El G-6 exige la inmolación de Carceller en Pescanova para salvar la compañía
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Los bancos piden QUE SALGAN DAMM Y LUXEMPART

El G-6 exige la inmolación de Carceller en Pescanova para salvar la compañía

Los bancos que forman el G-6 de acreedores de Pescanova sólo apoyarán el convenio con la empresa si Damm y Luxempart salen del proyecto industrial

Foto: Sede central de Pescanova en Chapela. (EFE)
Sede central de Pescanova en Chapela. (EFE)

Los bancos del llamado G-6 que integran el BBVA, Sabadell, Popular, La Caixa y Novagalicia, junto al Unione di Banche Italiane (UBI Banca), se han descolgado con una condición de última hora que puede modificar de punta a cabo la estructura accionarial de Pescanova. Los acreedores financieros se comprometen a apoyar una solución definitiva sobre el convenio de acreedores del grupo pesquero, pero antes de eso exigen la salida de Damm y del fondo luxemburgués Luxempart como socios industriales.

El ultimátum de las entidades de crédito está fundamentado en los contactos que durante las últimas semanas han mantenido los bancos con el presidente de la cervecera catalana, Demetrio Carceller. El actual socio de referencia de Pescanova y hombre fuerte en todo el proceso de reflotamiento de la compañía manifestó hace escasos días a distintos representantes de los bancos acreedores su disposición a dejar el proyecto si con ello conseguía evitar el hundimiento de la multinacional gallega.

Las relaciones entre Damm y los bancos no han sido todo lo fluidas que se esperaban cuando el consejo de administración de Pescanova aprobó el plan de reestructuración pilotado por Carceller con Juan Manuel Urgoiti como presidente del grupo pesquero. Las diferencias arreciarona medida que se definía el alcance de los sacrificios que tanto los accionistas como los acreedores debían compartir para sacar a la empresa de la actual suspensión de pagos.

Demetrio Carceller, presidente de Damm.Las hostilidades se desataron en el momento en que la dirección de Pescanova solicitó de entrada una quita del 90% sobre el total de la deuda acumulada por la cabecera del grupo en España y sus múltiples filiales en el extranjero. Después de un largo tira y afloja, la compañía formalizó un convenio en el que reconocía un pasivo financiero máximo de 700 millones en tanto que los bancos reclamaban el reembolso de un mínimo de 1.000. Damm y sus socios se comprometían, además, a aportar otros 150 millones de euros para garantizar la viabilidad de la entidad.

Reunión de los bancos con el juez

Pescanova presentó finalmente por su cuenta y riesgo el convenio de acreedores, que fue admitido a trámite el pasado 20 de marzo por el juzgado mercantil de Pontevedra. Los bancos interpretaron la decisión como un órdago en toda regla y han estado explorando la conveniencia de oponerse abiertamente al acuerdo aun a costa de provocar la liquidación automática de la compañía. Finalmente se han decidido por una solución intermedia que pasa por salvar Pescanova pero rompiendo cualquier tipo de vínculo societario con Damm y Luxempart.

Una vez deshecho el consorcio inversor que ahora controla Pescanova, la intención de los bancos es reunirse inmediatamente con el juez que entiende el concurso para modificar el convenio de acreedores con una mayoría cualificada de adhesiones. El nuevo proyecto industrial es todavía una incógnita, si bien los firmantes del G-6 cuentan con una cobertura de riesgos superior al resto de acreedores ya que disponen de avales y garantías personales aportadas por las filiales nacionales y algunas internacionales del grupo pesquero.

Vista general de una junta general de accionistas del grupo de empresas Pescanova. (EFE)
La deuda concursal de Pescanova asciende a 2.416 millones de euros, de los que 734 corresponden al G-6 y 317 se reparten entre un amplio conjunto de entidades españolas. Además, figuran567 millones adicionales en manos de instituciones financieras internacionales. La deuda con los bonistas es de 369 millones y el resto, otros 429 millones, son pagos pendientescon proveedores. Al cierre del pasado ejercicio el endeudamiento del grupo suponía casi 20 veces el ebitda y el objetivo de Damm y Luxempart apuntaba a un saneamiento gradual hasta reducir la relación de la deuda en seis veces el beneficio operativo a finales de 2019.

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