ECOFIN EN LA VALETA

Atenas y sus socios logran un acuerdo para evitar un nuevo drama griego

El paquete incluye cambios en el sistema de las pensiones y reformas fiscales, dos líneas rojas que Grecia se ha resistido a cruzar. Quedan aún algunos flecos sueltos

Foto: El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, a su llegada a la reunión informal de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea. (EFE)
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, a su llegada a la reunión informal de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea. (EFE)

Parecía casi imposible. Pero, por una vez, Atenas y sus socios han optado por no tensar la cuerda hasta que casi se rompa. Al menos por ahora. Los ministros de Economía y Finanzas de la zona del euro han sellado este viernes en La Valeta un acuerdo “sobre grandes reformas” que permitirá al Gobierno griego respirar. Al menos en el plano de las finanzas, porque queda por ver si el Ejecutivo liderado por Alexis Tsipras logra sobrevivir al trago amargo que supone para sus ciudadanos asumir nuevas reformas fiscales y en las pensiones, que encima se aplicarán no ahora, sino una vez que el tercer rescate haya finalizado en 2018.

El paquete contiene medidas de ahorro que equivalen, nada más y nada menos, al 2% del PIB griego -unos 3.600 millones de euros. Un 1% del PIB se ahorrará en 2019 con cambios principalmente en el sistema de pensiones y el 1% restante provendrá de una reforma fiscal con la que se bajará el mínimo exento del IRPF. Con lo que se permite a Tsipras que adopte estas medidas impopulares paulatinamente. Aunque, como todo en la crisis helena, está condicionado a que los griegos cumplan.

Lo ha advertido el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijssebloem: a mediados de 2018 los socios evaluarán la situación en la que se encuentra Grecia, justo antes de que se acabe el rescate. Y “si todo está bien, la segunda parte de las reformas se aplicarán en 2020”, ya que si no, deberán ser tomadas todas de golpe en 2019.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (EFE)
El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (EFE)

Mucho por resolver

Los ministros de la Eurozona no han entrado este viernes en uno de los pantanos que queda por atravesar: la senda fiscal que Grecia debe seguir en los próximos años, o dicho de otro modo, los objetivos de superávit que tendrá que alcanzar en los próximos años. Ésta es una de las cuestiones que divide a los acreedores, ya que mientras el FMI cree que los objetivos actuales no son realistas, la Comisión Europea piensa que están al alcance de la mano. “En 2016 Grecia alcanzó al menos un superávit del 3 %, seis veces por encima del objetivo, va de camino al 1,75 % de este año y somos optimistas sobre que logrará el 3,5 % en 2018”, ha dicho el comisario europeo Pierre Moscovici.

También queda pendiente la espinosa discusión sobre la sostenibilidad de la abultada deuda helena, que se sitúa en torno al 180 % de su PIB. Los socios han dado señales a Atenas de que se volverá a poner el tema sobre la mesa pronto, antes de lo esperado, una vez que cumplan con lo acordado. “Necesitamos comenzar las discusiones concretas sobre el análisis de la sostenibilidad de la deuda y las medidas relativas a la deuda en las próximas semanas”, ha dicho Benoit Couré.

La cuestión de la deuda es una importante una reivindicación para Tsipras, pero es también una exigencia clara del FMI, que se niega a entrar en el rescate si no se asegura que Grecia podrá saldar sus deudas a largo plazo. El fondo ha defendido la necesidad de una fuerte reestructuración de la que los europeos, sobre todo los alemanes y aliados, no quieren ver ni en pintura. Pero al mismo tiempo, estos se niegan a aceptar que el FMI no entre en el rescate. Una paradoja para la que por el momento no se ha encontrado solución.

Ésta, según fuentes diplomáticas, puede llegar por aceptar finalmente la ausencia del FMI. Sobre todo teniendo en cuenta que su participación se complica cada día más por la negativa de la nueva administración estadounidense a que se destine más dinero a Grecia, un país al fin y al cabo rico para los estándares del resto de los países con los que trabaja el fondo. Berlín no puede aceptar semejante revés antes de las elecciones generales que se celebran en otoño, pero permitir que este viernes la eurozona y los acreedores hayan mostrado su intención de reabrir el debate de la deuda es un primer paso.

Un clavo ardiendo para Tsipras

A cambio de los nuevos ajustes, los socios ofrecen a Grecia un caramelo: si la situación económica evoluciona bien, se cumple lo previsto y el país logra mantener un buen superávit fiscal, podrá utilizar parte del mismo para poner en marcha medidas de carácter social en 2019 y 2020, esto es, a la vez que aplica los ajustes. Una medida de consuelo.

El titular heleno de Finanzas, Euclides Tsalakotos, ha dicho que el Gobierno pondrá en marcha acciones sociales contra la pobreza infantil, los problemas de vivienda, el desempleo juvenil o para reducir los costes que sumen los pensionistas de las medicinas. Atenas se ha apuntado otro tanto muy importante para Atenas: a partir de septiembre de 2018, al término del rescate, comenzará a restablecer la negociación colectiva que el anterior gobierno conservador abolió por exigencia de los acreedores.

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