Los grandes bancos aplacan la euforia de fusiones en pleno caos político
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NO ESPERAN OPERACIONES HASTA 2017

Los grandes bancos aplacan la euforia de fusiones en pleno caos político

Las principales entidades están enfriando las expectativas de una nueva ronda de integración. Ahora no esperan nada hasta 2017 por la incertidumbre política y porque todavía las cuentas aguantan

Foto: Francisco González en la presentación de los resultados anuales de BBVA. (EFE)
Francisco González en la presentación de los resultados anuales de BBVA. (EFE)

Hace muy pocas semanas, casi todo el mundo daba por hecho que 2016 sería el año de la nueva y -supuestamente- definitiva ronda de consolidación de la banca española tras la histórica concentración vivida por la crisis financiera y el rescate de España. Los bancos de inversión planteaban operaciones nuevas a diario y analistas ávidos de hacer subir las cotizaciones y medios de comunicación les daban carta de naturaleza. Incluso se hablaba de adquisiciones de bancos en nuestro país por parte de extranjeros auspiciadas por el BCE.

Ahora el panorama ha cambiado radicalmente, y nadie en el sector espera que se produzca ningún movimiento a corto plazo, ni siquiera a medio. No, desde luego, en este año. La cuestión se aplaza para el año próximo o el siguiente. En este sentido se ha manifestado claramente esta semana el presidente de BBVA, Francisco González: "La presión va in crescendo sobre la cuenta de resultados. La solución más rápida a corto plazo con las fusiones, pero de los movimientos que haya tienen que salir entidades que puedan competir en el tiempo. Desde luego, no va a ser cosa inmediata, sino de dos, tres o cuatro años".

En el mismo sentido se pronunciaba unos días antes Ángel Ron, presidente del Popular: "El sector está bajo presiones estructurales; si esto persiste más allá de 2016, nos vemos como catalizadores. No sé si 2016 será o no un año propicio pero creemos que esto va a ser un proceso a medio plazo". ¿A qué se debe este cambio radical de escenario, precisamente ahora que la caída de las valoraciones facilita las operaciones? Principalmente, a dos factores: a la incertidumbre política y al planteamiento de las nuevas fusiones, que hace que las entidades más pequeñas se resistan al máximo a entrar en ninguna.

"Antes de las elecciones, el sector era un hervidero, todo el mundo hablaba con todo el mundo y se planteaban todo tipo de uniones. Pero eso se ha parado radicalmente a la espera de ver qué Gobierno se formao si hay que ir a nuevas elecciones. Nadie se arriesga a dar un paso sin tener claro el escenario político en que va a tener que ejecutar la operación", explica un alto ejecutivo del sector. Otro añade que "no se trata sólo de que al nuevo Gobierno le guste más o menos las operaciones, es que no es lo mismo hacer las cuentas con un escenario de continuidad de la recuperación que con otro de estancamiento o recesión". De hecho, el sector ha frenado también en seco su inversión publicitaria y numerosos proyectos que estaban ya aprobados.

Los bancos grandes se comerán a los pequeños

En cuanto a la segunda razón, una de estas fuentes explica que "esta vez no va a haber fusiones entre iguales, ahora se trata de que el pez gordo se coma al chico. No se busca la complementariedad de negocios o geográfica, sino las duplicidades para hacer sinergias: se cierran los servicios centrales y las oficinas redundantes para reducir costes mientras que el comprador se apunta todos los ingresos del comprado". Una fórmula auspiciada por el Banco de España, como adelantó El Confidencial en junio del año pasado.

En este sentido se manifestaba Francisco González: "Si se fusionan dos débiles, tendremos un débil mayor. En este país tenemos experiencia de que estas operaciones no funcionan". Por tanto, en este diseño son los seis grandes (Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell y Popular; Bankia es el sexto pero no puede comprar) los llamados a absorber a los 'siete enanitos': Ibercaja, Unicaja, Abanca, Liberbank, Kutxabank, BMN y Bankinter). Incluso son posibles operaciones dentro del primer grupo, pero con el mismo esquema de "grande compra pequeño".

Y ahí aparece el problema: los gestores de estos últimos no tienen ninguna gana de "entregar" su entidad a una más grande para que acometa cierres y despidos masivos, sobre todo cuando éstos afectan a una ciudad o región muy concreta, cuando muchas de las antiguas cajas siguen sin tener accionistas privados y cuando algunos de sus presidentes llevan muchos años en el cargo (caso de Braulio Medel o Amado Franco) y no tienen ninguna intención de que les acusen de destruir el legado y el empleo antes de retirarse. De ahí que estén tanteando la alternativa de salir a bolsa, que se antoja casi imposible mientras las cotizaciones del sector no recuperen de forma contundente.

Tiene que aumentar la presión sobre las cuentas

Entonces, ¿no va a haber fusiones? Las fuentes consultadas aseguran que no habrá más remedio, pero más adelante: "De momento, la presión no es tan intensa como para que los pequeños no tengan más remedio que vender. Es verdad que los márgenes están muy deprimidos, pero esto no es 2012, el ladrillo se ha saneado bastante y ninguna entidad corre riesgo de tener que ser rescatada". Ahora bien, si los tipos de interés no suben -y no van a hacerlo durante mucho tiempo- y si la economía no mantiene el ritmo actual, como todo empieza a indicar, esa presión acabará por hacerse insostenible.

El colofón a este escenario es la necesidad del Estado de vender el 64% que mantiene en Bankia y el 65% de BMN. En el primer caso, aunque la fecha tope de 2017 se puede aplazar, la cotización tendría que subir un 85% desde los niveles actuales (0,85 euros) hasta el nivel en que colocó el 7,5% del capital en mercado hace dos años (1,58). Algo que parece inalcanzable en un horizonte razonable y que forzará al nuevo Ejecutivo a explorar otras vías para salir del accionariado, que inevitablemente conllevarán que no se recupere todo el dinero del rescate.

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