PRESIDENTE DEL RACING Y DEL GRUPO PITMA

Alfredo Pérez, 'el antenista' que exprimió la reforma laboral para levantar un imperio

Ha levantado un imperio de la precariedad que le ha llevado a comprar el Racing. Como ya hizo en 2012, ha despedido a nueve empleadas que iban a montar un comité de empresa

Foto: Alfredo Pérez, en su presentación como presidente del Racing. EFE
Alfredo Pérez, en su presentación como presidente del Racing. EFE

"Señores. Hoy será un día de los que nos veamos con corbata, pero nos vamos a ver muchos más días sin corbata que con la corbatita, remangándonos para trabajar y poniendo este equipo donde se tiene que poner, ¿vale?". Nuestro protagonista, el empresario Alfredo Pérez Fernández, se está presentando a la prensa porque acaba de acceder a la presidencia del Racing de Santander, un histórico club de fútbol venido a menos. Mientras habla, en un gesto estudiado, se va quitando la corbata roja y se desanuda el primer botón de la camisa. Eso ocurrió el pasado 7 de junio, cuando Pérez prometió llevar al equipo a Primera División en solo unos años.

Alfredo Pérez, el hombre hecho a sí mismo que en plena crisis ha levantado un imperio de la nada, es el nuevo hombre rico en la tradicional ciudad de Santander. Con el gesto, pretendía dar una imagen de modernidad al saltar al primer plano informativo. Pero esa imagen está empañada por las prácticas laborales que impone en sus empresas: solo unas semanas antes, había despedido a nueve empleadas —todas mujeres— que pretendían montar un comité de empresa. Buceando en sus antecedentes, se ve que se ha ganado el título de rey de la reforma laboral, un marco legal que ha exprimido para tener en sus empresas convenios por debajo del sector. Su historia y la de la precariedad laboral en España estos últimos años discurren paralelas. Por eso, lo mejor es retroceder unos años.

Empezó de antenista y galopó por la crisis con salarios por debajo del sector a una mayoría de mujeres. Hoy, sus 30 firmas facturan 300 millones


En febrero de 2012, con el bono español disparado y medio Ibex presionando a Rajoy para que pidiera el rescate a Bruselas, el Gobierno aprueba la reforma laboral. El plan maestro para salir de la crisis es devaluar los salarios —cosa que acaba ocurriendo y funciona—. Un punto clave es que el convenio de un sector ya no es el mínimo para las empresas. Si pactan con los trabajadores condiciones peores, en teoría, salvan empleo. El discurso oficial sostiene que si los trabajadores aceptan unas condiciones peores para evitar despidos y lo pactan con los empresarios, el Estado no tiene nada que decir. Eso pudo ser así en muchos casos. Pero también hubo empresas que lo aprovecharon más allá del límite: montaron firmas vacías con comités formados por directivos para firmar convenios mínimos a las que luego trasladaban trabajadores (aquí algunos ejemplos) y que la Audiencia Nacional está tumbando.

Alfredo Pérez debió de advertir bien pronto lo que se le venía. Este antenista ya se estaba colocando como gran empresario. De montar un pub en Torrelavega (La Factoría) pasa a una empresa de antenistas junto a su sempiterno socio, Pedro Ortiz: ITM (Instalaciones y Mantenimiento de Telecomunicaciones) y después a una ETT llamada Nexian Spain que da servicio a empresas de telefonía. El 15 de marzo de 2012, solo un mes después de que se aprobara la reforma laboral, 17 empleados de Nexian deciden montar un comité de empresa. El 29 de marzo, durante la huelga general contra esa reforma laboral, varios de ellos salen a la calle. Incluso se fotografían con Miguel Ángel Revilla, entonces en la oposición en Cantabria. Uno de ellos lleva una pancarta alusiva a su patrón: 'Soy Alfredo y robo todo lo que puedo. Verdad verdadera. Nexian'. Verdad verdadera era el lema de Yoigo, uno de los clientes para los que ya trabajaba la empresa de Pérez.

En 2012 fue condenado por vulnerar la libertad sindical. Despidió a 13 trabajadores que iban a montar un comité. En abril, lo volvió a hacer


El 2 de abril de ese año, cuatro días después de la huelga, 13 de los trabajadores que habían presentado la lista son despedidos. La empresa alega el daño a la imagen de esas pancartas durante la huelga. De los otros cuatro, tres abandonaron la idea de representar a los trabajadores y un cuarto no secundó la huelga. Esos no fueron despedidos. Así lo recoge una sentencia de 2012 que declaró nulo el despido y obligó a readmitirlos. La Justicia falló que los despidos suponían "una lesión al derecho fundamental" por "atentar contra la libertad sindical".

