LA EBA NO QUIERE QUE CUENTEN COMO LIQUIDEZ

La nueva amenaza para la banca: 400.000 millones en cédulas hipotecarias, en el aire

La banca no termina de apagar un fuego cuando estalla otro. Una vez resueltos los DTA, aparece una nueva amenaza desde la UE: las cédulas hipotecarias

Foto:  Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid. (EFE)
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid. (EFE)

La banca no termina de apagar un fuego cuando se le declara otro. Una vez resuelto el tema crítico de los DTA (activos fiscales diferidos), aunque de forma poco satisfactoria para el sector, aparece una nueva amenaza desde Europa: las cédulas hipotecarias no contarán en principio para los requisitos de liquidez que deben cumplir las entidades a partir del 1 de enero. Esto supone un grave problema, puesto que la banca española tiene emitidos 400.000 millones de estos títulos en su balance y, aún más, la banca extranjera también los tiene. Por tanto, si se confirma esta decisión de la EBA (Autoridad Bancaria Europea), ella puede hundir este mercado.

Además de requisitos de solvencia (capital), la nueva normativa de Basilea III impone unas exigencias de liquidez a corto y largo plazo para asegurarse de que los bancos no se queden sin dinero en momentos de cierre de los mercados como las de 2008 o 2009 (2012 en el caso español). Como explica un expresidente de un banco español, "la solvencia es un cáncer, pero la liquidez es un infarto". Estos requisitos contemplan que las entidades deben tener una reserva de activos líquidos de primera calidad para cubrir sus necesidades durante 30 días sin acceso al mercado.

La cuestión es qué se consideran activos líquidos de primera calidad. Hasta ahora, se suponía que las cédulas iban a tener esa consideración, pero el lunes pasado el Gobierno de Dinamarca daba la voz de alarma: la EBA (Autoridad Bancaria Europea) pensaba excluir estos títulos para el cómputo de esta liquidez. Para Dinamarca es una cuestión vital, porque es el país europeo que tiene más cédulas como porcentaje de los activos de la banca. Es decir, su exclusión le hace un siete considerable a su sector financiero. Entre los perjudicados, aparte de España con aproximadamente 400.000 millones emitidos, está también Alemania, que supera los 500.000.

Las cédulas hipotecarias (covered bonds) son los instrumentos más seguros que puede emitir la banca, ya que cuentan con la doble garantía de la solvencia de la entidad (como la deuda senior, es decir, la deuda normal) y de su cartera de hipotecas. Por tanto, a priori deberían ser activos de primera calidad. Aquí se han emitido tantas dado el enorme porcentaje de hipotecas que tienen los bancos españoles en su balance.

Según datos de AFI, en torno a un 40% de esa cantidad está retenido en el balance de la entidad emisora (es decir, se ha quedado las cédulas el mismo banco que las emite) y un elevado porcentaje del resto está en manos de los demás bancos españoles; a la hora de computar como liquidez, da lo mismo que los títulos sean propios o ajenos. Y también hay un porcentaje importante en manos de entidades de otros países europeos. Asimismo, desde el estallido de la crisis financiera, muchas entidades han emitido cédulas para llevarlas a descontar a la barra libre de liquidez del BCE, que no cuentan para las exigencias de Basilea III al estar pignoradas. Pero, en la medida en que la banca vaya devolviendo el dinero tomado en la ventanilla de Fráncfort, recuperará esas cédulas en su balance.

La amenaza es muy seria

Por tanto, el problema puede ser gravísimo si sale adelante el planteamiento de la EBA. Para empezar, las entidades tendrían que buscarse otros títulos para sustituir a las cédulas y cumplir los requisitos de liquidez. En segundo lugar, todo el mundo las vendería masivamente (bancos españoles y del resto de Europa), con lo que su precio se desplomaría. Y eso, a su vez, provocaría pérdidas a las entidades, que irían contra la cuenta de resultados o directamente contra fondos propios en función de la cartera donde las tengan. Asimismo, este desplome dispararía los tipos de interés hipotecarios.

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde. (EFE)
El gobernador del Banco de España, Luis María Linde. (EFE)
Esta medida puede ser la puntilla para las cédulas, que ya están amenazadas por el afloramiento de la morosidad hipotecaria oculta con la nueva normativa de provisiones para los créditos refinanciados, como adelantó El Confidencial. El aumento de esta mora hace menos segura la cartera de hipotecas que respalda a las cédulas, con lo que son más difíciles de colocar (la razón de su éxito en el mercado, y de su colocación masiva, es precisamente su seguridad). 

Guerra entre el Continente y Reino Unido

¿Por qué ha hecho esta propuesta la autoridad bancaria? Según Paula Papp, socia del área de banca de AFI, esto se explica por la guerra que se ha abierto entre los tenedores de deuda senior y los de cédulas. Esta batalla deriva de que el nuevo Mecanismo Único de Resolución establece que, en caso de que un banco tenga problemas, tiene que cubrir un 8% del total de su activo con capital y pasivos (lo que se llama bail-in o rescate interno) antes de que se le pueda rescatar con dinero público (bail-out). Pues bien, entre estos pasivos se encuentran las cédulas, que, al estar aseguradas con la cartera hipotecaria, apenas asumirían pérdidas, por lo que habría que atacar otros títulos, principalmente la deuda senior.

Por tanto, a los tenedores de estos últimos bonos les interesa que los bancos tengan la menor cantidad posible de cédulas para que la deuda senior tenga que asumir menos pérdidas (eso liberaría un porcentaje mayor del activo para cubrir a la deuda senior). Y para que reduzcan esas posiciones, nada mejor que no computen para la liquidez. Este bando está capitaneado por Reino Unido, que apenas tiene cédulas en balance porque se han financiado principalmente a base de titulizaciones (bonos respaldados sólo por una cartera concreta de hipotecas u otros créditos), que curiosamente no han sido cuestionadas por la EBA (que tiene su sede en Londres). 

La solución de este entuerto es incierta. El gobernador del banco central danés, Lars Rohde, ha predicho que Bruselas no hará caso a la EBA porque "no tiene sentido que unos bonos muy líquidos y con elevado rating tengan una consideración inferior a una deuda pública ilíquida y con menor rating". Además, este organismo contradice su propio informe inicial sobre qué títulos se consideran de primera categoría. La Comisión Europea tomará la decisión definitiva en junio. Pero, por si acaso, algunas entidades españolas como BBVA o Popular han empezado a amortizar emisiones de cédulas.

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