RAJOY SE REUNIRÁ CON PEÑA NIETO EN JUNIO

Repsol: Moncloa recela de la conexión entre Pemex y el presidente de Endesa

Las relaciones entre el presidente de Endesa, Borja Prado, y el portavoz de Pemex en Repsol, Antonio Henríquez han provocado fuerte malestar al Gobierno

Foto: Fotografía facilitada por Endesa de su presidente, Borja Prado. (EFE)
Fotografía facilitada por Endesa de su presidente, Borja Prado. (EFE)

Solventado el conflicto político con Argentina por la expropiación de YPF, el Gobierno quiere ahora encauzar las relaciones con México sin generar nuevas interferencias que condicionen la gestión independiente de Repsol. La próxima visita a España del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, está siendo preparada con sumo cuidado por los asesores presidenciales de Moncloa, donde no terminan de ver con buenos ojos las conexiones evidenciadas entre el presidente de Endesa, Borja Prado, y el hombre fuerte de la multinacional mexicana en la petrolera española que preside Antonio Brufau.

Las exquisitas relaciones profesionales de Borja Prado le han jugado esta vez una mala pasada después de que hace tres semanas se dejase ver públicamente en compañía de Arturo Henríquez, el portavoz de Pemex en el consejo de Repsol. La escapada de ambos ejecutivos para animar al Real Madrid en su partido de Champions League con el Bayern de Múnich no tendría nada de particular si no fuera porque ese día y casi a la misma hora Repsol celebraba en la capital de España una comisión ejecutiva para promover el nombramiento de Josu Jon Imaz como nuevo consejero delegado.

Henríquez se ausentó de la reunión pasando de largo por Madrid con destino a Alemania y lo hizo, además, en compañía de uno de los candidatos que en los últimos meses han sonado con más fuerza como aspirante distinguido al sillón de Brufau. La figura emergente de Borja Prado viene perfilándose por las inmediaciones de Repsol desde hace un tiempo, pero el momento político actual y la satisfactoria resolución de los problemas que acuciaban a la petrolera han provocado un cambio radical en la percepción que ahora tiene el Gobierno sobre las expectativas de destino del presidente de Endesa.

 El ministro de Defensa, Pedro Morenés (d), y el presidente de Repsol, Antonio Brufau. (EFE)
El ministro de Defensa, Pedro Morenés (d), y el presidente de Repsol, Antonio Brufau. (EFE)

Fuentes oficiales consideran que “después de la tempestad es necesario impulsar un proceso de calma” en el seno de Repsol que ponga sordina a todas las conjeturas que amenazan con desestabilizar el desarrollo de la primera petrolera del país. La posibilidad de que Pemex decida vender su participación en la empresa española no se puede desdeñar, pero eso tampoco debe influir necesariamente en contra de los vínculos tradicionales de cooperación que mantienen ambas multinacionales, más si cabe teniendo en cuenta la gran reforma estructural del sector energético en la que está embarcado el Gobierno de México.

México, bisagra entre España y América Latina

Los planes de colaboración entre Repsol y Pemex forman parte central de la agenda de trabajo que los asesores de Moncloa preparan estos días a Mariano Rajoy de cara a la visita a España que el presidente mexicano Peña Nieto llevará a cabo los próximos días 9 y 10 de junio. La reunión tiene una especial trascendencia por cuanto que el Gobierno quiere testimoniar la corriente de simpatía y confianza con toda la región de América Latina aprovechando el papel de bisagra que México ha demostrado que puede ejercer al efecto, tal y como ha quedado de manifiesto en el reciente acuerdo con Argentina.

España recuperará además las visitas de Estado, que han estado paralizadas los últimos tres años por las sucesivas operaciones quirúrgicas a las que ha tenido que someterse el rey Juan Carlos. Todas estas circunstancias condicionan el plan de acogida con un nivel de máxima exigencia y han despertado una especial sensibilidad en todos los encargados de organizar el encuentro. El primer objetivo ahora consiste en evitar como sea cualquier contingencia que pueda enturbiar las relaciones diplomáticas en los días previos a la llegada del mandatario mexicano.

El presidente de Pemex, Emilio Lozoya. (Reuters)
El presidente de Pemex, Emilio Lozoya. (Reuters)

Quizá como derivada de esta lógica preocupación y cautela existe también en el entorno de Moncloa un cierto resquemor ante la persistencia, aumentada y corregida, de viejos informes que tratan de poner en tela de juicio la labor directiva de Repsol. El contenido de dichos documentos es similar al que motivó hace varios meses la crítica abierta del director general de Pemex, Emilio Lozoya, contra de la gestión de Antonio Brufau. Los llamados ‘expedientes de acoso y derribo’ han vuelto a sembrar las suspicacias en medios oficiales del Gobierno, que atribuyen la inspiración de estas denuncias interesadas a antiguos ejecutivos despedidos de Repsol y que en estos momentos trabajan al servicio de la petrolera mexicana en España.

El triste ejemplo de Endesa preocupa al Gobierno

La aparición en escena de Borja Prado complica más el asunto porque el actual presidente de Endesa no es precisamente santo de la devoción en determinadas esferas gubernamentales. Aparte de la incomodidad que supone cualquier interferencia en la organización de la visita de Peña Nieto, hay que tener en cuenta las tensiones vividas por el sector eléctrico con el Ministerio de Industria y la exposición que en dicha controversia han protagonizado el propio Borja Prado y el titular del departamento, José Manuel Soria.

 El ministro de Industria,José Manuel Soria (d), junto a Borja Prado (c). (EFE)
El ministro de Industria,José Manuel Soria (d), junto a Borja Prado (c). (EFE)

La historia reciente de Endesa y su conversión en filial de la multinacional italiana Enel durante el mandato socialista de Zapatero tampoco favorecen la imagen de Borja Prado ni la supuesta ambición que se deriva del teórico cambio de aires. Para el Gobierno es fundamental que Repsol mantenga su pasaporte español y de ahí el blindaje estatutario que la junta general de accionistas aprobó hace un par de meses para evitar tentaciones que puedan distorsionar este objetivo estratégico.

La capitalización actual de Repsol, cercana a los 27.000 millones de euros, brinda una ocasión interesante para que Pemex pueda hacer gran negocio con la venta de su participación del 9,3%. La multinacional mexicana obtendría ingresos por valor de 2.500 millones de euros que pueden ser muy útiles con vistas a las inversiones en el mercado energético de México. La entrevista de Rajoy con Peña Nieto será clave en el desenlace de esta alianza histórica, pero lo que ahora no parece factible es que Repsol pueda ser manejada desde el otro lado del Océano ni siquiera con el mando a distancia de los que se han hecho los dedos huéspedes confiando en que la caída de Antonio Brufau sería fulgurante.

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