PROPUESTAS ECONÓMICAS PARA EL 20-D

Nadal presenta cartas credenciales ante el socialismo democrático de PSOE y C's

El debate económico entre los distintos partidos con opciones de Gobierno sitúa claramente al Partido Popular contra una plataforma integrada por PSOE, Ciudadanos e incluso Podemos

Foto: El jefe de la Oficina presupuestaria de La Moncloa, Álvaro Nadal. (EFE)
El jefe de la Oficina presupuestaria de La Moncloa, Álvaro Nadal. (EFE)

Con el ministro de Economía alejado, en principio y por voluntad expresa, de la carrera política y el ministro de Hacienda estratégicamente sumergido para no inflamar las irritaciones generadas tras el ajuste fiscal ha llegado el momento de presentar en sociedad la candidatura de Álvaro Nadal como nueva estrella emergente en materia económica del Partido Popular. El jefe de la Oficina Económica de Presidencia (OEP) ha saltado a la palestra después de cuatro años haciendo méritos y numeritos en los fogones de Palacio, donde ha ejercido como cocinero mayor de las recetas impartidas por los distintos responsables de gobierno, incluidos Luis de Guindos y Cristóbal Montoro, pero también de las que han sido ejecutadas con especial esmero por José Manuel Soria y su hermano Alberto Nadal en el Ministerio de Industria o las aplicadas por Fátima Báñez en el Ministerio de Empleo y Ana Pastor desde el Ministerio de Fomento.

Mariano Rajoy ha catapultado la figura de su principal consultor económico otorgándole en esta etapa final de legislatura algunas misiones de naturaleza financiera pero que tienen un extraordinario calado político para el futuro Gobierno de la nación. Entre las mismas destaca la coordinación del nuevo Régimen Económico y Fiscal (REF) de Canarias que ahora se negocia con el Gobierno regional de Fernando Clavijo y que pretende compensar la lejanía del archipiélago, estableciendo de paso un punto de cercanía institucional que permita recabar las máximas adhesiones ante una eventual investidura en el Congreso de los Diputados. Nadal siente como nadie la confianza personal y directa del jefe del Ejecutivo que le impulsa a avanzar por esa pasarela donde la capacidad de influencia acumulada es el mejor salvoconducto para alcanzar una clara y futura posición de mando.

Nadal, Montoro y Báñez. (EFE)
Nadal, Montoro y Báñez. (EFE)

Sin descuidar la habitual tarea de ‘sherpa’ en la preparación de las grandes citas supranacionales con participación española, el zar económico de Moncloa ha ampliado su agenda profesional con una batería de comparecencias públicas destinadas a proclamar, con profusión de datos y cifras, la buena nueva de la economía nacional en la que se sustenta el programa de su partido de cara a las elecciones del 20-D. El asesor se ha engalanado con sus elaborados gráficos y se ha dispuesto a actuar como un embajador encargado de presentar las mejores cartas credenciales ante los representantes del mundo de los negocios. Nadal exhibe así su particular tarjeta de visita al tiempo que ofrece un muestrario completo de lo que ha sido y para lo que ha servido la gestión contra la crisis llevada a cabo por Partido Popular.

El director de la Oficina de Presidencia se ha convertido en primer portavoz del programa económico del PP para las elecciones del 20-D

El discurso está orientado siempre con el propósito general de encauzar un debate que el Gobierno considera desenfocado como consecuencia de la deriva secesionista de Cataluña y también por la tensión social de las desigualdades que laten detrás de la supuesta recuperación económica. El hombre fuerte de Rajoy apela a un enfoque neutral de los problemas para abordar una confrontación positivista entre el esfuerzo por mantener la competitividad o la necesidad de asegurar un mayor reparto de la riqueza. En palabras de Nadal, esta discusión lleva a discernir realmente si es mejor asegurar un mayor crecimiento para obtener una recaudación superior que garantice el estado de Bienestar o, por el contrario, hay que volver a la senda de los viejos Planes E al estilo Zapatero, que provocaron un endeudamiento insostenible y llevaron al país a una de sus peores crisis.

El aparente eclecticismo de un ideario donde las obligaciones económicas se combinan con las necesidades sociales conduce inevitablemente a un enfrentamiento maniqueo donde el Partido Popular colisiona con sus tres grandes rivales del PSOECiudadanos y Podemos agrupados en una misma plataforma bajo del denominador común de lo que podríamos entender como el nuevo socialismo democrático. Los actuales inquilinos del poder defienden su estrategia de crecimiento mediante una táctica de austeridad que sus opositores rechazan abiertamente con la convicción de que el país no puede enriquecerse a costa de empobrecer a los ciudadanos. Una vez más surge el combate entre la recesión y la crisis porque si la primera ha sido doblegada por la estadística la siguiente campa a sus anchas haciendo jirones en el bolsillo de los contribuyentes.

