Casi 140 años de historia

Sabadell, el penúltimo superviviente del ocaso de la banca catalana

La entidad, nacida para dar soporte al desarrollo del sector textil en la ciudad catalana, fue una de las pocas que sobrevivió al colapso provocado por la pérdida de las colonias

Foto: Sucursal de Banco Sabadell en Buenos Aires (Argentina), en 1891. (AHBS)
Sucursal de Banco Sabadell en Buenos Aires (Argentina), en 1891. (AHBS)
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La compra de la CAM, en diciembre de 2011, marcó un hito fundamental en la historia de Banco Sabadell y también de las finanzas catalanas. Con aquel movimiento, la entidad presidida por Josep Oliu lograba colarse entre las cinco mayores entidades del país y parecía despejar el estigma que durante más de un siglo había perseguido al sector financiero catalán. "El Sabadell da un vuelco al sector y disipa el mito del fracaso bancario catalán", tituló por entonces 'La Nueva España'.

En la profunda transformación que ha vivido la banca española en la última década, Sabadell ha jugado, de la mano con CaixaBank, el papel de representante del poder histórico de las finanzas catalanas. Pero la posibilidad de que acabe cayendo próximamente engullido por BBVA amenaza con reactivar ese mito del que hace solo unos años era señalado como principal combatiente.

Ese referido mito no era otra cosa que la crónica de un fracaso continuado a lo largo de más de un siglo y que tenía en los nombres del Banco de Barcelona y, más recientemente, de Banca Catalana, sus principales referentes. Una serie de sucesivos traspiés financieros en la región de los que Sabadell siempre fue testigo cercano, pero de los que logró escapar en todo momento con relativa entereza.

Al fin y al cabo, las crisis fueron una constante desde que la entidad dio sus primeros pasos a finales de 1881. Banco Sabadell nació al calor del 'boom' industrial que experimentó Cataluña en las últimas décadas del siglo XIX y, en especial en el periodo comprendido entre 1876 y 1886, los años de la 'febre d'or', en los que el auge económico de la región estuvo revestido de un innegable componente especulativo.

Solo entre 1881 y 1882 se fundaron 28 bancos en Cataluña, de los que 13 ya habían cerrado sus puertas en 1885 y otros 8 lo hicieron antes del fin del siglo. "Este fenómeno, si bien podía estar acorde con una coyuntura positiva para la economía española, una vez que se había acabado la última guerra carlista y la inauguración del modelo político de la Restauración generaba expectativas de normalidad entre los empresarios, también contuvo innumerables elementos especulativos", apunta Pedro Tedde de Lorca en el artículo 'Banca privada y crecimiento económico en España, 1873-1913'.

Al desarrollo de la producción vinícola se había sumado por aquellos años un fuerte progreso industrial, liderado por el sector textil, que había situado a Cataluña en la vanguardia de la economía española. Y precisamente Sabadell pasaba por ser uno de los focos principales de la industria —junto a Terrassa concentraba casi dos tercios de la producción lanera en España—, en torno a la que giraba la práctica totalidad de la actividad en una ciudad que había vivido una notable expansión desde los primeros años 30, cuando apenas sumaba algo más de 4.500 habitantes, hasta los inicios de la década de 1880, cuando ya supera los 18.000.

Y fue, obviamente, el desarrollo de la industria textil, con sus crecientes necesidades de inversión en maquinaria, instalaciones y materias primas la que motivó a un nutrido grupo de industriales de la ciudad a promover la creación de un banco que pudiera apoyar la expansión del negocio. Fue un 31 de diciembre de 1881 cuando 127 miembros de la burguesía local, la mayoría vinculados al Gremio de Fabricantes de la ciudad, firmaron la carta fundacional del banco, que el 10 de febrero de 1882 abría sus puertas por primera vez en el número 8 de la calle Sant Domenec (años después rebautizada como Dr. Puig).

