Por la particularidad de la crisis sanitaria

Los datos de empleo y paro no reflejan el verdadero drama del mercado laboral

Aunque la destrucción de empleo se ‘limitara’ a 1,1 millones de trabajos perdidos, la realidad es que más de 4 millones de ocupados tampoco trabajaron

Foto: Imagen de una camarera en un restaurante de la playa de la Malvarrosa. (EFE)
Imagen de una camarera en un restaurante de la playa de la Malvarrosa. (EFE)

El balance del mercado laboral durante el segundo trimestre del año fue de 1,1 millones de empleos destruidos y 55.000 nuevos parados. Datos muy malos que, sin embargo, no reflejan la magnitud del drama que vivió el empleo durante el confinamiento. La realidad es que el empleo se congeló entre los meses de abril y junio como consecuencia del estado de alarma. El problema es que la metodología internacional manda contabilizar a los trabajadores que sufren un expediente temporal (ERTE) como ocupados. Habitualmente el impacto de esta elección es menor, pero en este caso, en el que se han multiplicado los expedientes, distorsiona por completo esta estadística.

En cuanto a los datos del paro, están completamente alterados. No solo porque los trabajadores en ERTE sigan figurando como ocupados, sino porque aquellos que han sido despedidos tampoco se están contabilizando como parados. El motivo es que como estas personas no pudieron buscar un trabajo de forma activa por estar confinadas, se las incluye en la estadística de inactivos. De ahí que el indicador del número de parados apenas haya aumentado en 55.000 personas cuando se han destruido más de 1 millón de empleos y más de 3 millones se fueron al ERTE. Estos expedientes están siendo clave para evitar la destrucción de empleo, pero considerar que los afectados están trabajando supone alterar drásticamente el análisis de la verdadera situación del mercado laboral.


Estos motivos explican por qué los indicadores que se utilizan tradicionalmente para medir la salud del mercado laboral todavía no sirven. Empezarán a dar resultado a partir del verano, cuando los trabajadores en ERTE empiecen a contabilizar como parados por estar más de tres meses en el expediente de empleo y cuando los inactivos empiecen a buscar empleo y sean incluidos en la estadística de parados. De ahí que en el tercer trimestre del año se vayan a publicar cifras históricamente malas del paro cuando, en realidad, no serán tan malas.

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El INE recoge otra serie de indicadores menos conocidos, pero que son imprescindibles para medir la verdadera situación del mercado laboral. Para empezar, lo más importante es contabilizar el empleo perdido realmente.

Para ello, hay que restar de la estadística de ocupados a aquellos que no trabajaron durante la “semana de referencia”, esto es, la semana anterior a la que fueron encuestados por el INE para elaborar la EPA. En total, 4,7 millones de personas que figuran como ocupados realmente no trabajaron durante la semana de referencia. En esta estadística se incluyen desde trabajadores de vacaciones o enfermos, hasta aquellos afectados por ERTE. Habitualmente hay en torno a un millón de trabajadores en esta situación, pero este año la cifra se ha disparado hasta 4,7 millones.

Según los datos del INE, 3,2 millones de ocupados no trabajaron por estar afectados por un expediente de empleo. Cifra que encaja también con los datos de ERTE registrados por la Seguridad Social: en el momento de pico de la crisis llegó a registrar algo más de 3,7 millones de trabajadores afectados. Como los datos de la EPA son una media trimestral, esos 3,2 millones estarían en línea con los datos de la EPA. A esto hay que sumar 800.000 ocupados que no trabajaron por enfermedad, que son casi 300.000 más que en el mismo periodo del año anterior. Al inicio de la pandemia, el Gobierno aprobó que el coronavirus y las cuarentenas ordenadas por un médico se considerarían baja laboral, lo que explica esta cifra de 300.000 trabajadores afectados a lo largo del trimestre.

Si se descuentan estos 4,7 millones de ocupados que realmente no trabajaron, el número de ocupados activos se redujo hasta 13,9 millones. Esta cifra ya se aproxima más a la realidad: muestra una destrucción de empleo equivalente al 21,5% en el segundo trimestre del año y del 25,7% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Estos datos ya muestran que el nivel de empleo en el segundo trimestre fue más bajo que en los peores momentos de la crisis económica posterior a la quiebra de Lehman Brothers, realidad que no muestra el indicador de ocupados totales.

El nivel de empleo en el segundo trimestre fue más bajo que en los peores momentos de la crisis de Lehman Brothers

Aún es posible afinar más los resultados, ya que esta estadística no contabiliza a los trabajadores que están con el contrato reducido, ya sea por decisión propia o por estar afectados por ERTE. Todos ellos figuran como ocupados que trabajaron en la semana de referencia, de modo que hay que buscar una estadística diferente.

El INE ofrece datos de horas efectivamente trabajadas a lo largo del trimestre, indicador que muestra la verdadera destrucción de empleo (en horas, no en puestos de trabajo). Entre abril y junio se realizaron 474 millones de horas de trabajo reales, una cifra que es un 22,6% inferior a la del trimestre anterior y un 26,7% inferior a la del mismo periodo del año anterior. Esta cifra es la que muestra la destrucción de empleo real que sufrió España como consecuencia del estado de alarma. En puestos de trabajo, supone la pérdida de unos 4,73 millones de empleos, esto es, cuatro veces peor que la cifra que reflejan los datos de ocupación.

En el caso del paro la distorsión es todavía mayor, ya que se destruyeron unos 4,7 millones de empleos, pero solo hay 55.000 parados más. El primer problema, ya explicado, es que hay 3,6 millones de personas que siguen figurando como ocupadas aunque no trabajen como consecuencia de la pandemia.

El resto, los 1,1 millones de empleos destruidos, se han contabilizado como inactivos y no como parados. El motivo es que la metodología de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) fija tres requisitos para que una persona sea considerada parada: no tener empleo, estar disponible para trabajar de forma inmediata y buscarlo de forma activa. Muchos trabajadores despedidos no pudieron buscar un empleo por estar confinados y otros tantos porque tenían hijos que cuidar con los colegios cerrados. El resultado es que todos ellos fueron directamente a engrosar la lista de inactivos y, por tanto, no figuran como parados.

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La estadística de flujos de la EPA muestra que 2,2 millones de trabajadores salieron de la población activa a la inactividad en el segundo trimestre del año, el doble de lo normal. En total, nada menos que 1,03 millones de personas pasaron del empleo a la inactividad directamente, un 136% más que en el mismo periodo del año anterior. Es evidente que este dato no refleja completamente la realidad del mercado laboral, porque no es comprensible que en una situación económica tan delicada, los trabajadores despedidos salgan de la actividad.

En suma, estos datos muestran que el paro no ha aumentado en 55.000 personas como muestra la estadística, sino que ha aumentado en un millón de personas. Eso significa que la tasa de paro sería del 19% y no del 15,3%. Si se suman además los 3,2 millones de trabajadores en ERTE, la tasa de paro total ascendería al 33%, el dato más alto nunca registrado. Estas cifras ya encajarían más con los datos reales del mercado laboral.

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