Albert Rivera, de Ciudadanos, y Pablo Iglesias, de Podemos. (EFE)
Albert Rivera, de Ciudadanos, y Pablo Iglesias, de Podemos. (EFE)

El mantra de la competitividad

Sólo así se puede entender la esquizofrenia que contagia cualquier intento de establecer comparaciones sobre los distintos programas económicos en liza electoral. El PP considera que lo mejor está por venir, siempre y cuando nadie remueva la siembra de un ciclo que ha empezado a dar sus primeros frutos. Nadal reitera su confianza en el futuro, asegurando que esta vez la recuperación de España no contiene la semilla de la próxima crisis porque la economía está siguiendo un patrón equilibrado de desarrollo basado en la devaluación interna y en la mejora estructural del sector exterior. La competitividad es el mantra sagrado que impone el ideario oficialista y en ella se circunscriben y resumen todas las opciones que tiene España para remontar los últimos y penosos siete años de vacas flacas.

Los aspirantes al trono de Moncloa, todos ellos situados a la izquierda del futuro arco parlamentario, desbaratan el resultadismo que ampara al Gobierno y señalan de manera recurrente estos días los enormes y desproporcionados costes que han tenido que pagar los ciudadanos. La desigualdad económica y la exclusión social nutren el arsenal de las acusaciones contra una política económica cuyo éxito se desvirtúa por su precio y en la que todos los ángeles se pintan como demonios para sacar los colores al asesor de Rajoy, el número cinco en la lista por Madrid y el primero colocado en las quinielas ministeriales si el PP logra revalidar su corona el próximo 20-D. Distinto será si Ciudadanos y el PSOE consiguen poner la aritmética de su lado con un pacto que favorezca la segunda transición de la que habla Albert Rivera.

Descartada la mayoría absoluta, la necesidad de gobernar el país con cierta estabilidad impone un nuevo y obligado Pacto económico de la Moncloa

Álvaro Nadal reconoce que estos años se ha producido una pérdida del bienestar de los ciudadanos. Pero, en contrapartida, asegura también que se ha actuado con responsabilidad, lo que ha permitido empezar a devolver una parte de la renta menguante sustraída a los españoles. Las bajadas de impuestos se prolongarán durante la próxima legislatura, faltaría más, y esta vez el PP no tendrá en un futuro Gobierno la coartada de buscar culpables de un engaño heredado en las cuentas públicas. La consolidación fiscal y las reformas tienen que continuar y para llevarlas a cabo sin echar más leña al fuego de los contribuyentes es necesario emplear una estrategia germánica de ajuste, sustentada en una tasa de inflación por debajo de la media europea y a poder ser inferior a la que registra Alemania.

La visión de la jugada que tiene el director de la Oficina Económica se evidencia de forma meridiana cuando critica sin reparos los últimos pactos salariales de los agentes sociales, en los que no se incluye referencia alguna a la competencia exterior. El programa económico del PP trata de satisfacer a sus electores domésticos ganando la batalla internacional y por eso su política redistributiva tiende a garantizar la equidad del reparto pero mirando mucho más al recorte del gasto que a la distribución del dividendo. Entre otras razones porque España responde aún por una deuda pública equivalente al 100% del Producto Interior Bruto (PIB) con una tasa de desempleo por encima del 20% y un paro juvenil del 46%, a pesar de todos los puestos de trabajo creados en la legislatura que ahora termina.

La economía ha mejorado su tendencia pero está todavía cogida con alfileres y el riesgo de involución supone una amenaza para todos los que contribuyen a sostener la confianza en el país. Ahí reside la ventaja diferencial de la propuesta del Partido Popular en relación al resto de fuerzas con opciones de gobierno. A la postre, uno y otras tendrán que establecer alguna fórmula de consenso que permita manejar el timón del país durante un periodo que se antoja decisivo para consolidar la recuperación. La mayoría absoluta está descartada y la gestión económica tendrá que abordarse mediante lo que algunos avezados observadores entienden como el futuro y obligado Pacto de la Moncloa. Algo que no necesariamente perjudica a Rajoy, un hombre tranquilo a quien tanto cuesta tomar decisiones y al que no viene mal que, de vez en cuando, alguien pueda darle un empujoncito.

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