Para cuando son readmitidos, poco importa. La empresa ya ha firmado su propio convenio del sector con condiciones peores que las del sectorial de 'contact center', ya tradicionalmente precario. "Hicieron un comité con cuadros medios y directivos y ellos pactaron el convenio", cuenta Sofía Castillo, de Comisiones Obreras, el sindicato que ha decidido aguantar el pulso a Pérez. Cabalgando convenios por debajo del sector, ITM crece. En septiembre de 2012, Alfredo Pérez crea Aon Mobile, empresa de 'call center' para dar servicio a empresas de telefonía.

El secretario de CCOO, Unai Sordo, con Miguel Ángel Revilla y algunas de las despedidas. (J.G.S.)
El secretario de CCOO, Unai Sordo, con Miguel Ángel Revilla y algunas de las despedidas. (J.G.S.)

El negocio va viento en popa. Desde un polígono a las afueras de Torrelavega llega a montar un imperio de servicios, muchos de ellos contratados por las administraciones regionales. Una empresa de alarmas, otra de luz y gas, otra de seguridad privada, una de enseñanza, seguros, calderas... Así hasta más de 30. Hoy emplea a más de 1.000 personas y patrocina un equipo ciclista —el Aldro Racing Team—. A las siglas iniciales de ITM les ha añadido dos letras para llamarse Grupo Pitma, aunque legalmente se llama Tower Valley (como una traducción cómica de Torrelavega). En 2016 facturó 300 millones de euros, frente a los 87 del año anterior (más de tres veces más). "Él es muy inteligente y vivo. Hace 10 años no era nadie y hoy tiene un imperio. En eso no hay que negarle el mérito", cuenta una persona que le ha tratado. La empresa no ha devuelto las llamadas de este diario para recabar su versión.

Pero como la vida son círculos, el pasado mes de abril, Pérez y su empresa volvieron a 2012. El convenio de una de sus firmas, Aon Mobile —que según CCOO es como una continuación de Nexian, de la que recibió trabajadores—, expiraba el 30 de junio y un grupo de trabajadoras se organizaron en secreto para constituir un comité de empresa y negociar mejoras. Fueron despedidas en unos días.

Cuando haces un buen día de trabajo, te premian con un chupachups, un llavero de Yoigo o un boli. Si alguna se marea por el calor, le dan un refresco


"En enero o febrero tuvimos la alocada idea de montar un comité de empresa", cuenta Marta Pellón, una de las que se alistaron discretamente en la lista. Marta se ha reunido con cinco de esas compañeras en la sede de Comisiones Obreras en Cantabria. Allí cuentan cómo era el trabajo bajo el yugo de Aon. "Cuando haces un buen día de trabajo, te premian con un palote, un chupachups o un llavero de Yoigo, incluso un boli. Si alguien se desmaya porque hace mucho calor, le dan una coca-cola. Cuando pides que te suban el IPC, dicen que allí es distinto al del resto de españoles".

Explican que las horas del médico se recuperan, que las fechas de vacaciones no están garantizadas y que por eso algún jefe recomienda tomar el hotel con seguro por si se tienen que cancelar en el último minuto, y que por un 'me gusta' en Facebook alguna ha tenido que dar explicaciones. Sofía Castillo, responsable del sector en CCOO, da conexto del mundillo: "El de 'contact center' [servicios de atención telefónica a terceros] es un sector altamente feminizado [más del 75% de las plantillas están compuestas por mujeres] y precario [jornadas parciales, baja cualificación, prestación de servicios los 365 días del año, trabajo repetitivo con poca autonomía, etc.]". Esa generación atrapada en empleos de bajo valor añadido que en la crisis no tenía mucha opción de permitirse un ataque de dignidad. "Lo que más me gusta del trabajo es el horario", se sincera una.

El convenio de la empresa, aprobado en 2013, establece un salario mínimo mensual de 979 euros, aunque como la mayoría de las empleadas hacen seis horas diarias, apenas cobran 673 euros. El convenio del sector para 2013 establecía un salario mínimo de 1.080 euros, 100 euros superior al que paga Aon Mobile. No es la única diferencia. En el convenio del sector se asciende después de un año, algo que en Aon no está garantizado. Las empleadas despedidas cuentan que algunos ascensos llevaban incluidos tres euros de subida de sueldo.

