creciente malestar en la comisión

Bruselas apretará las tuercas a España con el déficit público sea cual sea el Gobierno

La Comisión Europea cada vez está más cansada de que, dentro de la trifulca electoral, los partidos españoles den por hecha una relajación adicional en las metas de déficit

Foto: El Comisario Europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici./EFE
El Comisario Europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici./EFE

Aún no hay Gobierno en España. Ni parece que vaya a haberlo en breve. Pero todos los partidos aspirantes parten de una premisa: negociarán con Bruselas una relajación en los objetivos de déficit público que debe cumplir España y están convencidos de que lo lograrán. Con lo que no cuentan es con el creciente malestar que, según fuentes conocedoras de la situación, la Comisión Europea siente hacia España y que, en esta ocasión, se traducirá en una posición más dura y menos proclive a acceder a las peticiones españolas. Con el añadido de que las autoridades europeas mostrarán esta firmeza sea cual sea el Gobierno que se forme finalmente, para dejar claro que su visión es estructural, no partidista. 

La sensación de Bruselas es que España ya ha gozado de suficiente flexibilidad. En 2012, las autoridades europeas accedieron a moderar las exigencias para los siguientes años. Y en 2013 retrasaron la reducción del déficit hasta una cifra inferior al 3% del Producto Interior Bruto (PIB) hasta 2016. Ahora, cuando toca dar ese paso, puesto que para este año el compromiso pasa por recortar el desequilibrio fiscal hasta el 2,8%, España pretende retrasar de nuevo el calendario, una intención que en Bruselas cada vez molesta más. 

El creciente malestar se traducirá en una posición más dura y menos proclive a las peticiones españolas

El enfado de la Comisión se apoya en dos argumentos. El primero, que España ha incumplido los objetivos, incluso una vez rebajados, de forma recurrente durante los últimos años. Por décimas, pero lo ha hecho. Y el caso de 2015 parece ser la gota que ha colmado el vaso de la paciencia. Pese a que la economía española creció un 3,2%, el mayor ritmo desde 2007 y la tasa más alta entre las principales potencias europeas, el Gobierno no fue capaz de alcanzar la meta de reducir el déficit hasta el 4,2%. El Gobierno lo sitúa en el 4,5%, en tanto que la Comisión cree que llegó al 4,8%.

En cuanto al segundo, tiene que ver con las reformas. Bruselas considera que el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha congelado su agenda reformista en la segunda mitad de la legislatura, una vez logrado y definido el rescate bancario y después que la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) contribuyera de forma clave a relajar las presiones que había soportado la deuda pública española

Duro 'examen' de primavera

Las autoridades europeas ya han manifestado su oposición a dar más flexibilidad a España en distintas ocasiones durante las últimas semanas. El presidente del Eurogrupo, Jeroem Dijsselbloem, puso palabras a esa opinión el pasado 11 de febrero, cuando reclamó a España "mano firme fiscal" y la obligación de cumplir sus obligaciones.

El presidente del Eurogrupo, Jeroem Dijsselbloem. (Reuters)
El presidente del Eurogrupo, Jeroem Dijsselbloem. (Reuters)

Dos semanas después, la Comisión volvió a la carga y recordó que España aún es "vulnerable". En un informe de casi 100 páginas, las autoridades europeas valoraban los progresos de la economía española, pero reclamaban más reformas y pedían equilibrar las cuentas públicas, con especial atención a las de las comunidades autónomas. 

En este contexto, la incertidumbre política y, sobre todo, la inclusión de la relajación de las metas de déficit en el debate electoral no hacen sino incrementar la sensación de hartazgo en Bruselas. Y este sentimiento, aseguran esas fuentes conocedoras de la situación, se dejarán notar en el examen que España deberá pasar en primavera. En abril, el Ejecutivo -el que esté en funciones o el nuevo- remitirá a Bruselas la actualización de su Programa de Estabilidad y el Programa Nacional de Reformas. Una vez recibido, la Comisión estudiará los documentos y se pronunciará en mayo.

Salvo que se produzca un cambio de actitud por parte de las autoridades españolas -o de los candidatos a serlo-, será entonces cuando Bruselas apretará las tuercas a España y le exigirá cumplir con sus compromisos. En este sentido, esas fuentes apuntan a que la Comisión querrá marcar el territorio indiferentemente de quién sea el interlocutor, en referencia a que no sólo mostrará esa posición en caso de que Podemos se sume al Gobierno, sino que también lo hará si el Partido Popular permanece en la Moncloa. 

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