sE DISPARAN LAS MODIFICACIONES EN PLENA CRISIS

¿Puede soportar una empresa extranjera 70 cambios en el Impuesto de Sociedades?

“En los últimos cuatro años se han llevado a cabo 70 reformas de Sociedades”, lamenta el presidente de los empresarios americanos en España, Jaime Malet

Foto: El presidente de la Cámara de Comercio Americana en España (AmChamSpain), Jaime Malet (EFE)
El presidente de la Cámara de Comercio Americana en España (AmChamSpain), Jaime Malet (EFE)

Hotel Intercontinental, cinco estrellas en el madrileño Paseo de la Castellana. Pesos pesados del lobby de las empresas estadounidenses en España aprovechan la hora del aperitivo y desglosan sus recetas para la España de la recuperación, con la mirada puesta en el año 2020. Un revival del documento que ya presentaron hace tres años en pleno hundimiento de la economía. Y pasado un trienio, hay cosas que no cambian. “En los últimos cuatro años se han llevado a cabo 70 reformas del Impuesto de Sociedades”, lamenta el presidente de la Cámara de Comercio Americana en España (AmChamSpain), Jaime Malet, recién aterrizado de Washington y de compartir mesa y mantel con el presidente Obama y la secretaria de Comercio, Penny Pritzker.

“Ellos están muy bullish con su economía, apoyados sobre todo en temas energéticos. En España todo depende de que continúen las reformas estructurales”, asegura con moderado optimismo en conversación con este diario. Por ejemplo, la relacionada con el ámbito fiscal. No en vano esa montaña rusa regulatoria genera “una incertidumbre legal que lastra los niveles de inversión extranjera directa y disminuye la competitividad en el conjunto de la economía”, expone la Cámara, que aboga por una rebaja drástica del principal gravamen que afrontan las empresas. De hecho, el tipo nominal de Sociedades está actualmente 6,8 puntos por encima de la media de la Unión Europea, si bien su pago efectivo está condicionado por múltiples deducciones.

“El principal problema de nuestro sistema impositivo -además de ser muy oneroso- es su altísima complejidad. Un tipo real del 12,5% reduciría la administración del impuesto, sus costes asociados, y no requeriría de una legión de fiscalistas en busca de deducciones”, constata el economista y gestor de fondos de inversión Daniel Lacalle, en su reciente publicación Viaje a la libertad económica. “Un régimen impositivo amigable, predecible a largo plazo y bien diseñado puede ayudar a un país a atraer capital sin que se sea considerado un paraíso fiscal. Así recauda más y se crea empleo real”, remacha sin ambages. Una visión que no sólo los empresarios americanos suscriben sin reparo alguno.

José Manuel Entrecanales (EFE)
José Manuel Entrecanales (EFE)
José Manuel Entrecanales, madrileño y presidente de Acciona, no lanzaba un discurso muy diferente en el XVI Congreso de la Empresa Familiar celebrado hace apenas semanas en Jerez. “Ante esta situación de fortísimo incremento de la presión fiscal, las empresas familiares tenemos que reiterar al Gobierno de España nuestra petición de un marco fiscal que favorezca el crecimiento económico. Un marco que no esté sujeto a continuas variaciones ni que ahogue la capacidad operativa o de iniciativa por el constante incremento de la presión impositiva”, aseguraba. Y remataba con un anhelo, esto es, que la reforma fiscal en ciernes añada “claridad y simplicidad”, con el objetivo de reducir la “elevadísima y creciente conflictividad” entre Hacienda y las empresas.

Una montaña rusa jurídica

Entrecanales, aunque hablaba como presidente del Instituto de la Empresa Familiar (IEF), ha sufrido en sus propias carnes -véase su propia compañía- qué sucede cuando la incertidumbre se apodera de un sector. Las energías renovables por las que Acciona apostó han sufrido en los últimos años un auténtico vaivén jurídico-legal, incluidas acusaciones de retroactividad y arbitrajes internacionales con reclamaciones millonarias. Firmas estadounidenses también pueden dar fe del desaguisado, que ha obligado a movilizar a su propia embajada en no pocas ocasiones. No es de extrañar que Entrecanales pidiera no sólo un marco fiscal, sino un contexto regulatorio, “estable (…) y respetuoso con la seguridad jurídica y la confianza legítima”. Una reflexión demasiado inquietante cuando el sentir está generalizado. 

Juan Rosell (EFE)
Juan Rosell (EFE)
De hecho, hace meses ya lo había advertido el presidente de CEOE. Juan Rosell incidía durante la última Asamblea General de la patronal en que los constantes cambios en los impuestos están frenando a las empresas extranjeras. “Las continuas modificaciones normativas en el ámbito fiscal están creando un sistema tributario que no es claro ni estable, no facilita el cumplimiento de las obligaciones tributarias y provoca inseguridad jurídica, lo que reduce la inversión tanto de entidades nacionales como internacionales. Justo lo contrario de lo que necesitamos”, subrayaba, no sin antes recordar que, además de la legislación nacional, existen aproximadamente 100 gravámenes propios de la comunidades autónomas. “Y esa cifra va en aumento”, zanjaba.

Percepciones todas que se producen en un momento en el que, como subrayaba la Cámara de Comercio Americana, crece el interés foráneo por España, con empresas industriales y fondos de inversión estudiando activos que están ya en precio. La asociación incluso vaticinó más transacciones en los próximos meses, operaciones que vendrían a sumarse a compras como la de Mivisa o la entrada de Bill Gates en FCC. “Hace unos meses había miedo a España. Ahora hay miedo a perderse España”, aseguraban. Todo siempre que las reformas estructurales continúen para evitar una evolución económica a la japonesa y que, en palabras de los empresarios americanos, “el gran éxito colectivo de España se desvanezca como un dulce sueño de juventud”.

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