El convenio del sector para 2013 establecía un salario mínimo de 1.080 euros, 100 euros más al mes del mínimo que paga Aon Mobile

A unos meses de que venciera, y pensando que lo peor de la crisis había pasado, las empleadas buscaron con sigilo gente dispuesta a ir al comité de empresa a negociar mejoras. "Unas compañeras renovaban el contrato cada tres meses y acababa el 30 de marzo. Estábamos esperando al uno de abril para que estuvieran renovadas para presentar la lista del sindicato", cuenta Isabel López. Las cinco despedidas van narrando aquellos días frenéticos en los que sin alzar la voz se fueron animando unas a otras hasta que vieron que algo se torcía. Aon empezó a ampliar la plantilla de forma repentina. "Empezó todo el mundo a firmar contratos y no sabíamos qué pasaba. En CCOO esperaban con la lista para presentarla. Y cuando llamé, me dijeron que en vez de nueve representantes necesitábamos 13 porque la empresa había pasado de 233 empleados a 288. Algo se olían".

Si encontrar a nueve sindicalistas había sido duro, fue imposible elevar el número a 13. No sin que la empresa se enterara y las despidiera de forma fulminante. Lo hizo antes incluso de que la lista del comité estuviera formalmente presentada en Empleo, aunque sí la tenía CCOO, hay correos y mensajes entre ellas. "El 5 de abril a la una de la tarde nos despiden a todas las que estábamos". "Nos dijeron que el cliente no estaba contento con nuestro trabajo". El cliente es MásMóvil. Unas trabajaban en captación, otras en fidelización, llamando a clientes para que pusieran internet o renovaran terminales... Patricia explica que llevaba tres años en la empresa y que es imposible que en unos días todo lo hecho fuese mal: "En esa empresa, si no vendes te echan. La gente está con contratos de tres meses y al que no vende no le renuevan. Llevábamos tres años porque lo hacíamos bien, pero se supone que en cinco días nos cargamos la trayectoria de tres años". A su lado, Virginia del Moral asiente: "El día 27 de marzo nos dijeron que nos renovaban y el 5 de abril nos echaron". La carta de despido esgrimía una "disminución continuada y voluntaria en el rendimiento de trabajo normal o pactado".

Las condiciones de trabajo en el interior contrastan con la floreciente imagen exterior del Grupo Pitma: premios a la excelencia empresarial, recepciones con la CEOE, un lujoso chalé blanco con cristaleras y un toque de ladrillo de 1.221 metros cuadrados en una parcela de 11.271 metros a las afueras de Torrelavega... Y finalmente el salto a lo que marca el poder en una capital de provincias: el club de fútbol. A finales de 2016, Alfredo Pérez entra en el Racing de Santander con un paquete de acciones y finalmente este año se hace con todo el capital y se sitúa de presidente. Quizá como guiño al pasado, a sus empleados ha seguido ofreciéndoles descuentos en las copas en el pub con el que inició su carrera empresarial.

"A él no le gusta el fútbol. Solo va a ver los partidos de sus hijos. El que sabe de fútbol es su socio, pero el que manda es él. Si lo ha comprado ha sido por las relaciones sociales. Es muy inteligente", explica una persona que conoce bien el club y que pide el anonimato. Este estima la inversión real por el histórico club: "En acciones, habrá pagado 2,5 millones. Además, inicialmente dio un préstamo al club de cuatro o cinco millones y después otro igual". Su irrupción ha sido complicada. Despidió a casi todo el cuerpo técnico y gente de toda la vida del club y trajo gestores de fuera. A los pocos días de tomar posesión, montó una fiesta para empleados en el estadio del Racing, que es municipal, lo que generó malestar en el ayuntamiento.

En vez de quedarse calladas, las 'nueve de Aon', como las ha bautizado Comisiones Obreras, buscaron el apoyo de instituciones. "Nos vimos con Revilla un momento, pero ni publicó la foto en sus redes sociales. Solo nos dijo: 'Suerte, majas", cuentan las trabajadoras. El encuentro lo propició el secretario de CCOO, Unai Sordo. El presidente cántabro, tan dado a batallas icónicas, no ha querido entrar en esta. Ahora, además de batallar en los tribunales, esperan un gesto del nuevo Gobierno, que ha hecho de la lucha contra la explotación laboral una de sus banderas y ha anunciado su intención de retocar la reforma laboral para evitar abusos. Esperan que la luz sobre el caso acabe con estas prácticas empresariales: "Queremos volver y montar un comité y mejorar las condiciones de trabajo. No puede ser lo que hay ahora, que si escuchan la palabra sindicato, te despiden".

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