movilización de la guardia civil

La crisis de El Prat logra un milagro político: unir a Fomento, Govern y Colau

Una mesa difícil de imaginar hace siete días desactivó ayer viernes el posible colapso del aeropuerto de Barcelona El Prat.

Foto: El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, el viernes en Barcelona. (EFE)
El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, el viernes en Barcelona. (EFE)

Una mesa difícil de imaginar hace siete días desactivó este viernes el posible colapso del aeropuerto de Barcelona-El Prat. Tras días de indefinición y reproches soterrados, una actuación conjunta de Ministerio de Fomento, Govern de la Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona ha colocado la pelota de las negociaciones en el tejado de los trabajadores de seguridad del aeropuerto. Además, el anuncio de intervención de la Guardia Civil y la propia división sindical han pasado toda la presión a la nueva votación del domingo donde se valorará la última propuesta de acuerdo.

“Ya saben lo que va a pasar si no votan”. Tras la euforia de haber alineado a tres administraciones diferentes para construir un frente común, el riesgo de huelga indefinida en El Prat ha quedado amortiguado. La cuestionada legitimidad de la votación del jueves, donde el comité de huelga rechazó las mejoras ofrecidas por Govern y Eulen, tendrá otra oportunidad el domingo. Una nueva asamblea evaluará lo conseguido hasta ahora y decidirá hasta dónde quieren seguir tensando las negociaciones, advertidos de que habrá un laudo arbitral obligatorio en caso de seguir con el órdago.

El Prat registra colas de hasta una hora en plena negociación entre las partes. (EFE)
El Prat registra colas de hasta una hora en plena negociación entre las partes. (EFE)

Llegar a este punto ha costado más de una semana de tira y aflojas entre todas las partes. Hace casi diez días, el Gobierno activó el botón de emergencias ante las consecuencias que estaba generando la huelga de celo encubierta en El Prat. Por un momento, ese problema laboral completaba una tormenta perfecta mucho mayor, pues justo en esos días comenzaron a tener visibilidad las primeras acciones contra intereses turísticos, trufadas además de oportunismo político en el contexto del proceso soberanista de Cataluña. Verano ideal para los paseos matinales del presidente Mariano Rajoy.

La crisis de El Prat logra un milagro político: unir a Fomento, Govern y Colau

El oportunismo del ‘procés’ llegó a enfrentar de forma velada a los interlocutores institucionales, hasta el punto de hacer inimaginable que las tres administraciones pudieran alinearse. Además, por si fuera poco, el gestor aeroportuario Aena optó por convertirse en un convidado de piedra bajo el argumento de que todo se ceñía a un conflicto laboral entre empresa (Eulen) y trabajadores. Su resistencia a formar parte de las negociaciones duró solo un par de días, pero por el caminó impidió formar parte de la solución antes de que entraran en juego Fomento, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona.

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La proporcionalidad en la respuesta ha sido la baza esgrimida por Fomento para aterrizar en el problema. Hasta agotar los plazos de una solución entre las partes han dejado correr una semana. Para entonces, todos los frentes estaban ya convencidos de trabajar de forma conjunta. Hasta el punto de que el anuncio efectuado por el ministro Iñigo de la Serna sobre el despliegue de la Guardia Civil, bajo pretexto de garantizar la seguridad (nivel 4 de alerta terrorista), fue respaldado por el propio portavoz de la Generalitat, Jordi Turull, que de ser crítico ha pasado a ofrecer a los Mossos para colaborar.

Este despliegue de fuerzas del lado de la Administración deja en manos de la asamblea de trabajadores la decisión de poner fin al conflicto. Tienen sobre la mesa una oferta de incremento salarial de 200 euros mensuales en doce pagas, muy superior a los 30 euros que presentó Eulen al principio. Ya no habrá más opciones de estirar en el calendario un pronunciamiento definitivo. Ni siquiera la amplia base sindical (a diferencia de los estibadores) está unida. La votación del domingo es la última oportunidad para coger el dinero y evitar a la Guardia Civil como compañeros de turno.

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