De los 28 bancos creados en Cataluña entre 1881 y 1882, 13 habían cerrado sus puertas ya en 1885 y otros ocho lo hicieron antes del fin del siglo

Con tales orígenes era fácil prever que Banco Sabadell no iba a funcionar exclusivamente como un banco comercial —de hecho, en aquella época, eran la excepción los que no enfocaban gran parte de su actividad en la banca de negocios—. La entidad sabadellense pronto iniciaría una intensa actividad en el mercado de la lana. "La primera actividad que lleva a cabo el banco es presentarse en los mercados de origen de la lana; Francia, en primer lugar, donde consigue la representación de las siete primeras empresas productoras del país y, a continuación, hace lo mismo en Inglaterra, Argentina y Uruguay". Pronto, el banco se convertiría en suministrador de lanas para las industrias textiles de Sabadell, Terrassa, Barcelona y Olesa de Montserrat, según explican los autores de 'Banco Sabadell, 1881-2016: de banco local a grupo bancario internacional'.

La vocación internacional del banco quedaría ratificada en los siguientes años, con la creación de un lavadero de lanas en Bédarieux, en el sur de Francia (1889) y de una sucursal en Buenos Aires (1891), al tiempo que el banco se iba introduciendo en otros sectores industriales de interés para la ciudad, como la entrada en el negocio energético, primero con la compraventa de carbones industriales, desde 1899; y más tarde como socio fundador de la compañía Juan Brujas en Comandita, posteriormente conocida como La Energía S.A.

Para entonces, el banco ya había tenido que hacer a una serie de turbulencias que, en cierto modo, venían marcando el ocaso finisecular de la burguesía catalana y, con ella, de su banca. El primer revés llegó con la crisis de 1886, en la que a las dificultades económicas internacionales se unían las difíciles condiciones del mercado nacional, muy dependiente de la muy inestable y poco competitiva producción de cereal.

El paso a las políticas comerciales aperturistas adoptadas por los gobiernos de la Restauración en aquel momento pondría en dificultades a una industria incapaz de competir con los productos llegados del extranjero, lo que motivaría crecientes presiones para un retorno a las políticas proteccionistas, de las que el Banco Sabadell también sería protagonista. El llamado arancel de guerra de 1891 supuso la victoria de estas posturas.

Pero el retorno del proteccionismo no supuso, ni mucho menos, el fin de las dificultades, en aquellos años en los que Banco Sabadell se vio forzado a finiquitar sus aventuras internacionales en Francia y Argentina. Y en 1898 la pérdida de las últimas colonias españolas en Ultramar, Cuba y Puerto Rico, supuso el golpe definitivo para centenares de negocios, que tenían en aquellos mercados cautivos una vía clave para dar salida a sus productos. Aquel revés económico se llevó por delante a una gran mayoría de los bancos catalanes surgidos en el último cuarto del siglo. Si en 1889, los bancos catalanes sumaban activos por valor de 227 millones de pesetas, 25 años después esa cifra había menguado hasta los 124,7 millones.

Sabadell, por supuesto, no fue ajeno a estas dificultades. Entre finales del siglo y 1907, su volumen de activos se contrajo en más de la mitad, a apenas 3,1 millones, y sus gestores se vieron forzados a reducir de forma ostensible los dividendos a repartir entre sus accionistas. Pero frente al colapso de cientos de entidades, Sabadell consigue mantenerse a flote, gracias a los rendimientos que aún ofrece el negocio de las lanas peinadas y a su profunda imbricación en el entramado socioeconómico de Sabadell. "Esta fuerte vinculación a una demanda real protege el banco de la crisis del sector y lo hace avanzar, mientras el conjunto de la banca catalana decae y va dejando escapar, poco a poco, su lugar preeminente en el sector bancario español", comentan los autores de 'Banco Sabadell, 1881-2016: de banco local a grupo bancario internacional'.

Frente al colapso de cientos de entidades, Sabadell consigue mantenerse a flote, gracias a los rendimientos del negocio de las lanas peinadas

Resulta significativo que un nuevo intento de expansión internacional, el acometido en 2015 con la compra del banco británico TSB, se haya convertido ahora en uno de los más evidentes puntos débiles de un banco que vuelve a precisar de medidas de calado para asegurar su supervivencia en el complejo escenario en que se mueve hoy el sector financiero español.

Un escenario en el que ni siquiera 140 años de capacidad probada de resistir a crisis de muy distinta intensidad parecen garantía suficiente para asegurar que Sabadell seguirá acompañando a CaixaBank en la tarea de mantener viva la antigua relevancia de la banca catalana.

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