de la provenza a guadalajara

Claves del éxito de la lavanda de Brihuega: un 'nariz' de Loewe y una familia de campo

El 'boom' de la lavanda de la Alcarria, que ya supone el 10% de la producción mundial, atrae a miles de turistas durante el mes de julio

Foto: Las plantaciones suman más de 1.000 hectáreas moradas entre Brihuega y Villaciosa de Tajuña
Las plantaciones suman más de 1.000 hectáreas moradas entre Brihuega y Villaciosa de Tajuña

Rodean el perímetro, leen los carteles que velan por las plantas, se hacen fotos a mansalva, pero, sobretodo, disfrutan de los campos en los que el periodista Manu Leguineche escribió ‘La felicidad de la tierra’, un relato que demuestra que la cotidianidad en un campo de la Alcarria de Guadalajara bien merece un libro, una trilogía, o las plagas de turistas cámara en mano que encontramos un día cualquiera de julio en busca del morado de este paisaje.

- ¡Hasta aquí han llegado los chinos!, comentan en uno de los bares de la entrada de la localidad.

Google Maps sitúa a 100 kilómetros exactos de Madrid el reclamo ‘instagrammer’ de estos días de verano: Brihuega, tierra bélica donde las haya, escenario de la ‘batalla de Villaviciosa’ y el ‘asalto a Brihuega’ en la Guerra de Sucesión; el lugar elegido por los franceses para luchar por la independencia en 1808; y marco de uno de los episodios más recordados de la Guerra Civil. Es el campo y lo que brota de él lo que coloca hoy en el mapa a este municipio que explota uno de sus cultivos hasta el límite de poder afirmar una perogrullada, Brihuega ha dejado atrás su fama por la Real Fábrica de Paños y se ha puesto de moda gracias a los campos de lavanda.

Con 1.000 hectáreas de plantación, la lavanda de la Alcarria representa casi el 10% de la producción mundial, lo que los agricultores de la zona consideran una magnífica casualidad. Tan sólo Francia, Bulgaria y China cultivan más cantidad de la planta silvestre que un día los galos decidieron ‘controlar’. Sorprende que en una tierra históricamente cerealista se haya asentado la lavanda (y lavandines) con tanta fuerza y calidad como para haber conquistado a la firma Loewe, uno de sus principales clientes.

Este hito no hubiera sido posible sin dos narices a las que todo el pueblo pone nombre y apellido: Álvaro Mayoral y Emilio Valeros. La intuición del primero, profesor de la región que hace tres décadas pasaba los veranos en Francia, le hizo meter en la maleta esquejes de lavandín - un híbrido entre la lavanda y el espliego - para plantarlos en Guadalajara. La formación del segundo, director técnico de perfumes de Loewe, es la que guía sobre cuestiones más técnicas: qué plantar y cómo trabajar en la destilería, una de las más avanzadas de Europa, con capacidad para 2.000 kilos diarios de esencia.

Valeros saca pecho cuando habla del entramado que junto a sus socios y a un grupo de ingenieros ha montado en Brihuega. Sus 40 años de experiencia le han permitido saber muy bien en qué hay que invertir si se quiere crear productos de calidad y además velar por el medio ambiente y el ahorro energético. “El reciclaje del agua en la destilería y la informatización de todo el proceso” es lo más innovador, según el perfumista de Loewe. En 2016 la Academia del Perfume les concedió el premio al mejor Proyecto de Innovación, Sostenibilidad y RSC por haber transformado social y económicamente la zona, combinando una agricultura ética y sostenible con la vanguardia científico-técnica y permitiendo unir las raíces del perfume con la tierra donde nacen las plantas.

Javier Corral en una de las calles principales de la localidad. Foto: B.V.
Javier Corral en una de las calles principales de la localidad. Foto: B.V.

