RECHAZO A UNA RECLASIFICACIÓN DE IMPUESTOS

Montoro levanta en armas al Gran Consumo

Las patronales de productores, industria de alimentación y bebidas, distribución, comercio y restauración avisan del riesgo de un nuevo impuesto.

Foto: Montoro levanta en armas al Gran Consumo

Todos a una, como Fuenteovejuna. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha conseguido poner en su contra a las organizaciones de productores, de la industria de alimentación y bebidas, de la distribución, del comercio y de la restauración (FIAB, Aecoc, Anged, Aces, Asedas, CEC, Fehr, Fehrcarem y Cooperativas Agro-Alimentarias). Incluso, de manera preventiva. Sin haber hecho aún nada. El mero temor a que haya una nueva subida de impuestos directa (IVA) o indirecta (reclasificación) ha levantado en armas a los sectores representativos del 'Gran Consumo'.

Ayer martes, todos los representantes sectoriales escenificaron su rechazo al presumible nuevo rejón impositivo que prepara Hacienda con su reforma fiscal. Antes de acabar por la fuerza con la tiranía de Montoro, como hacía el pueblo cordobés con el comendador en la obra de Lope de Vega, los representantes del 'Gran Consumo' han preferido salir a la plaza pública para advertir al Recaudador Mayor del Reino de las consecuencias "muy negativas" que puede generar un nuevo incremento de los impuestos sobre el consumo para la confianza del consumidor.

"Está en riesgo la incipiente recuperación económica". Respaldados por el papel de espina dorsal que desempeña el 'Gran Consumo' en la economía española, con un peso de cerca del 20% del PIB, los distintos agentes económicos consideran que la reforma fiscal que verá la luz en febrero debería estimular la actividad empresarial. Es decir, reclaman políticas fiscales que contribuyan a la creación de empleo (rebaja de las cargas sociales), de manera que se ensanchen las bases cotizantes y Hacienda pueda lograr su objetivo de aumentar la recaudación.

"El Gobierno tiene una grandísima oportunidad con la próxima reforma fiscal", expone Horacio González Alemán, director general de FIAB. "O bien sirve para estimular la actividad empresarial, crear empleo y generar riqueza, o puede poner en peligro la incipiente recuperación económica. No hay margen más. Los efectos de una posible subida impositiva son demoledores". Seis años después del inicio de la crisis y con dos subidas de impuestos por el camino, las patronales del 'Gran Consumo' llegan exhaustas a este nueva contienda con las huestes de Montoro.

El acto público celebrado ayer sirvió, en cierto modo, de terapia colectiva ante el contratiempo inexorable que se avecina. Además, a pesar de la enfática puesta en escena, todos los presentes eran a la vez conscientes de que su grito comunal puede desvanecerse como una gota de agua en el desierto. Una vez apurado el cauce institucional para trasladar sus pesares, con la preceptiva reunión con el secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ferré, la suerte está echada. Todo lo demás puede quedarse en mero ruido que irrite aún más al impasible ministro.

Sin querer usurpar las funciones de Montoro, las patronales sí quisieron trasladar al titular de Hacienda que otra manera de recaudar más es posible. "La vía no es aumentar los tipos, sino poner medidas que contribuyan a aumentar la actividad económica y luchar contra el fraude fiscal", recordó José María Bonmatí, director general de Aecoc. "El sector -'Gran Consumo'- ya ha hecho un esfuerzo y creemos que hay otras vías para la creación de riqueza y empleo, pero sería muy negativo el incrementar los tipos o la reclasificación de impuestos".

Si el enemigo común es la subida de impuestos, el temor compartido es una nueva contracción del consumo. Su vaticinio agorero se basa en la experiencia reciente. Subir el IVA no genera más recaudación si desincentiva el consumo y provoca menos actividad económica. Aun así, dado que la experiencia del pasado puede resultar insuficiente para explicar el futuro, el Centro de Estudios Económicos Tomillo ha estimado, por encargo, el impacto negativo que provocaría una reclasificación de los productos con IVA superreducido (4%) y reducido (del 10%).

Además de ingresar menos dinero, hasta 3.000 millones en el peor de los escenarios, la reforma fiscal que despachará Montoro (y que antes cocina un comité de sabios) puede obligar a las empresas del 'Gran Consumo' a prescindir de hasta 174.000 empleados. El país donde se pensaba que con una tasa de paro del 26% se había tocado fondo resulta que puede llegar todavía más abajo. Portugal es el espejo al que nadie quiere mirarse y donde la subida del IVA en la hostelería (del 13% al 23%) supuso un cierre aproximado del 25% de los establecimientos.

Por si fuera poco, las patronales recordaron el efecto pernicioso que toda subida de impuestos puede suponer respecto al fraude. El director general de Aces, Aurelio del Pino, insistió en la necesidad de crear un "sistema fiscal fiable, seguro, estable y efectivo. Un modelo que ataje el fraude para incrementar los ingresos sin penalizar el consumo. Estamos preocupados y tensionados por la nueva reforma fiscal. Sus efectos pueden lastrar la capacacidad de crecimiento de nuestra economía. Necesitamos mayor transparencia y perseguir el fraude fiscal para ensanchar la base tributaria".

Hace tiempo que nadie se fía de las buenas palabras de Montoro. Las anteriores revisiones del IVA no trajeron con el paso del tiempo rebajas en las cargas sociales. Más bien al contrario. Antes de acabar 2013, el día de los Santos Inocentes, Hacienda se descolgó con la sorpresa de los cheques comida, que como pago en especie pasan a cotizar a la Seguridad Social. Más millones para las arcas públicas y un nuevo incendio en otro frente. Por suerte para el ministro, Mariano Rajoy no atiende como los Reyes Católicos al pueblo de Fuenteovejuna.

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