"Déjennos organizar el debate"

Pastor-Vallés: mano de hierro y guante de seda en una noche llena de escaramuzas

Los cuatro candidatos elevaron el tono en el segundo debate electoral y los periodistas les pararon los pies ante los constantes rifirrafes

Foto: Ana Pastor y Vicente Vallés, los moderadores del debate de Atresmedia. (EFE)
Ana Pastor y Vicente Vallés, los moderadores del debate de Atresmedia. (EFE)

El segundo debate electoral tuvo un poli bueno y uno malo. Como en los interrogatorios de las películas, la periodista Ana Pastor ató en corto a los candidatos mientras su compañero Vicente Vallés adoptaba un tono más conciliador, quedando claro desde el primer minuto el papel que jugaría cada uno. Las distintas actitudes con que encararon la cita se reflejaron en una entrevista concedida a La Sexta poco antes del arranque del debate: "Nervios más o menos controlados", reconoció él. "Estamos preparados para lo que venga", aseguró ella. Con las miradas centradas en los líderes de los cuatro partidos, los moderadores dejaron en el plató dos estilos distintos de hacer periodismo. Pastor puso la mano de hierro. Vallés, el guante de seda.

Las comparaciones con el debate celebrado en TVE eran inevitables, y en la previa de 'Al rojo vivo' quisieron subrayar cuál era su objetivo de cara a esta segunda cita: que no fuera un debate encorsetado y rígido. La primera en tomar la palabra fue Pastor, quien se encargó de subrayar la importancia del encuentro y saludó uno a uno a los candidatos. Vallés intervino a continuación explicando algunos detalles del formato, pero las frases más grandilocuentes se las quedó ella: "En este debate hay pocas reglas", "No queremos que sea una sucesión de monólogos"... Sin mencionar a la cadena de la competencia en ningún momento, los periodistas insistieron durante tres minutos en los aspectos que los diferenciaban.

El debate arrancó entonces con una sucesión de preguntas a los políticos. Ella lanzó la primera a Pedro Sánchez y, tras escuchar su respuesta, no dudó en repreguntar. Vallés siguió sus pasos y volvió a la carga cuando Iglesias no contestó de forma clara, dedicando así el comienzo del encuentro a cuestiones clave en lugar de a enfrentamientos entre los candidatos: si el PSOE va a repetir aliados para llegar a la Moncloa o se plantea negociar con Ciudadanos, si Iglesias va a exigir ministerios a cambio de dar su apoyo a Sánchez, si Casado seguirá adelante con su intención de convertirse en presidente aunque no gane las elecciones... Un formato más propio de los debates americanos que de los celebrados hasta ahora en España.

Pastor-Vallés: mano de hierro y guante de seda en una noche llena de escaramuzas

Una vez terminada la ronda de preguntas, los periodistas anunciaron un primer bloque dedicado al empleo. La relativa calma con la que se desarrolló el debate de TVE quedó entonces atrás, protagonizando Sánchez y Rivera la primera escaramuza de la noche: el líder de Ciudadanos puso sobre la mesa la tesis con la que el socialista consiguió su doctorado, tras lo que este le entregó a su vez un libro sobre Vox y Abascal. Mientras los candidatos intentaban dejar sus respectivos 'regalos' en el atril del adversario, Pastor elevó el tono y cortó en seco a ambos: "Señor Sánchez y señor Rivera, hemos preguntado por empleo. Seguramente hay mucha gente en casa que quiere escuchar sus propuestas sobre empleo", lanzó la periodista. Primera bronca, primer aviso.

El siguiente rifirrafe llegó de la mano de Rivera y Casado. Aunque Vallés trató de frenarlos, los líderes del PP y Ciudadanos siguieron discutiendo, por lo que Pastor optó por intervenir de nuevo: "Si hablan a la vez no se entiende nada". Acostumbrada a enfrentarse a todo tipo de políticos en el programa 'El Objetivo', la periodista se enfundó el traje de árbitra para que no se pasaran de frenada, mientras que Vallés, presentador del telediario de Antena 3, mantuvo un tono más conciliador durante la cita. La escena se repitió una y otra vez a lo largo del debate: "Ya es la tercera vez que lo decimos. Si hablan a la vez, en casa no les escuchan", insistió Pastor ante un nuevo choque entre los cuatro políticos. Pero a la tercera tampoco fue la vencida.

Antes de la primera pausa para publicidad, los realizadores mostraron la sala en la que se controlaban los tiempos empleados por cada uno de los candidatos: paredes blancas, pantallas con cronómetros y cuatro periodistas vestidas de negro. Todo un despliegue que recordó las salas de VAR desde las que se vigila el arbitraje en los partidos de fútbol. Pero a diferencia del debate de TVE, en esta ocasión no se controló la duración de las intervenciones a rajatabla, limitando Pastor y Vallés sus interrupciones a poner freno a las peleas. "No hablen a la vez", "si se interrumpen no se entiende nada", "déjennos organizar", "no interrumpamos el debate"... El repertorio de la periodista para frenar a los candidatos fue inagotable y, pese a ello, varios de los candidatos comenzaron sus intervenciones interpelando al "señor Vallés" y no a ella, en especial el presidente del Gobierno.

El segundo debate electoral se desarrolló así con un formato más flexible que quedó empañado por la agresividad de los protagonistas. Aunque los periodistas trataron de atarles en corto, algunas de las escaramuzas escaparon a su control y por momentos resultó imposible escuchar lo que decían los políticos, convirtiéndose entonces el plató en un ring. En lugar de aprender de los errores que cometieron el día anterior, los candidatos se fijaron en los de sus adversarios para lanzarse a su yugular una y otra vez. Mientras tanto, Pastor y Vallés fueron de lado a lado apagando fuegos.

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