Piden pasar a los PGE algún coste del recibo

Por qué fundir acero cuesta mucho más en España (factura energética) que en Francia

El consejero delegado de Acerinox, Bernardo Velázquez, señala que el alto coste energético es uno de los factores que más lastran su competitividad

Foto: Planta de Acerinox.
Planta de Acerinox.

Acerinox ve la factura energética que tiene que pagar en España como uno de los principales lastres para su competitividad. Por ello, el presidente de la entidad, Rafael Miranda, pide que la industria no tenga que asumir cargas en su recibo que no sean específicamente costes energéticos: "Más del 50% de la factura que pagamos no es energía", lamenta.

Mientras el Gobierno debate el futuro energético del país, el presidente de la acerera sostiene que "si de verdad se quiere apostar por la reindustrialización, no se puede cargar en la factura de los consumidores algunos peajes que tendría más sentido que estuvieran en los Presupuestos Generales del Estado".

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro (d), conversa con el ministro de Energía, Álvaro Nadal.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro (d), conversa con el ministro de Energía, Álvaro Nadal.

Peajes como la insularidad, que tiene por objeto asegurar el suministro en los archipiélagos españoles, están incluidos en la factura de los consumidores cuando se trata de una política de cohesión territorial. Eso sí, al estar fuera de los Presupuestos, esta y otras cargas no computan como déficit, lo que permite al Gobierno cuadrar las cuentas que fiscaliza la Comisión Europea con mayor facilidad.

En este sentido, el consejero delegado de la entidad, Bernardo Velázquez, es más contundente: "Si Acerinox tuviera su fábrica en Francia, ganaríamos 20 millones más al año". El ejecutivo señala que en EEUU —donde el grupo acumula un 45% de su producción— la factura eléctrica es un 30% más baja y la de gas, un 40% menor. Unos costes, añade, que aún son menores en las factorías de Acerinox en Asia.

Dentro de Europa, también hay diferencias. Al margen del ejemplo de Francia, la acerera se fija en Alemania, una potencia industrial donde el coste energético es un 30% más barato. Además, Acerinox tiene en cuenta otros factores: "Las grandes compañías consumidoras de energía en Alemania reciben 300 millones de euros de ayudas para hacer frente a sus emisiones de CO2, mientras que en España esta subvención se limita a tres millones, 100 veces menos", destaca el presidente de la firma industrial.

Pese a todo, el alto coste de la factura energética que asume la industria no solo tiene que ver con las circunstancias de España. "El crecimiento languidecerá en Europa si se lleva al extremo la lucha contra en cambio climático", argumenta Miranda. "Con el buenismo, solo se logrará que la industria se vaya a China", concluye el ejecutivo burgalés. En los próximo días, Estados Unidos comunicará si sigue o no en el Acuerdo de París sobre cambio climático.

La apuesta de Acerinox por la diversificación a nivel geográfico es cada vez mayor. Cuenta con presencia en Asia y en Sudáfrica, aunque a día de hoy sus principales motores sean España y EEUU. Esta diversificación le permite regatear los diferentes conflictos bilaterales que van surgiendo: "Cuando Europa estableció sanciones contra Rusia, les vendíamos desde Sudáfrica", explica Velázquez.

Respecto al país norteamericano, la empresa sigue expandiéndose y cree que las políticas del presidente Donald Trump de renovación de infraestructuras y bajada de impuestos solo pueden contribuir a mejorar su cuenta de resultados. En el primer trimestre de 2017, Acerinox ha ganado 98 millones de euros después de impuestos, una cifra que supera al beneficio conseguido en todo el año pasado. En el primer trimestre de 2016, Acerinox perdió ocho millones de euros.

Este mismo jueves, el consejo de administración va a proponer en su junta de accionistas abonar el dividendo en efectivo después de tres años de pago de beneficios en forma de 'script dividend'. La compañía ha nombrado a cuatro consejeras independientes nuevas, con el objetivo de mejorar en las cuestiones de género que exigen las normas de buen gobierno corporativo: Marta Martínez, presidenta de IBM España; Rosa María García Piñeiro, presidenta de la Fundación Alcoa; Laura González Molero, consejera del Grupo Ezentis; y Laura Abasolo García, directiva de Telefónica.

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