acumulación de incertidumbres en el sector

La banca se la juega el 26-J: las fusiones, las salidas a bolsa y las privatizaciones, en el aire

Hay mucho en juego en las elecciones de este domingo. Y la banca no es ninguna excepción. La ausencia de Gobierno ha retrasado el 'baile' previsto en el sector

Foto: De izquierda a derecha, Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs) y Pablo Iglesias (UP), en el debate celebrado el 13 de junio. (EFE)
De izquierda a derecha, Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs) y Pablo Iglesias (UP), en el debate celebrado el 13 de junio. (EFE)

La banca española también se la juega en las elecciones generales del 26 de junio (26-J). Y no sólo por la parte que le corresponde en las consecuencias económicas que pueden deparar los comicios, sino que le afectan en primera persona porque buena parte de su futuro más inmediato está en liza en estas elecciones. Fuentes del sector reconocen que la parálisis institucional sufrida desde finales de 2015 ha contribuido de manera clave en frenazo de la oleada de privatizaciones, salidas a bolsa y operaciones que se avecina. 

Esas mismas fuentes apuntan a que aunque la teoría establece que ese tipo de decisiones corresponde a los Consejos y los accionistas de las entidades, la realidad impone que sin el permiso final de Moncloa todo se detiene. Incluso el celo por parte del Banco de España, que en la primera mitad del año ha rebajado la presión que sí ejerció durante 2015 para alentar otra ronda de consolidación en el sector. Entre las entidades, eso sí, se entiende que, tras el parón de los últimos meses, no queda más tiempo que perder.

El difícil contexto en el que se mueven los bancos, marcado por los bajos tipos de interés, la reducida rentabilidad sobre el capital (ROE), el descenso de las cotizaciones bursátiles, la presión regulatoria y la llegada de competidores tecnológicos, obliga a desatascar la situación para evitar que los problemas se enquisten. Y exponen como ejemplo la ampliación de capital de Banco Popular, citada no sólo como un camino para fortalecer su capital y defenderse del deterioro que sufrirá por la aceleración de la venta de activos improductivos, sino también como una alternativa a la que ha tenido recurrir ante el parón de los movimientos previstos en el sector. "Popular lo ha podido hacer, pero no todas las entidades tienen esa capacidad", advierten esas fuentes. 

El futuro de Bankia y BMN

El sector valora la necesidad de contar ya con un Gobierno y, sobre todo, evitar unas terceras elecciones, con tres cuestiones principales. La primera, aclarar el futuro de Bankia y Banco Mare Nostrum. Las dos entidades, nacionalizadas y bajo control del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), están a la espera de novedades sobre su futuro. Sobre todo, para saber si finalmente se fusionan, una opción que cuenta con el respaldo del FROB y que el Gobierno en funciones ha estado trabajando ya en Bruselas. El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, no ha dudado en asegurar que esta unión "tiene sentido industrial".

Sin embargo, este proceso requiere el beneplácito del futuro Ejecutivo, y dependerá de quién gobierne. Más que nada, porque los partidos contendientes no tienen las mismas intenciones para estas entidades. "Constituiremos una potente y eficaz banca pública a partir de las entidades nacionalizadas Bankia y Banco Mare Nostrum, para lo que renegociaremos los términos del memorando de entendimiento firmado con la UE", recoge Unidos Podemos en su programa electoral.

Otro proceso vinculado con la ausencia de Gobierno consiste en las salidas a bolsa de Unicaja e Ibercaja. La primera tenía previsto dar el salto al parqué este año y la segunda estaba sondeando el terreno para hacerlo entre 2016 y 2017. Aunque la volatilidad sufrida en los mercados bursátiles en el primer semestre, que ha afectado de manera muy especial a la banca cotizada, ha ejercido de freno clave esas operaciones, desde el sector se reconoce que también influye el vacío de Gobierno. 

Beneplácito para las fusiones

Del modo en que se resuelvan las dos cuestiones previas dependerá en gran medida el comienzo de la nueva ronda de consolidación que aguarda el sector. Porque desde las entidades se reconoce que el reloj de las fusiones se ha retrasado, y en gran medida por la ausencia de Gobierno, pero no se ha detenido. 

Las fusiones parecen inevitables no sólo porque el bajo ROE del sector, del 5,6% en 2015 y por debajo de un costes de capital (COE) situado a finales del pasado ejercicio en el 6,8%, sino porque representan una fuente para abaratar costes y lograr mejoras de eficiencia, dos requisitos que resultan cada vez más importantes en un contexto en el que los bancos aún tendrán que lidiar durante bastante tiempo con los tipos de interés al 0% -e incluso por debajo-. "En una industria con rendimientos crecientes a escala, una manera muy efectiva de conseguir mejorar la eficiencia es mediante fusiones, en concreto de aquellas entidades en las que los niveles de solapamiento sean elevados. Así, aunque en el pasado las fusiones con complementariedades resultaban atractivas, ahora lo que manda es la eficiencia y la rentabilidad de la fusión en plazos muy cortos", alentaba el presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, en mayo.

Roldán añadió otro aspecto que juzgaba clave. "Debemos recordar que si en general las fusiones amistosas son más eficaces que las hostiles, en el caso del sector bancario esto es aún más cierto. Por ello, si se producen operaciones de consolidación, casi con toda seguridad, serán amistosas y bendecidas por el supervisor", aseguró. Pero esta bendición no es la única de la que está pendiente el sector. También necesitan otra: la de Moncloa. Y esa es la que está en juego en los comicios de este domingo. 

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