EL SECTOR CONSIDERA INEVITABLE MÁS INTEGRACIÓN

La banca aplaza otra ola de fusiones por las altas valoraciones y el suspense electoral

Los bancos creen inevitable una segunda oleada de fusiones en busca de rentabilidad. Pero tendrá que esperar por las elevadas valoraciones que piden las entidades y por la incertidumbre electoral

Foto: El presidente de CaixaBank, Isidre Fainé. (EFE)
El presidente de CaixaBank, Isidre Fainé. (EFE)

Los consejeros delegados de las seis mayores entidades del país -Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell y Popular- están convencidos de que no habrá más remedio que acometer nuevas fusiones y adquisiciones para sobrevivir al entorno de bajísima rentabilidad actual. Hasta tal punto, que incluso se plantean si habrá que tomar medidas que protejan la competencia o cuál es el mínimo de entidades que deben quedar para que la banca no se convierta en un oligopolio.

Pero ésa es la teoría. A la hora de pasar a la práctica, aunque aseguran que "todos estamos hablando con todos", este proceso de concentración se ha estancado de momento. Y no por falta de apetito de los grandes -algunos como BBVA se han mostrado deseosos públicamente de abrir el baile-, sino por culpa de los teóricos objetivos de compra. Si ellos son los seis grandes, los otros son los llamados "siete enanitos" -Abanca, Liberbank, Unicaja, Ibercaja, Kutxabank, BMN y Bankinter-, que están llamados a ser adquiridos por uno de los big six o a fusionarse entre sí.

Los principales obstáculos son dos, uno económico y otro político. El primero se refiere a las valoraciones. "Si hace un año las operaciones se hacían como mucho a una valoración de 0,7 veces el valor en libros, ahora todo el mundo pide niveles de 1,2 veces y no hay nadie dispuesto a pagar esos precios en el entorno actual, al menos de momento", explica una fuente conocedora de estos movimientos.

¿Por qué se piden precios tan altos, superiores incluso a los que otorga el mercado a los bancos cotizados? "Porque las entidades y los bancos de inversión que están proponiendo estas operaciones descuentan una recuperación del mercado inmobiliario mucho más rápida de la que estamos viendo. Y aunque la situación está mejorando, no justifica esas valoraciones", añade.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Los grandes se resisten a pagar esos precios tan elevados en un entorno de rentabilidades tan bajas como las actuales y sin perspectivas de subidas de tipos en los próximos años. "Los ahorros de costes que pretendes obtener con una operación quedan anulados por estos precios, y además te dejan sin badwill. El único atractivo serían los créditos fiscalesque acumulan estas entidades por las grandes provisiones de los últimos años", explican desde uno de los grandes. El badwill o fondo de comercio negativo surge cuando se compra una entidad por debajo del valor en libros, y el comprador se lo puede apuntar como beneficio (como han hecho recientemente Abanca con Novagalicia y Caixabank con Barclays); por el contrario, si se compra por encima de dicho valor se genera un goodwill positivo que debe amortizarse con la consiguiente pérdida.

Los resultados electorales, clave

Por tanto, estamos en un tour de force en el que está por ver si los grandes ceden y pagan precios más altos para que no se les escapen las piezas (esperanza de los pequeños) o si estos últimos rebajan sus pretensiones ya que su menor tamaño convierte en más acuciantes sus problemas de rentabilidad. También pueden buscar fusiones entre sí, pero las valoraciones también deben aplicarse en ese caso y, además, está el problema de los choques de egos de sus presidentes, que ya han hecho fracasar varias operaciones entre los bancos herederos de las antiguas cajas.

Pero además, tenemos el segundo obstáculo, el político: los 'siete enanitos' (salvo Bankinter y la privatizada Abanca) tienen detrás a las antiguas cajas de ahorros, que siguen controladas por los Gobiernos locales y regionales. Lo cual hace inviable cerrar ninguna operación antes de saber si los actuales partidos en el poder van a continuar después de los comicios municipales y autonómicos del día 24, algo que hoy por hoy es imposible dada la enorme fragmentación del voto que auguran las encuestas. 

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

Es más, fuentes del sector van más allá y creen que habrá que esperar a las elecciones generales de noviembre para que pueda comenzar esta nueva oleada de concentración. "No puedes meterte en estos procesos y encontrarte después con un Gobierno en Madrid que pretenda endurecer aún más las condiciones para la banca mediante más impuestos o limitaciones a su actividad, que quiera forzar a las cajas a una gestión 'social' o incluso que impulse crear nuevas entidades públicas", señala una de esas fuentes. Otra añade que "por supuesto, el gran temor es que Podemos gane o al menos sea necesario para formar Gobierno, pero no hace falta llegar a tanto. Con la mala imagen y el descrédito de la banca ante la opinión pública, otros partidos pueden tratar de ganar votos atacando al sector".

BBVA y Caixa, los más interesados

La necesidad de ganar tamaño deriva de la imposibilidad de generar rentabilidad por otras vías con un escenario de tipos cero o negativos durante mucho tiempo. Los depósitos prácticamente han agotado su recorrido a la baja (las entidades no pretenden cobrar por tener dinero en el banco) y tienen el coste adicional de las aportaciones al FGD; por el lado de los ingresos, la guerra comercial está reduciendo drásticamente los intereses que se cobran a los nuevos créditos, como alerta BBVA, y, aunque la economía está mejorando, los nuevos volúmenes son todavía muy bajos para compensar ese efecto. La deuda pública tampoco va a seguir dando alegrías mucho más tiempo. Queda seguir reduciendo costes, pero tras los grandes recortes de oficinas y plantillas de la crisis, el margen ahí es limitado... salvo que se acometan integraciones que generen sinergias (por ejemplo, la duplicidad de oficinas o de servicios centrales).

En ese movimiento, las dos entidades con más apetito son BBVA y Caixabank. El primero se ha convertido en líder en España tras la compra de Catalunya Banc y su hasta hace días consejero delegado, Ángel Cano, dijo recientemente que quieran aprovechar esta falta de rentabilidad de las entidades pequeñas para afianzar ese liderazgo. Caixabank, por su parte, quiere recuperarlo y siempre ha señalado como sus grandes objetivos las regiones donde tiene una cuota muy inferior a la media del país: Galicia, Asturias y Extremadura. Hasta el 'nuevo Santander' de Ana Patricia Botín parece más dispuesto a acometer adquisiciones que el de su padre, que descartó quedarse con ninguna entidad nacionalizada. El CEO del Popular, Francisco Gómez, también quiere hacer operaciones pero siempre "siendo el comprador y que sean acretivas desde el primer momento". El único que parece descolgado es Sabadell, centrado en la compra del británico TSB, pero Josep Oliu siempre puede sorprender en cualquier momento.

Empresas

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
15 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios