. "Es una discriminación clara para empresas como las nuestras, con clara vocación de comunicación de la naturaleza", añade Daniel Pons.

Las alarmas han comenzado a sonar con fuerza en los zoológicos y acuarios españoles. Si la primera ola de la pandemia encendió las luces rojas y la reapertura veraniega dio un cierto alivio, el desplome sostenido de las visitas, especialmente en los destinos más dependientes del turismo internacional, han castigado las cuentas de resultados de forma generaliza en el sector, al que han puesto contra las cuerdas. Muchos costes fijos por mantenimiento de animales (comida, veterinarios, limpieza, logística…) convierten a este tipo de empresas en presa fácil del desplome de la actividad.

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