guerra comercial entre China y EEUU

Tucídides en el G-20: cuando EEUU se dio cuenta de que China no solo hacía zapatos

En la cumbre del G20 que tres años después (¡solo tres!) se está celebrando en Japón, sin embargo, el mundo ha cambiado mucho. El listón de lo que llamamos "confrontación", también

Foto: Trump y Xi. (Reuters)
Trump y Xi. (Reuters)

Cuando el entonces presidente Barack Obama llegó a la reunión del G-20 que se celebraba en Hangzhou (China), la crónica 'The New York Times' hablaba de la fuerte "confrontación" entre ambos países antes incluso de empezar la cumbre. La CNN también veía ahí "un incidente entre chinos y estadounidenses". Pero eso a lo que en 2016 la prensa llamaba "incidente diplomático" entre ambas potencias era simplemente al desplante a Obama porque el aeropuerto chino no tenía preparada la escalerilla ni la alfombra roja para bajar del Air Force One y el presidente estadounidense tuvo que hacerlo por la puerta de servicio. Hasta la Casa Blanca quitó importancia a la anécdota, que al menos sirvió para dar algo que hablar en los telediarios. Era 2016.

En la cumbre del G-20 que tres años después (¡solo tres!) se está celebrando en Japón, sin embargo, el mundo ha cambiado mucho. El listón de lo que llamamos "confrontación", también. Las amenazas de guerra comercial del presidente Donald Trump a Xi Jinping sobrevuelan la cumbre de jefes de Estado y el temor de que las nuevas tensiones entre EEUU y China desestabilicen gravemente la economía mundial tienen en alerta los mercados.

El listón de lo que llamamos "confrontación", también. Las amenazas de guerra comercial de Trump a Xi Jinping sobrevuelan la cumbre

Ambos líderes se encuentran en esta cumbre por primera vez desde que en mayo la Administración de Trump aumentara los aranceles del 10% al 25% sobre las importaciones chinas por valor de unos 200.000 millones de dólares y China respondiera con aranceles más altos. Trump a su vez ha amenazado también con imponer aranceles a otros 300.000 millones de dólares de importaciones chinas. Los mercados financieros contienen la respiración confiando en que se tranquilicen. Hagan o no las paces en Osaka, todo apunta a que vamos camino de un nuevo orden mundial de altibajos y tensiones constantes entre los dos bloques. Un nuevo escenario para las empresas acostumbradas a un mercado global que podría dejar de serlo y en el que el papel de la Unión Europea todavía es una incógnita.

"La nueva normalidad es una situación de enfrentamiento estructural", explica el investigador económico de Instituto Elcano, Federico Steinberg en unas jornadas organizadas por este 'think tank'. "Tenemos que irnos acostumbrando a vivir como en la Guerra Fría, con picos de tensión y distensión, porque estamos en una situación en la que lo más probable es que los principales actores de la economía mundial, China y EEUU, no se vayan a poder entender".

Steinberg advierte de que "no tiene ninguna relevancia" si Trump y Xi hacen las paces en Osaka. En realidad, casi ningún experto espera que del G-20 salga la solución real a más de un año de tensiones comerciales, crisis arancelarias y meses de deterioro de las relaciones entre las dos mayores economías del mundo. "Al margen de lo que pase en la cumbre del G-20, hay guerra comercial para rato", opina Lourdes Casanova, directora del Instituto de Mercados Emergentes de la Universidad de Cornell, que tampoco cree que las tensiones entre EEUU y China no se vayan a solucionar a corto plazo. "Es como si de repente Estados Unidos se hubiera dado cuenta de que China ya no solo fabrica zapatos y que está compitiendo contra él de tú a tú en sectores en los que antes las empresas estadounidenses eran líderes, como banca, tecnología y energía. China supo utilizar la crisis financiera mundial para aumentar su presencia internacional y a Occidente le ha pillado despistado".

Estamos viviendo, según esto, el nacimiento de una nueva era de rivalidad y tensiones permanentes entre China y EEUU por el liderazgo mundial. "No tiene sentido plantearse quién va a ser el ganador de la guerra comercial, porque la economía no funciona así, si continúa la guerra comercial perdemos todos", apunta Alicia García Herrero, economista jefe de Asia Pacífico del banco de inversión Natixis. "No estamos ante una simple guerra comercial, sino ante una guerra ideológica del modelo económico".

Herrero, que habitualmente vive en Hong Kong pero visita Madrid en las jornadas organizadas por Elcano, añade: "Desde el sistema económico occidental se creía que el modelo chino de intervención estatal quebraría, porque no se podía mantener una empresa eficiente con subsidios. Pero el mundo ya no es así". Así lo explica: "Ahora si logras ser el primero en el mundo digital con un 40% de cuota, puedes retirar los subsidios cuando ya eres el dueño del mercado. El cambio tecnológico ha afectado al nuevo modelo económico en el que el ganador se lo lleva todo y China ha cambiado las reglas de juego. Fue el error de cálculo de la administración Clinton, que cuando se creó la Organización Mundial del Comercio no temía a China porque entonces se pensaba que una economía intervenida no llegaría a ningún lado".

