El desliz de Calviño que le complicará el Eurogrupo
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OPOSICIÓN DESDE EL NORTE

El desliz de Calviño que le complicará el Eurogrupo

Los nórdicos no ven a Calviño con buenos ojos y estructuran su oposición a su candidatura al Eurogrupo alrededor de un desliz en unas declaraciones públicas

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El desliz de Calviño que le complicará el Eurogrupo

Nadia Calviño no es un personaje polémico ni en España ni fuera de ella. Una funcionaria europea de alto rango, directora general de Presupuestos de la Comisión Europea, como ministra de Economía, ha mantenido siempre un perfil bajo y discreto. Evita entrar en el barro político y, ante los periodistas, esquiva cualquier declaración que le pueda catapultar a los principales titulares de los periódicos e informativos.

Dentro del Gobierno, ahora como vicepresidenta, Calviño mantiene ese perfil técnico, un puente con las empresas y los mercados, que tienen en la titular de economía su principal vínculo y garantía en el Ejecutivo. Ahora, Pedro Sánchez acaba de lanzar su candidatura para hacerse con la presidencia del Eurogrupo ante la salida de Mário Centeno.

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Pero aunque Calviño mide con extremo cuidado sus palabras en público, es precisamente un desliz ante la prensa lo que está sirviendo a los nórdicos para estructurar su oposición a la vicepresidenta del Gobierno. En su momento, la ahora aspirante a sustituir a Centeno se refirió a los países del norte de Europa como “pequeños con poco peso”.

Esas declaraciones llegaron en un momento en que se estaba celebrando una serie de debates sobre el futuro de la zona euro que reflejaban una ruptura norte-sur. La Nueva Liga Hanseática, conformada por países que se oponen a una mayor integración europea en el marco de la reforma de la eurozona, bloqueaba debates clave y, después, un grupo de ellos, los llamados ‘frugales’, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Austria, se opusieron a un presupuesto comunitario mayor y, ahora, a un fondo de recuperación en los términos planteados por la Comisión Europea.

Los nórdicos buscan ahora apoyar a uno de los otros dos potenciales candidatos: el luxemburgués Pierre Gramegna o el irlandés Paschal Donohoe. Dublín es la más cercana al pensamiento de los frugales, aunque tanto el Gobierno irlandés como el luxemburgués se han alineado durante buena parte de la crisis del coronavirus con las tesis españolas, italianas y francesas, como demostró la declaración conjunta en la que pedían emisión de deuda conjunta.

La oposición cerrada de los nórdicos a Calviño demuestra la profundidad de la división norte-sur en la manera de ver la eurozona. Aunque señalen que la ministra española es una figura muy “divisiva” dentro del Eurogrupo, lo cierto es que lo realmente divisivo es el debate sobre el futuro de la zona euro, como han demostrado todos los últimos debates sobre la estructura de la moneda común y los posibles instrumentos para gestionar la crisis del covid-19.

Calviño saluda a su homólogo alemán, Olaf Scholz. (EFE)
Calviño saluda a su homólogo alemán, Olaf Scholz. (EFE)

Buscando apoyos

La vicepresidenta del Gobierno tendrá, por lo tanto, que lidiar con la oposición cerrada de nórdicos, además de superar otra barrera: el equilibrio geográfico. España ya tiene dos altos cargos europeos, con Josep Borrell como alto representante de la UE para Exteriores y Política de Seguridad, y Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE). Además, José Manuel Campa dirige la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés).

Foto: Así es el camino que deberá seguir Calviño para liderar el Eurogrupo: una guía práctica

La elección del presidente del Eurogrupo es por mayoría simple, lo que significa que, en realidad, Calviño no necesita el voto de los nórdicos. La tradición indica, eso sí, que cuando uno de los dos candidatos que quedan al final del proceso tiene la mayoría, el otro retira su candidatura para que los ministros puedan elegir al próximo presidente por unanimidad.

De esta forma, la vicepresidenta tendrá que tejer una serie de alianzas que tendrá que negociar por separado. Primero deberá unificar al sur contra la oposición del norte, algo que podría ser relativamente sencillo. Por otro lado, tendrá que atar el apoyo de Olaf Scholz, ministro alemán de Finanzas, que forma parte también de la familia socialdemócrata. La española tiene entonces dos retos fundamentales, el primero de ellos pasa por lograr el respaldo de Bruno Le Maire, ministro francés, mostrándose como la garantía de que los planes de París en el eje franco-alemán cuentan con el apoyo de la presidenta del Eurogrupo. El segundo es pescar el apoyo del este de la eurozona.

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