Djokovic no puede con la presión del Grand Slam y es barrido por un Medvedev sublime en NY
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Tampoco bate el récord de Nadal y Federer

Djokovic no puede con la presión del Grand Slam y es barrido por un Medvedev sublime en NY

El ruso gana su primer Grand Slam en un partido fabuloso frente al serbio, que era candidato a batir todos los récords y se vio claramente superado por la presión: 6-4, 6-4, 6-4. Es el mejor tenista en pista rápida de los tres últimos años

placeholder Foto: Medvedev y Djokovic se saludan tras el partido. (REUTERS)
Medvedev y Djokovic se saludan tras el partido. (REUTERS)

A Novak Djokovic, el número uno del mundo, no le importa emitir opiniones impopulares ni tampoco ir a remolque en el marcador. Por quinto partido consecutivo, el jugador serbio perdió el primer ‘set’ en la trascendental final de este entretenido US Open 2021. Pero por primera vez en el torneo, ‘Nole’ no remontó con paciencia a su rival, quedándose a las puertas de hacer historia con mayúsculas y convertirse en el primer tenista masculino que conquista el Grand Slam (Australia, Roland Garros, Wimbledon y Estados Unidos en una misma temporada) desde que lo hizo Rod Laver en 1969. Con su sorprendente derrota por un triple 6-4, el serbio tampoco deshace el triple empate que mantiene con Roger Federer y Rafa Nadal como tenista más laureado de la historia.

El ‘break’ infligido por el ruso en el primer juego del partido marcó el tono del primer ‘set’, jugado de forma impecable por Daniil Medvedev, y también del partido: saque potentísimo y altísima concentración desde el 2-0 inicial. El segundo cabeza de serie no perdió un solo punto con su primer servicio en esa manga: 15 de 15. Nada fuera de lo común para el serbio, acostumbrado a jugar y levantar partidos largos, una mente privilegiada en el Olimpo deportivo.

El segundo ‘set’ reflejó muchísima igualdad en el comienzo, con oportunidades de rotura para ambos y juegos largos repletos de ventajas. Djokovic empezó a dar señales de acusar la tremenda presión del partido y de las últimas semanas: en realidad, desde que ganó Wimbledon y se supo que tenía el Grand Slam y el Golden Slam (que incluye los Juegos Olímpicos) a tiro. De Tokio salió con una herida y sin medalla. En este partido se jugaba una nueva consagración.

placeholder Djokovic rompe una raqueta tras perder un punto en la final. (REUTERS)
Djokovic rompe una raqueta tras perder un punto en la final. (REUTERS)

Cometió algunos errores Medvedev en el primer tramo de la manga; Djokovic parecía encontrar la manera de restar con más pimienta y reducía la fiabilidad del primer saque de su rival. Entonces hubo un incidente con un altavoz que le descentró. Casi pierde los nervios el serbio. En el descanso posterior, se cubrió la cabeza con la toalla. Minutos después, destrozó una raqueta de varios golpes ante los abucheos de la ruidosa grada neoyorquina. Iba 2-1 y Medvedev seguía ganando adeptos. La mirada del supercampeón asustaba, pero tenía la tarde fallona con el ‘drive’ y no lograba distanciarse. Al siguiente juego, Medvedev le rompió el saque y empezó un festival de derechas profundas, algunas imparables, mucho más expresivo que de costumbre e incontestablemente superior al serbio. Enseguida se colocó 4-2 y después 6-4 ante el asombro del público y el gesto glacial, la mirada perdida, del hipercampeón balcánico. Dos ‘sets’ a cero.

Agarrotado

Soltar la tensión no le estaba sirviendo esta vez a Djokovic, verdaderamente desesperado ante la extraordinaria calidad del repertorio de golpes de su rival. Ni lograba ganar los puntos importantes ni podría cortar el ritmo al ruso. Como no le entraba nada, no podría aprovechar los ocasionales fallos de Medvedev. Había prometido jugar el encuentro como si fuese el último de su vida y estaba insufriblemente agarrotado, como si cayera sobre él la resaca de toda la temporada y sus ‘burbujas’. Además del peso de la historia.

Medvedev volvió a romperle el servicio en el primer juego de la tercera manga. La grada aplaudía a Djokovic sin parar: quería más. Se trataba de uno de los peores partidos en la vida del serbio; trató de ganar el tercer juego con saque-volea puro, pero ni eso pudo hacer. Desprendía resignación, malestar, melancolía. El ruso se colocó 4-0 y el público de la Arthur Ashe se dio cuenta de que el serbio les iba a estropear el espectáculo. Eludió el rosco el número uno recurriendo de nuevo a la volea, pero el partido parecía haberse acabado en realidad al final del ‘set’ anterior, o quién sabe, cuando hizo trizas aquella primera raqueta. Demasiada presión durante demasiado tiempo y demasiados partidos a cinco ‘sets’ para un hombre que terminaba una temporada magnífica de forma sorprendentemente dura. El peso, como tantas veces, de la expectativa.

placeholder Medvedev, tras el último punto. (REUTERS)
Medvedev, tras el último punto. (REUTERS)

Djokovic se cambió la camiseta con 5-2 abajo en el marcador y saque de Medvedev, que jugaba ya como ganador. Dos dobles faltas le dieron oxígeno imprevisto al serbio, que sacó para ponerse 5-4. Incluso sacó el puño en una ocasión. En su asiento, mientras descansaba antes de volver a la pista, la grada le ovacionó. Djokovic se levantó llorando de la silla para morir con dignidad de campeón, cuyo último momento de felicidad en la temporada, quién iba a decirlo, fue aquella final de Wimbledon contra Berrettini. También lloró en la entrega de premios: “Nunca me había sentido así en Nueva York, me habéis hecho felices, os quiero, nos vemos pronto”.

Medvedev había sido el jugador más regular del campeonato –sólo ha perdido un ‘set’– y completa una hazaña muy merecida el día en que toda Serbia preparaba una fiesta nacional. “Novak suele crecerse cuanto mayor es el desafío, así que puede ser un arma de doble filo. Yo solo puedo asegurar que lo daré todo”, había dicho el ruso en la previa de la final. Nadie esperaba semejante excepción de Djokovic el día más importante de la temporada, después de haber enseñado el camino a sus compañeros durante todo ella.

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