Hace 10 años, China solo tenía 20 empresas entre las 500 mayores del mundo. Ahora son más de un centenar. Le pisa los talones en el ranking a EEUU, que tiene 126. "La expansión de las empresas chinas está para quedarse y eso seguirá aumentando la rivalidad con EEUU, porque ve su liderazgo amenazado", afirma Casanova, que añade un consejo a Occidente: "Tanto la Unión Europea como Estados Unidos tienen que dejar de subestimar lo que está pasando en China como si fuera pasajero. Tienen un plan pensado a largo plazo".

"Tanto la Unión Europea como Estados Unidos tienen que dejar de subestimar lo que está pasando en China como si fuera pasajero"

Ese largo plazo tiene que ver con el centenario de la Revolución Comunista China de 1949. Según Miguel Otero-Iglesias, profesor visitante en el Instituto de Economía y Política Mundial de la Academia China de las Ciencias Sociales en Pekín e investigador principal de Elcano, "en el Partido Comunista Chino están convencidos de que en el año 2049 será la cima de su prosperidad y trabajan para ello". Cuenta este experto en economía y política internacional que hace casi una década, alguien cercano al Comité Central del Partido Comunista le dijo: "Miguel, en las próximas décadas China va a superar a Estados Unidos y, conociendo a los americanos, eso no les va a gustar y tratarán de evitarlo por todos los medios". Y en esas estamos.

También Ángel Saz, director del Center for Global Economy and Geopolitics (ESADEgeo), opina que estamos entrando en una nueva gobernanza comercial: "Estamos pasando de un sistema económico basado en acuerdos multilaterales y bilaterales que marcaba las reglas a un nuevo sistema en el que no hay reglas sino relaciones de poder".

Por eso nadie se toma realmente en serio lo que salga de una cumbre como el G-20. Ninguna de las dos potencias reconoce un árbitro como mediador y la guerra arancelaria y los vetos a Huawei impuestos por Trump han terminado de desacreditar organismos como la OMC. "Vamos a un mundo en el que no se negocian reglas de organismos imparciales, sino que tienen que convivir con la inestabilidad de la ley del más fuerte".

El dilema de las empresas

Los bandos no están tan claros como parecen, porque en un mundo tan globalizado no va a ser fácil poner fronteras. En una reciente visita a Madrid, Nicholas Negroponte, director del prestigioso MIT Media Lab, contó que acababa de reunirse en China con el presidente de Huawei: "Quería verlo para expresarle mi total apoyo a Huawei como el importante gigante tecnológico y científico que es". A Negroponte, que asistía a un encuentro organizado por Banco Caminos y Bancofar, le preocupaba especialmente tanto los aranceles como el sentimiento anti-China fomentado por el presidente Trump: "Meter en la lista negra a una sola empresa resulta surrealista", afirmó en referencia a Huawei. "Mi esperanza es que no impongan tarifas en el conocimiento, que al menos podamos seguir trabajando juntos científicamente, porque la historia del conocimiento científico está basado en gente apoyándose en el trabajo de otros".

Es normal que a Negroponte, que lidera el prestigiosísimo MIT, le preocupe cómo la nueva guerra fría entre EEUU y China puede afectar el progreso científico y tecnológico en un mundo globalizado. Ya lo ha hecho. El FBI está presionando a las universidades norteamericanas a monitorizar todos los pasos de sus estudiantes e investigadores de origen chino. Según la NPR, las universidades hasta ahora se niegan pero las agencias de inteligencia estadounidenses están apelando a la seguridad nacional.

Las empresas van a tener que acostumbrarse a explicar a sus accionistas que no solo importa el siguiente balance trimestral

"Las empresas van a tener que acostumbrarse a explicar a sus accionistas que no solo importa el siguiente balance trimestral, hay que empezar a planear a medio plazo qué hacer en un entorno de inestabilidad potencial entre potencias", afirma Lourdes Casanova, que comenta que también en su centro de investigación de la neoyorquina Universidad de Cornell, de la prestigiosa Ivy League, han empezado las preguntas a los profesores para saber quién recibe apoyo económico de empresas chinas como Huawei.

¿Y qué papel le esperaría a la UE en una nueva Guerra Fría digital? "Si nos mantuviéramos unidos tendríamos una oportunidad de influir", afirma Steinberg. "Si no, ya sabemos lo que pasa: si no eres de mi imperio, tus empresas no pueden operar en los países enemigos, esa es la lógica que Trump está iniciando con Irán y Venezuela y que los europeos tenemos que evitar".

