fuerte caída en bolsa

No es solo Volkswagen: la cruzada verde de Merkel funde los plomos de las eléctricas

El apagón nuclear impuesto por la canciller alemana tras el accidente de Fuskushima trae al sector por la calle de la amargura. E.ON y RWE apenas son una fracción de lo que llegaron a ser

Foto: La canciller alemana, Angela Merkel.
La canciller alemana, Angela Merkel.

La industria alemana sangra por la herida de Volkswagen. Pero, a pesar de su representatividad y su relevencia económica, no es solo el sector automovilístico germano el que está sufriendo. Hay otro que lleva padeciendo bastante más tiempo: el eléctrico.

No hace tanto, las compañías E.ON y RWE también eran emblemas de la todopoderosa maquinaria empresarial alemana. Se codeaban con las mayores de Europa por valor bursátil. Hasta que dejaron de serlo. Porque ya no lo son. De aquellas capitalizaciones apenas quedan unas fracciones. Por el camino, la política energética de la canciller Angela Merkel les ha fundido los plomos. Es más, su declive está siendo tan acusado y sus debilidades financieras tan evidentes que el Ejecutivo germano, temiendo que su futuro esté amenazado, ya está buscando cómo respaldarlas. Entre ambas suman casi 120.000 empleados, muchos de ellos radicados en Alemania, con lo que el Gobierno siente que no puede abandonarlas a su suerte.

Todo cambió con el accidente nuclear de Fukushima en marzo de 2011. El impacto mundial que generó tuvo una repercusión directa y concreta en Alemania. Si la opinión pública ya manifestaba un claro sentimiento antinuclear, los hechos sucedidos en Japón exacerbaron ese sentimiento. Y Merkel, que apenas un año antes había aprobado prolongar la vida de las centrales nucleares alemanas para actuaran como "tecnología de transición" hasta que se desarrollaran las energías alternativas, volvió sobre sus pasos.

En mayo de 2011, la canciller decidió volver a los planes anteriores, establecidos en 2002, que dictaban que todas las centrales nucleares alemanas interrumpirán su servicio antes de 2022. Con este apagón nuclear, Merkel escuchó la voz mayoritaria de los alemanes, pero truncó las aspiraciones y la fortaleza de las grandes eléctricas germanas. 

Imagen de una protesta contra los residuos nucleares en Berlín.
Imagen de una protesta contra los residuos nucleares en Berlín.

Fue entonces cuando las que empezaron a apagarse fueron ellas. Su evolución en bolsa constituye el mejor testimonio de su deterioro. A comienzos de 2008 llegó a valer en el parqué más de 100.000 millones de euros. En ese mismo momento, RWE engordó su capitalización hasta los 55.000 millones de euros. Solo la francesa EDF superaba a la primera, con más de 120.000 millones de capitalización, mientras que la segunda superaba los valores bursátiles de la española Iberdrola y la italiana Enel, que a comienzos de 2008 se movían entre los 40.000 y los 50.000 millones de euros de valor bursátil.  

Iberdrola aprovecha la oportunidad

Casi ocho años después, el vuelco resulta espectacular. Actualmente, E.ON apenas vale 15.000 millones en bolsa y RWE, 6.000 millones de euros. Es decir, el viraje de la política energética de Merkel ha provocado que su capitalización haya menguado en un 85% y en un 89%, respectivamente. Es más, el contagio de la incertidumbre sobre el futuro de la energía nuclear en Europa también ha pasado una clara factura a EDF, cuya capitalización ha quedado recortada hasta los 30.000 millones de euros, un 75% menos que a comienzos de 2008. 

En medio de este castigo, Enel y, sobre todo, Iberdrola han sufrido bastante menos. Y este mayor aguante, derivado de una menor exposición al debate nuclear, les permite ser las mayores eléctricas de la Eurozona por valor bursátil. La italiana vale 37.000 millones de euros y la española le adelanta, aunque sin demasiada holgura, con 38.000 millones. 

"Necesitamos apoyarlas"

El grueso de esas caídas tan abultadas se está produciendo en 2015. Y otro dato revela hasta qué punto están sufriendo en bolsa: las tres empresas que más caen en el año en el índice Dax son E.ON (-43%), Volkswagen (-50%) y RWE (-59%). 

Sede central en Bilbao de Iberdrola.
Sede central en Bilbao de Iberdrola.

Estos desplomes responden a la incertidumbre sobre cómo se va a pagar la factura final del apagón nuclear. Esto es, qué parte va a recaer en las eléctricas y qué parte en el Estado. Aunque la tensión que este asunto genera entre las compañías y el Gobierno de Merkel es palpable, el duro impacto que está teniendo en la capitalización de las compañías parece suavizar la postura del Ejecutivo.

"Alemania debe concluir todas las leyes precisas para el cambio de modelo energético este año", aseguró el ministro de Economía y vicecanciller, Sigmar Gabriel, este jueves, para transmitir la impresión de que el Gobierno es sensible a los problemas y quiere atajar ya el desgaste que provoca la incertidumbre regulatoria. Y hasta fue más allá, al reconocer que las eléctricas alemanas se encuentran en una "difícil situación" financiera, con mucha deuda. "Necesitamos apoyar a empresas como E.ON y RWE", concedió finalmente. Estos propósitos permitieron que, en la última sesión de la semana, ambas empresas se dieran un festín inusual en los últimos tiempos. Rebotaron un 5%, aunque por momentos llegaron a subir más de un 8%.

En Alemania, todo se ha llenado de Volkswagen. Pero las eléctricas también reivindican saber qué hay de lo suyo. Al fin y al cabo, sus problemas son más viejos.

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