“Es una maravilla ver trabajar a Emilio, a veces intento engañarle intercambiando las variedades de lavanda y siempre se da cuenta”. Estas son palabras de a quien Mayoral, antes de partir a otras ciudades, consiguió meter el gusanillo de la flor estrella de Brihuega. Javier Corral habla en nombre de la segunda generación cuando afirma, sin dejar de sonreír, que el fenómeno de la lavanda les tiene desbordados, tanto a ellos, como al pueblo. Desde hace seis años, a mediados de julio organizan en uno de sus campos el Festival de la Lavanda. Si han visto recientemente en sus redes sociales gente vestida de blanco, en un paraje campestre morado y con Diego Cigala cantando, se trata de este evento, al que en esta edición acudieron más de 1.600 personas. “Nos vamos a Sevilla de nuevo, pero ya hemos reservado el hostal para el próximo año, da igual quien toque, lo que nos gusta es el ambiente”, anuncian dos familias turistas antes de despedirse de Brihuega.

Diego Cigala actuó en el Festival de la Lavanda el 15 de julio. Imagen cedida por el Festival
Diego Cigala actuó en el Festival de la Lavanda el 15 de julio. Imagen cedida por el Festival

Hasta este año, los curiosos podían danzar a sus anchas por los campos morados de la Alcarria. Este verano la familia Corral, que da trabajo a 200 agricultores aproximadamente, decidió vallar sus plantaciones, contratar a personal de seguridad y empezar a cobrar “un precio simbólico” de 2 euros a cambio de la visita, un ramillete y un folleto explicativo. Aseguran que es el único método para que la gente no destroce el cultivo, como pasó en años anteriores: “Tiraban botellas, arrancaban plantas para llevarse a casa, pisaban la lavanda, era demencial”.

Cuando la familia Corral vio que la lavanda se adaptaba a los campos de la Alcarria tan bien como en la Provenza francesa, decidieron comprar una cosechadora y empezar a trabajar para terceros. Después, montaron una cooperativa entre 8 socios y, pese a las dificultades para destilar (tenía que ir a 45 minutos del pueblo), el negocio funcionaba. Entonces, llegó la gran inversión, hace dos años fundaron su propia empresa y aunaron los campos de cultivo, la destilería y el vivero. Cada año aumentan en 80-100 hectáreas la plantación y tienen estirpe asegurada, una de las principales inquietudes de las familias de agricultores: Javier Corral Jr., a sus 22 años, es un amante del campo que ya ha ganado su primer premio, el Generación Agro, un reconocimiento a la emprendeduría de los jóvenes que han descubierto en la tierra una forma de vida.

El mes de julio la lavanda alcanza la fase de floración. Foto: B.V.
El mes de julio la lavanda alcanza la fase de floración. Foto: B.V.

La nueva savia y la experiencia de los más veteranos hacen de Intercova Aromática un verdadero laboratorio. Valeros nos cuenta cómo está experimentando con una nueva planta apodada ‘la inmortal’ o ‘siempreviva’ para explotar la destilería, su joya de la corona, más meses al año. “Todo apunta a que va a salir bien”, asegura. Igual de optimista es para el segundo proyecto que se trae entre manos, junto al instituto de biotecnología Biopolis de la Universidad de Valencia: crear clones in vitro de sus plantas de lavanda con el fin de que se multipliquen. “Estamos en la tercera fase del experimento, falta cortar la flor, hacer los análisis pertinentes y la prueba olfativa, pero pinta bien y conseguir esto sería impresionante”.

Quienes pasean por las calles de esta localidad en verano saben que el color morado impera en cada rincón. El pueblo entero se ha customizado con la planta: infusiones, cremas, ramilletes, jabones, aceite… ‘Bienvenido a Brihuega, la tierra de la lavanda’, rezan los letreros. No es un cuento chino aunque los asiáticos ya lo hayan descubierto. Es la tierra de la felicidad, decía Leguineche.

Una de las calles de la localidad. Foto: B.V.
Una de las calles de la localidad. Foto: B.V.

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