Lo preferible para Europa, coinciden los expertos, sería que la UE se convirtiera en el tercer polo de la geopolítica mundial, algo que solo es posible si se mantiene más unida en su acción exterior. Sin embargo, ese no es necesariamente el escenario más probable. "Si unos países europeos se alinean con China y otros con EEUU y las empresas se dividen porque cada una prefiere hacer negocios con un bloque, Europa perdería toda su capacidad de influencia", advierte Otero-Iglesias.

Lo preferible para Europa, coinciden los expertos, sería que la UE se convirtiera en el tercer polo de la geopolítica mundial

También las gestoras de fondos están avisando a sus inversores: "Es probable que los países de todo el mundo se vean presionados para tomar partido por alguna de las partes en disputa, lo que se traducirá en un mundo cada vez más polarizado", recoge el informe elaborado por Neil Dwane, estratega global de Allianz Global Investors previo al G-20. "China podría tomar represalias con una política de 'no comprar a Estados Unidos', afectando los beneficios corporativos de los Estados Unidos durante las próximas décadas y negando el acceso de las empresas estadounidenses a cadenas de suministro clave con base en China".

Hay consenso en que si las tensiones comerciales se convierten en la norma y no se calma la situación va a ser malo para todos. "Pero que algo no interese a ninguna de las partes no quiere decir que no pueda pasar", advierte Ángel Saz, director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que reconoce el temor a que Trump calcule mal con su amenaza de aranceles pensando que los chinos vayan a recular y no lo haga, o a la inversa. "A nivel español hay poco que podamos hacer, la UE podría tener bastante más influencia si actúa como tal que la suma de cada uno de sus miembros por separado".

Si tras el G-20 la guerra comercial se intensifica, el crecimiento mundial se reduciría en aproximadamente 70 puntos básicos, según el consenso de los macroeconomistas. Prácticamente, todos los sectores exportadores de la economía española estarían en riesgo, como lo estaría cualquier multinacional española que opere en un tercer país al que le afectaran los vetos cruzados y, en general, cualquier consumidor que quisiera comprar desde un móvil a un coche importado, que se encarecería en medio de una guerra de aranceles. "Tengo la esperanza de que lleguen a un acuerdo para que esto no se vaya de las manos, porque traspasar ciertas líneas es peligroso y algunas ya se están traspasando", concluye Saz.

"A las empresas la nueva situación no les preocupa todo lo que les debería preocupar", afirma Ángel Saz, que asesora empresas desde ESADEgeo. "Hay una cierta ingenuidad en las compañías de que esto no va a ser para tanto y las sanciones a países como Venezuela e Irán les están pillando por sorpresa. Han tardado tres años en prepararse para el Brexit y todavía no están haciendo un análisis de riesgos ajustado a la nueva situación de guerra comercial permanente que tendría afectarles a las decisiones estratégicas a la hora de decidir en qué países deben estar o de cuáles salir".

El peligro de la trampa de Tucídides

"No es una simple guerra comercial, estamos ante una guerra por el poder mundial", resume Otero-Iglesias. Y este enfrentamiento es el que muchos analistas advierten que puede acabar con el comercio global tal y como lo conocemos: "Puede que entremos en un mundo neoimperialista, con dos ecosistemas tecnológicos muy diferenciados, el chino y el americano, que operen de forma separada e incompatible", afirma Steinberg, que pese a intentar ser optimista, no oculta que "si continúan aumentando las tensiones entre China y EEUU, no se puede descartar un conflicto militar".

Hasta hace no tanto, la mera posibilidad de un conflicto armado entre China y EEUU era inimaginable, pero aunque improbable a corto plazo, ha dejado de serlo en el medio. Cuando Xi Jinping visitó la Casa Blanca de Barack Obama en 2015, la relación entre ambas potencias era tranquila.

Pasa cuando un poder emergente desafía al líder establecido para tomar el relevo

Sin embargo, el prestigioso politólogo de Harvard Graham T. Allison advertía ya por entonces del peligro de la trampa de Tucídides. Y, con las guerras del Peloponeso como metáfora, vaticinaba que tarde o temprano surgirían las tensiones entre China y EEUU que estamos viviendo ahora porque la Historia nos enseña que no es algo inusual. Pasa cuando un poder emergente desafía al líder establecido para tomar el relevo. El politólogo ya veía venir la escalada de tensiones con China en la América de Obama porque veía el reflejo de lo que pasó con Esparta contra Atenas en la antigua Grecia, Inglaterra contra Francia en el XIX y con Alemania contra el Imperio Británico hace cien años.

No hace falta retroceder 2.400 años. Lo que Allison llama la trampa de Tucídides está basado en sus análisis de cómo en los últimos 500 años ha habido hasta 16 choques entre una potencia imperante y otra desafiante. El conflicto bélico entre ambos rivales, sin embargo, no es inevitable. En 12 de los 16 casos que nos dejan los últimos cinco siglos, la disputa acabó en guerra. En 4, sin embargo, hubo una transición tranquila. Todo apunta que estamos ante el caso 17.

Economía

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios